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7/10/13

La importancia de marcar el voto con “AC”

Con políticos reacios a compartir el poder con la ciudadanía y medios de comunicación renuentes a debatir sobre política, la única expresión popular, concreta y fidedigna por cambios de verdad es el voto marcado con “AC” (Asamblea Constituyente).


Una nueva Constitución puede surgir después de una revuelta popular, como en la Revolución Francesa; de un movimiento político-social reivindicacionista, como en algunos países sudamericanos en las últimas décadas; o simplemente de la convicción nacional que es necesario poner término a una herencia dictatorial y restrictiva, como es el caso de Chile.

La candidata presidencial con mayores posibilidades de triunfo, la ex Presidenta Michelle Bachelet, ha reiterado que su principal propuesta es una nueva Constitución, pero ha precisado a la vez que seguirá la vía “institucional”, esto es, el propio legado autoritario, lo que demuestra sus aprensiones respecto de la participación popular.

Otros aspirantes, como Marco Enríquez-Ominami y Marcel Claude, plantean también una nueva Carta Fundamental, aunque, a pesar de proponer como mecanismo una Asamblea Constituyente, no se han dedicado a explicar en qué consiste este procedimiento todavía poco conocido para la ciudadanía.

Para la candidata oficialista, Evelyn Matthei, todo esto simplemente no es tema.

En el lado político se no ve, por tanto, la voluntad o la convicción de devolver a los ciudadanos la participación autónoma y protagónica que les asigna una verdadera democracia.

Protestar y/o votar

En el lado social tampoco se observa gran claridad. La Conferación de Estudiantes de Chile (Confech), que ha mostrado gran poder de convocatoria en los últimos dos años, ha vuelto a llamar a una marcha callejera para exigir educación pública gratuita y de calidad. Ha manifestado, además, adhesión a las exigencias laborales y previsionales de los trabajadores. Sin embargo, no ha reclamado un objetivo mayor aún, de carácter nacional, como es una Asamblea Constituyente. Si bien no corresponde exigirle que se identifique con un candidato determinado aunque éste coincida con sus planteamientos, su actuación ha sugerido que es capaz de bastante más que presionar una y otra vez a los políticos de siempre, elegidos, reelegidos y vueltos a reelegir. ¿Qué ocurriría si, además de marchar, todos esos jóvenes fueran a las urnas el 17 de noviembre y votaran por un candidato ajeno al binominalismo?

Como ésa, otras organizaciones sociales han protestado masivamente, aunque cada una por su respectivo sector: ambientalistas, pobladores de regiones, gremios, trabajadores. Los encuentros que han intentado aunar fuerzas, como la Mesa Social, Democracia para Chile y los movimientos por la Asamblea Constituyente y por el plebiscito, entre otros, no han conseguido la presencia en la opinión pública que el tema merece. Pese a su acceso popular limitado y una influencia directa en las políticas públicas aún relativa, las llamadas redes sociales de Internet reciben quizá la responsabilidad principal.

Así, con una “clase” política renuente a compartir el poder con sus gobernados y medios de comunicación mezquinos al informar sobre política, la única expresión fidedigna y aclaratoria sobre el pensar y el sentir ciudadanos por los cambios de verdad es, ante las próximas elecciones presidenciales, el voto. Pero no sólo votar por un candidato, lo que ya ha probado ser insuficiente o inútil, sino agregar una consigna, en este caso, las iniciales “AC” (Asamblea Constituyente). Una acción concreta y elocuente, un mensaje directo a los políticos y que, mejor aún, se enmarca estrictamente en la legislación vigente, pues el sufragio sigue siendo válido.

Votar por un candidato y marcar el voto añadiéndole “AC” es, hasta ahora, la única manera de decir en la cara a nuestros gobernantes que nosotros, los que delegamos el poder, queremos ejercer nuestro derecho democrático a autodeterminarnos y elegir una Asamblea Constituyente, que construya mejores reglas fundamentales que las impuestas en dictadura y que todavía sobreviven.

Ciertamente, a no todos seduce la idea de embarcarse en un proceso de esta naturaleza y he aquí el gran reto: demostrar que quienes creemos que la vida en sociedad es más que éxito económico individual somos mayoría. Nada más que las urnas pueden ratificarlo.

Julio Frank S.