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26/4/17

Enmudecidos (aún) ante el chileno más poderoso

Murió el magnate que, sin recibir votos ni empuñar personalmente armas, consiguió que la sociedad chilena fuera encauzada según sus particulares intereses y lo aceptara sin chistar: Agustín Edwards Eastman.

Una mudez intranquila reinaba en este alargado territorio austral, atravesando políticos de diverso estatus, empresarios concentrados o independientes, medios de comunicación convencionales y, por consecuencia, al transeúnte anónimo. Agustín Edwards Eastman, el magnate de las comunicaciones más influyente en el curso de la política y la sociedad chilenas del último medio siglo, ya no podía estar en pie a sus 89 años de edad y se encontraba en estado de coma inducido. Contrariamente a lo que ocurre con los grandes personajes, esta vez la noticia no se “viralizó” hacia a los medios tradicionales, donde no hubo siquiera alusiones, y cuando falleció –el pasado lunes 24-, sólo las insustituibles redes sociales subieron el tono. Emol.com, el hijo cibernético de El Mercurio, publicó la noticia sólo al día siguiente y deshabilitó los (habitualmente ácidos y agresivos) comentarios para los visitantes.

No se trata de un chileno cualquiera. Cuando Pinochet y sus fuerzas golpistas bombardeaban la sede de gobierno el 11 de septiembre de 1973 y anticipaban una dictadura de ferocidad desconocida en Chile, tres años antes Edwards Eastman había ido a Estados Unidos a alertar sobre el peligro de un régimen marxista en el cono sur americano. Mientras el periodismo “de trinchera”, agresivo y confrontacional, desaparecía arrasado por las balas, El Mercurio, su gran empresa periodística, era liberado de una amenaza y comenzaba a saborear el negocio aparentemente fácil de un monopolio impuesto y seguro. Y cuando, en los años finales de la dictadura, se creía que el decano de la prensa nacional, fruto de una inminente quiebra, caería en manos del Estado justamente cuando éste iba a ser administrado por los vencedores de Pinochet en el plebiscito, el propio dictador le tendió una mano no sólo para salvarlo, sino también para asegurar su prosperidad futura.

Siempre un paso delante de los demás; siempre con una carta favorable lista para ser jugada oportunistamente.

Sus políticos

La figura y la empresa de Edwards Eastman han sido reflejos tanto de los hechos que partieron en dos la historia nacional -el golpe de estado y la dictadura- como de la herencia emanada de éstos. El gobierno de la Unidad Popular enfrentó dos oposiciones: una abierta y frontal, la partidista con apoyo social, y otra encubierta, las estrategias y maquinaciones desestabilizadoras, tanto internas como foráneas, a las cuales El Mercurio contribuyó, según el informe del propio Senado estadounidense. Después, el nacionalismo con que parecieron vestirse los jefes militares terminó por sucumbir ante las presiones de sus asesores neoliberales por una economía abierta y basada en el capital privado y extranjero. Y desde 1990, los gobernantes civiles, que insistieron en el viejo sistema de democracia representativa, han acatado los cerrojos constitucionales dejados por Pinochet, destinados principalmente a impedir que una mayoría electoral pueda derogar las bases autoritarias impuestas, entre ellas, la privatización de los recursos estatales.

Los responsables de la conducción de este país y los aspirantes a serlo, cualquiera fuere su color partidario, leen con circunspección los periódicos mercuriales, reaccionan con alarma cuando sus informaciones y editoriales complican su carrera política y corren a retratarse en sus anchas páginas cuando son invitados a opinar sobre una materia que al anfitrión interesa promover (incluso sobre temas livianos, como cuáles son sus mascotas favoritas). Andrés Allamand, actual senador (de derecha), está en condiciones de señalar el autoexilio como una consecuencia política de indisponer al magnate; los periodistas autores de investigaciones sobre él, por su parte, no necesitan hablar sobre los costos profesionales de ello.

Los propios Presidentes concertacionistas, tan acérrimos opositores a Pinochet como se mostraron, ni Piñera, quien, según propia declaración, rechazó la posible continuidad del dictador en 1988, han eludido mencionar –y más aún, enjuiciar- la prolongada y decisiva influencia política y comunicacional de Edwards Eastman y El Mercurio en el derrocamiento de Allende, la dictadura cívico-militar y la postdictadura.

A cambio de un silencio de esa magnitud, la llamada “clase” política chilena goza hoy de los beneficios legales de un Estado que, debilitado y todo, es obligado, por ejemplo, a financiar las campañas de todo tipo de candidatos, así como de los favores, legales o no, de un conjunto de consorcios empresariales beneficiarios de sus leyes y decretos.

