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2/11/16

Un liderazgo mundial que nadie quiere

La sociedad chilena, particularmente individualista, exclusiva y farandulizada, es ya líder en depresión, advierten expertos. Sus constructores, políticos muy cómodos con una institucionalidad todavía autoritaria, se limitan a responder: “Voten nulo”.


El domingo 23 de octubre, sólo uno de cada tres chilenos acudió a las urnas y decidió que la oposición de derecha triunfara en los comicios de alcaldes, los de mayor proyección para las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2017. La oficialista “Nueva Mayoría”, alarmada, no sólo reconoció su derrota y la alta abstención electoral, sino que exigió al gobierno una definición clara sobre el itinerario de la Presidenta para el último tramo de su mandato. Es más, su socio “díscolo”, la Democracia Cristiana, condicionó a esto último su participación en el comité político gubernamental.

Por enésima vez, además, se volvió  a escuchar pontificales voces llamando a un cambio de ministros, a una priorización legislativa, a acuerdos “nacionales” (cupulares); nada que significara asomarse siquiera un poco más allá del círculo limítrofe de la llamada “clase” política, para acceder a los reclamos manifestados por diversos sectores ciudadanos a través de marchas y protestas callejeras y, ahora, con la negación masiva de su voto.

Las reformas propuestas por Bachelet son una gran muestra. Si bien la tributaria aprobada no ha sido suficiente, la gratuidad en la educación superior enfrenta muchos tropiezos y la laboral sucumbió en su esencia, el fondo es que la derecha no está dispuesta a un aumento de impuestos a las empresas hasta el nivel de los países desarrollados o en desarrollo; a que ningún alumno universitario tenga el compromiso de pagar sus estudios y a que la sindicalización sea obligatoria y los trabajadores puedan negociar por rama productiva. Y la centroizquierda, en el gobierno, tampoco está convencida de todo eso.

Ante tal cerrazón, las posibilidades de una nueva Constitución son mínimas: mientras proyectos sobre asamblea constituyente y plebiscito nacional duermen en el Parlamento, Bachelet tercia con su proceso de consulta popular no vinculante.

El gran “secreto”

No es casualidad que en este país no haya insurgencia; tampoco terrorismo o narcotráfico desatados ni experimentos económicos estatistas o “populistas”. En general, la población refleja indiferencia por las ideologías y rechazo a la participación político-partidista, y en economía se comporta como una consumidora fiel al mercado. Y si interviene en política es para reclamar por intereses concretos o sectoriales –de ahí que no haya prendido una reivindicación nacional como una Asamblea Constituyente-, aunque parte de ella, al menos, exige una mínima coherencia y honestidad a quienes elige.

Los políticos post dictadura, que han disfrutado de más de 20 años de paz política y tranquilidad macroeconómica, pudieron haber puesto a sus conciudadanos en un estándar de bienestar y participación cívica mucho más cercano al de cualquier país de desarrollo relativamente estable. A cambio de eso, una de sus estrategias prioritarias fue desmovilizar a los grupos sociales potencialmente opositores al gobierno civil, reorientarlos y centrarlos en lo individual, lo familiar y lo económico, desmotivándolos políticamente y estimulándolos como consumidores compulsivos. Sus eternas declaraciones de buenas intenciones, proclamas solapadamente patrióticas y altruistas, y leyes sobre derechos humanos puntuales y específicos no consiguieron ocultar la burbuja sustentada por la Constitución de Pinochet y los compromisos económicos transnacionales, ni su gran principio rector: la ciudadanía no tiene poder de decisión autónomo.

Uno de los productos de tal enclaustramiento es la “nueva” moralidad política expresada transversalmente tras conocerse sucesivos casos de financiamiento ilegal de las campañas. Ella dice que sólo un tribunal de justicia está capacitado para pronunciarse sobre la probidad de un político elegido y que a la ciudadanía sólo cabe decidir en una próxima elección, pues no tiene derecho a más.

