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3/4/17

Cansados de Chile


“Mi país cansa, especialmente a personas como yo, acostumbradas a decir lo que piensan. Es un país frustrado y peleador”, escribió una periodista que regresa a Chile después de dos años. No sólo políticos inescrupulosos y empresarios rapaces son responsables; el chileno de a pie también aporta. 

Para mostrar lo “autocrítico” que puede ser también su discurso, los políticos dirigentes, sobre todo cuando están en campaña, recurren majaderamente a lugares comunes tales como “abusos” del empresariado, “desencanto” popular de la política, “confianzas” perdidas y necesidad de “reencantamiento” de la ciudadanía. Evitan así reflejar lo que realmente perciben, pues eso les basta ante electores tan evasivos como ellos. En la otra cara, sin embargo, hay mensajes que, aparentemente apocalípticos, apuntan a los verdaderos obstáculos y tropiezos que se oponen a una mejor calidad de vida para los chilenos y dan un paso imprescindible hacia un correcto diagnóstico. 

“Cansada” de los actuales vicios, malas prácticas y limitaciones arraigadas en este largo territorio, desde gobernantes y magnates hasta el anónimo transeúnte, una periodista chilena, Pepa Valenzuela, publicó un extenso artículo en el diario electrónico El Mostrador, titulado “Me cansé de Chile”. En él vierte ácidas críticas sobre el comportamiento social en el Chile del siglo XXI y reconoce que retorna al país con inevitable inquietud, después de dos años de estudios en una nación desarrollada. 

Se queja particularmente del frecuente trato vejatorio contra la mujer –del cual refiere algunas vivencias personales-, pero también de la displicencia y amoralidad reinante en los políticos, la banalidad liderada por la televisión, los prejuicios socioeconómicos y artimañas laborales extendidos sin distinción de estrato, la depredación empresarial legalizada, la violencia tanto callejera como cibernética, la permisividad de los padres en la educación de sus hijos y el clima confrontacional entre sus compatriotas. 

En otras palabras, demasiada avidez y no precisamente intelectual. 

“Lo que asusta de Chile es la pérdida de sentido común, la poca capacidad argumentativa. Mucha gente no sabe pensar o sostener un argumento. O pedir algo sin gritar”, advierte. 

No dice nada nuevo, pero sí ocultado, disimulado o disfrazado incluso hacia nosotros mismos con la aparente imagen de ciudadanos pacíficos, democráticos y emprendedores que nos han asignado en el extranjero. Al menos, lo dice en público, aunque sin la potencia necesaria en medio de la altisonante verborrea diaria de políticos en campaña electoral, grandes empresarios defendiendo sus poco transparentes negocios y asesores defendiendo a poderosos clientes.

Corrupción política 

Valenzuela declara estar cansada de gobernantes “ridículos” y de “mala memoria”, de personajes sin moral, preparación ni vergüenza respecto de sus abusos e ilícitos; del enriquecimiento de pocos a costa de la explotación de la mayoría, de “años de robo” en la previsión privada y de jubilaciones indignas y pensiones de pobreza; de la ambición desmedida por el poder y el dinero. 

No necesita mencionar directamente, por ejemplo, los casos judiciales Penta, Soquimich, Corpesca y Caval, entre otros; tampoco las colusiones farmacéutica, avícola y papelera, entre otras, contra las cuales las blandas leyes al respecto poco pueden hacer.

Su Majestad 

La periodista no sólo desemboza la punta de la pirámide, sino también más abajo, admitiendo estar cansada del llamado “pituto”, de personas incompetentes “o de frentón tontas” en cargos de poder y prosperidad gracias a un familiar o un amigo, en desmedro de las realmente capaces y trabajadoras; de la falaz meritocracia educacional y su promesa de un título profesional prodigioso. 

También expresa reparos sobre un problema del que tampoco se ocupan los discursos políticos: los padres permisivos y consentidores con sus hijos a todo evento y criadores de “pequeños dictadores del futuro”, como Valenzuela les llama. (La sicóloga Pilar Sordo escribió, a propósito, sobre la generación “merengue”, que se derrite ante el primer escollo). 

Maldita pantalla 

La periodista declara estar agotada, asimismo, de que la televisión, especialmente sus espacios matinales, “adormezcan” a la población con una programación “inservible” y durante cinco horas al día, y de que los malls estén llenos como fiel retrato de la lucha de tantas familias por su meta final: el consumo. (La farándula fue convertida en una fuente fundamental de entretención para los canales de televisión abierta y de información para los medios escritos tradicionales; dos de los cuatro diarios chilenos de circulación nacional dependen de ella. En 2009, además, mientras los mitines político-electorales no alcanzaban las tres mil personas, una liquidación nocturna de una multitienda superó las… 50 mil). 

Chilenos versus chilenos 

La articulista no sólo se alarma por el vandalismo durante las protestas callejeras; llama la atención también sobre la agresividad en las redes sociales y plataformas virtuales de medios tradicionales -cita a Emol (El Mercurio On Line)-, donde se observa una confrontación permanente y de grueso calibre entre chilenos de distintas actividades, ideologías y pareceres. (El progresista periódico electrónico El Mostrador suprimió los comentarios de visitantes). 

Decepción… y amor 

Pepa Valenzuela explica finalmente que ama a su país y por eso no desea “hacerse la tonta” y verlo “hundirse en sus miserias”. 

Pero mientras nuestros conductores políticos usufructúen de tales miserias, considerándolas un mal menor comparadas con las de países convulsionados, seguirán proporcionándonos generosamente motivos de cansancio…

Julio Frank S.

Imagen: elmostrador.cl