Su prensa

Durante 27 años de democracia “protegida”, la empresa El Mercurio ha enfrentado un solo competidor, Copesa, y sólo en el terreno económico, ya que la única diferencia ideológica observable entre ellos es que uno es menos liberal que el otro. Su influjo corporativo sobre los gobiernos de la ex Concertación fue suficiente para que éstos concentraran en ambos los fondos estatales en avisaje y evitaran cualquier “tentación” de promover medios nuevos o emergentes (el diario estatal La Nación, además, fue cerrado por el gobierno de Piñera). El Mercurio y Copesa conforman el llamado “duopolio de la prensa escrita”, que concentra a los únicos diarios chilenos de circulación nacional.

En la prensa en general, dicho duopolio dicta la pauta informativa diaria a través de sus artículos, crónicas, reportajes y editoriales, mientras muchos periodistas sirven a empresas privadas e instituciones públicas como asesores de prensa o consultores en comunicación, la especialidad periodística favorecida por el sistema. El reporteo de noticias libre e independiente -en el cual no tardan en aparecer grietas de la política partidista y el juego económico- queda relegado a una precariedad notable, poco trascendente y limitada a escasas radioemisoras y periódicos virtuales. Los periodistas que se “arriesgan” públicamente con su opinión personal son excepciones, aislados por una línea aparentemente “objetiva” del resto que, en la práctica, no es más que acatamiento irrestricto del marco político-económico mercadista imperante.

Un ejemplo palmario es el de los periodistas conductores de noticias radiales: presionados por las urgencias de los avisadores, deben transformarse paralelamente en locutores comerciales dentro de sus programas sin tener que dar explicación alguna al respecto. Dicha práctica carga con una antigua prohibición ética del Colegio de Periodistas, el que, sin embargo, no puede hacer mucho ante quienes no pertenecen a sus registros. Ni siquiera cuando expulsó a Agustín Edwards Eastman, hace dos años, luego de un sumario sobre el comportamiento ético de éste durante la pasada dictadura, su sanción alcanzó eco en la dirigencia política y la prensa “libre”.

En tanto, los encargados de entregar la formación académica y orientar los afanes profesionales, las universidades, tampoco pueden contrarrestar la realidad instalada, pues son empresas privadas o instituciones autónomas y cumplen con proporcionar una base teórica cuyo ejercicio dependerá del mercado.

Su país

Dada la manifestación de un poder tan unilateral y supremo, ¿qué podría esperarse de simples ciudadanos, puntualmente cuando hoy ven, algunos atónitos, otros amedrentados, cómo preparados ejecutivos financieros, políticos de alto rango, legisladores avezados, empresarios de tradición y hasta uniformados de prestigio se apropian indebidamente de millonarios dineros ajenos, públicos y privados, mientras los votantes son llamados, una y otra vez, a elegir a sus máximas autoridades como si nada de eso fuera importante?

Poco se puede exigir a millones de personas sin alternativa, que son atraídas por las facilidades de acceso al progreso material ofrecidas por este sistema, aun vía sobreendeudamiento. Chile se ha convertido en una patria marcadamente materialista e individualista, donde lo fundamental es la economía privada, no la política pública ni la vida en sociedad. De ahí tantos productores y consumidores de cualquier cosa, tanta dedicación exclusiva a sus propios asuntos y tan pocos interesados en lo que hay más allá del hogar y del trabajo.

No es extraño que el nombre de este país resuene masivamente sólo cuando juega su exitosa selección de fútbol…

Menos a él

Paradigma empresarial polémico, pero paradigma al fin, Agustín Edwards Eastman terminó disfrutando de un país de economía libre y abierta al mundo por la que él luchó personalmente. El país de los grandes consorcios multinacionales y monopolizadores que se nutren del consumismo popular; el de un “arte” de gobernar aferrado a la propiedad privada; el de la política sólo para los políticos y del derecho preferente del ciudadano a elegir y consumir, no a participar ni a cultivarse.

Uno de los jerarcas socialistas sobrevivientes a la dictadura, Carlos Altamirano, sugirió hace algunos años que en este país se puede denostar y vociferar libremente contra Augusto Pinochet, pero contra él…

Julio Frank S.

Imagen: Titular del diario La Segunda, de la Empresa El Mercurio, 9-2-1977.

3/4/17

Cansados de Chile


“Mi país cansa, especialmente a personas como yo, acostumbradas a decir lo que piensan. Es un país frustrado y peleador”, escribió una periodista que regresa a Chile después de dos años. No sólo políticos inescrupulosos y empresarios rapaces son responsables; el chileno de a pie también aporta. 