Enfermedad social

El 17,2 por ciento de los chilenos padece depresión, según la Escuesta Nacional de Salud (2015). Esa cifra supera el promedio mundial y afecta las actividades sociales, laborales y educacionales, transformándose en una de las principales causas de incapacidad laboral y provocando un aumento en las licencias médicas, señala un informe publicado por el diario electrónico El Mostrador. Santiago, además, encabeza la lista de capitales con mayor frecuencia de depresión en el mundo, indica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Mariane Krause, profesora de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica y directora del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (Midap), afirma que el modelo económico y social vigente en el país favorece esta enfermedad. “Ha habido un tránsito de lo que se llama una sociedad de características más colectivistas a una sociedad más individualista”, sostuvo.

Los episodios depresivos, en efecto, fueron el diagnóstico más frecuente en las licencias médicas otorgadas a afiliados de las instituciones privadas de salud previsional (isapres) en 2015. Un estudio de la Superintendencia de Salud reveló que el 9,3 por ciento del total de subsidios de incapacidad laboral curativos tramitados en ese período correspondió a dicha patología.

También, naturalmente, puede haber otros factores, pero la sicóloga de la Universidad Central, Carolina Pezoa, consultada por el diario La Tercera, advirtió que en la sociedad chilena “se está generando un grado de frustración muy elevado, que tiene que ver, por ejemplo, con los medios (de comunicación), la realidad social o la política, que están dando a conocer desigualdades sociales y eso decanta en trastornos mentales”.

Caso omiso

La revista Punto Final publicó, el 2 de septiembre pasado, un descriptivo y apocalíptico reportaje de Sofía Cáceres sobre crímenes y otras conductas antisociales, bajo un espeluznante título inserto en la primera página: “¿Estamos enloqueciendo los chilenos?”. Pese a ello, no consiguió motivar a una opinión pública bombardeada día a día por la temática economicista y farandulesca de medios duopólicos y transnacionales. Tampoco ayudó el origen izquierdista de la publicación, cerrada tras el golpe de estado de 1973. Entre otros datos, se recuerda que Chile casi duplica a Estados Unidos en tasas de depresión y que la de suicidios supera el promedio de los países de la OCDE, constituyendo, agrega la revista, la segunda causa de muerte entre personas de entre 20 y 40 años.

Para el académico y doctor en Etica y Democracia, Alvaro Ramis, entrevistado en el reportaje, la situación es “preocupante” y la atribuye a múltiples causas, aunque subraya las condiciones impuestas por la precariedad del sistema laboral, la ausencia de protección social, la competitividad exacerbada, la falta de espacios de contención y redes sociales de apoyo basadas en lazos de confianza.

La Organización Mundial de la Salud aporta otra alarma estadística: Chile es el país latinoamericano con mayor consumo de alcohol per cápita (2014), con 13,9 litros anuales, en el caso de los hombres.

“Recomendación”

Desde la “alta” política, la sociedad se observa de otra manera. Se ha iniciado una nueva campaña tras el poder, pese a restar más de un año a la actual administración, con dos ex Presidentes como principales precandidatos, proclamados en la práctica por los partidos más fuertes. Piñera no se ha molestado en esbozar siquiera algunas soluciones y no dudaría en retrotraer al país a su postulación de 2009, cuando no existían las multitudinarias protestas ciudadanas por una educación de calidad y una previsión justa, entre muchas otras. Y Lagos, como aquél, tampoco se muestra coartado por el corrupto sistema de financiamiento de candidatos, legisladores y partidos políticos, de gobierno y de oposición, proveniente de consorcios privados e investigado por la justicia.

Nada menos que el ministro vocero del gobierno y los presidentes en ejercicio del Senado y la Cámara de Diputados se encargaron de poner “paños fríos” a todo lo descrito días antes de las pasadas elecciones, cuando, inspirados seguramente por el “realismo sin renuncia” proclamado por la Presidenta, recomendaron:

Si no te gusta ninguno (de los candidatos), vota nulo, pero vota”.

Todos saben que el voto nulo se cuenta, pero, como su nombre indica, vale cero.

Julio Frank S.

Imagen: La Tercera, 28-9-2016, diario.latercera.com