Para mostrar lo “autocrítico” que puede ser también su discurso, los políticos dirigentes, sobre todo cuando están en campaña, recurren majaderamente a lugares comunes tales como “abusos” del empresariado, “desencanto” popular de la política, “confianzas” perdidas y necesidad de “reencantamiento” de la ciudadanía. Evitan así reflejar lo que realmente perciben, pues eso les basta ante electores tan evasivos como ellos. En la otra cara, sin embargo, hay mensajes que, aparentemente apocalípticos, apuntan a los verdaderos obstáculos y tropiezos que se oponen a una mejor calidad de vida para los chilenos y dan un paso imprescindible hacia un correcto diagnóstico. 

“Cansada” de los actuales vicios, malas prácticas y limitaciones arraigadas en este largo territorio, desde gobernantes y magnates hasta el anónimo transeúnte, una periodista chilena, Pepa Valenzuela, publicó un extenso artículo en el diario electrónico El Mostrador, titulado “Me cansé de Chile”. En él vierte ácidas críticas sobre el comportamiento social en el Chile del siglo XXI y reconoce que retorna al país con inevitable inquietud, después de dos años de estudios en una nación desarrollada. 

Se queja particularmente del frecuente trato vejatorio contra la mujer –del cual refiere algunas vivencias personales-, pero también de la displicencia y amoralidad reinante en los políticos, la banalidad liderada por la televisión, los prejuicios socioeconómicos y artimañas laborales extendidos sin distinción de estrato, la depredación empresarial legalizada, la violencia tanto callejera como cibernética, la permisividad de los padres en la educación de sus hijos y el clima confrontacional entre sus compatriotas. 

En otras palabras, demasiada avidez y no precisamente intelectual. 

“Lo que asusta de Chile es la pérdida de sentido común, la poca capacidad argumentativa. Mucha gente no sabe pensar o sostener un argumento. O pedir algo sin gritar”, advierte. 

No dice nada nuevo, pero sí ocultado, disimulado o disfrazado incluso hacia nosotros mismos con la aparente imagen de ciudadanos pacíficos, democráticos y emprendedores que nos han asignado en el extranjero. Al menos, lo dice en público, aunque sin la potencia necesaria en medio de la altisonante verborrea diaria de políticos en campaña electoral, grandes empresarios defendiendo sus poco transparentes negocios y asesores defendiendo a poderosos clientes.

Corrupción política 

Valenzuela declara estar cansada de gobernantes “ridículos” y de “mala memoria”, de personajes sin moral, preparación ni vergüenza respecto de sus abusos e ilícitos; del enriquecimiento de pocos a costa de la explotación de la mayoría, de “años de robo” en la previsión privada y de jubilaciones indignas y pensiones de pobreza; de la ambición desmedida por el poder y el dinero. 

No necesita mencionar directamente, por ejemplo, los casos judiciales Penta, Soquimich, Corpesca y Caval, entre otros; tampoco las colusiones farmacéutica, avícola y papelera, entre otras, contra las cuales las blandas leyes al respecto poco pueden hacer.

Su Majestad 

La periodista no sólo desemboza la punta de la pirámide, sino también más abajo, admitiendo estar cansada del llamado “pituto”, de personas incompetentes “o de frentón tontas” en cargos de poder y prosperidad gracias a un familiar o un amigo, en desmedro de las realmente capaces y trabajadoras; de la falaz meritocracia educacional y su promesa de un título profesional prodigioso. 

También expresa reparos sobre un problema del que tampoco se ocupan los discursos políticos: los padres permisivos y consentidores con sus hijos a todo evento y criadores de “pequeños dictadores del futuro”, como Valenzuela les llama. (La sicóloga Pilar Sordo escribió, a propósito, sobre la generación “merengue”, que se derrite ante el primer escollo). 

Maldita pantalla 

La periodista declara estar agotada, asimismo, de que la televisión, especialmente sus espacios matinales, “adormezcan” a la población con una programación “inservible” y durante cinco horas al día, y de que los malls estén llenos como fiel retrato de la lucha de tantas familias por su meta final: el consumo. (La farándula fue convertida en una fuente fundamental de entretención para los canales de televisión abierta y de información para los medios escritos tradicionales; dos de los cuatro diarios chilenos de circulación nacional dependen de ella. En 2009, además, mientras los mitines político-electorales no alcanzaban las tres mil personas, una liquidación nocturna de una multitienda superó las… 50 mil). 

Chilenos versus chilenos 

La articulista no sólo se alarma por el vandalismo durante las protestas callejeras; llama la atención también sobre la agresividad en las redes sociales y plataformas virtuales de medios tradicionales -cita a Emol (El Mercurio On Line)-, donde se observa una confrontación permanente y de grueso calibre entre chilenos de distintas actividades, ideologías y pareceres. (El progresista periódico electrónico El Mostrador suprimió los comentarios de visitantes). 

Decepción… y amor 

Pepa Valenzuela explica finalmente que ama a su país y por eso no desea “hacerse la tonta” y verlo “hundirse en sus miserias”. 

Pero mientras nuestros conductores políticos usufructúen de tales miserias, considerándolas un mal menor comparadas con las de países convulsionados, seguirán proporcionándonos generosamente motivos de cansancio…

Julio Frank S.

Imagen: elmostrador.cl

26/2/17

Fantasista, pero no iluso

Me parece que hace rato que deberíamos tener otra Constitución. Porque está claro que Chile está en manos de los empresarios”.

David Pizarro, futbolista.

Fuente: The Clinic N° 659, 11-8-2016.

22/1/17

Bachelet hará bien con irse

La dos veces Presidenta de Chile y fenómeno electoral chocó contra una oposición “perfecta”: aliados divididos por sus reformas, institucionalidad contraria a los cambios profundos y todavía pinochetista, “clase” política desprestigiada y perseguida judicialmente -aunque no por eso deprimida-, un escándalo que le compromete familiarmente, electores volubles al primer tropiezo al menos en las encuestas, un proceso llamado constituyente y renuencia propia a asumir el costo personal de su propuesta.

Obviamente, está absoluta y totalmente descartado continuar en la política chilena, desde el punto de vista de cargos de representación. Ya es suficiente”, anunció semanas atrás la Presidenta Michelle Bachelet, quien hace sólo tres años se cansó de ganar elecciones y quería cambiar Chile. Si la causa es la invencible resistencia a sus reformas, el escándalo judicial de su nuera y la pérdida de apoyo en la opinión pública, probablemente la posibilidad de volver a su exitosa carrera internacional -un atractivo común a los políticos nacionales de alto rango- le devuelve el entusiasmo.

El pasado lunes 16, Bachelet recibió las llamadas “Bases ciudadanas para una nueva Constitución”, acto previo al envío de dos proyectos de ley, uno que contendrá el texto de una Carta Magna y otro que habilitará al Congreso para fijar el mecanismo de tramitación. Está consciente, sin embargo, de que este nuevo intento, el más trascendente de su programa de gobierno, podría tener peor suerte aún que los anteriores.

Ella misma partió descalificando en privado la capacidad de la ciudadanía chilena para asumir con conocimiento y determinación la complicada tarea de definir un texto constitucional, tanto en su contenido como en su forma. Ante eso, creó un procedimiento simplista, restrictivo y controlado por el gobierno. Promovió la idea del derecho popular constituyente pero no se jugó por ella; comentó públicamente su conveniencia, pero no impulsó su difusión y debate masivos, especialmente a través de los medios de comunicación. Aunque reconoció en su programa que definir el contenido de una nueva Constitución “corresponde al pueblo en su conjunto”, dejará la decisión previa más importante, el cómo será redactada, a criterio del Congreso -el actual y el próximo-, a sabiendas de que la oposición de derecha no está interesada en el tema y se marginó del proceso, y que dentro de su propia coalición, la “Nueva Mayoría”, no existe consenso al respecto.

Como sus partidarios y asesores lo saben sin decirlo, su “proceso constituyente” nunca fue tal, sino un mero plan gubernamental diseñado para obtener opiniones populares más o menos procesadas, que permitieran declarar pomposamente que “se escuchó a la ciudadanía” antes de encargarse de la redacción unilateral del texto, para luego delegar la responsabilidad en los parlamentarios.

Vergüenza

Bachelet ha eludido la democracia directa y la auténtica participación político-social, nacional, libre y autónoma, cuya principal herramienta es la Asamblea Constituyente. Ha tergiversado así sus propias ideas declaradas y fortalecido los prejuicios que asimilan a aquélla con naciones empobrecidas y sistemas políticos en conflicto y no con el mundo progresista y desarrollado.

Recordó –se supone que hablando seriamente- que en las anteriores Constituciones participaron unas cuantas personas y que en la suya lo han hecho 204 mil (en Chile hay 13 millones de electores). ¿Se lucirá contando eso en el exterior, excluyendo, claro está, a sus mirados en menos colegas no neoliberales que sí encabezaron procesos constituyentes?

Junto con el pobre concepto de los dirigentes políticos acerca de sus dirigidos, a quienes conceden sólo el derecho a elegir, no a decidir, lo más irritante y avergonzante en este caso es el hecho que decisiones tan trascendentes como una nueva Constitución queden en manos de una “clase” política denostada, cuyo principal predicamento ha sido privilegiar a una elite transnacional y cumplir con las potencias globalizadoras; que, conforme con esto, ha empujado a sus conciudadanos hacia el individualismo consumista para evitar que una eventual intervención colectiva organizada cambie las cosas y que, para colmo, tiene a la justicia sobre ella por financiamiento empresarial ilegal y sistemático. De todo ello, pese al giro de su segunda administración, la Presidenta no ha sido eximida.

La supervivencia y -en menos casos- la prosperidad económica, conseguidas dentro, al filo o fuera de la ley y la ética, siguen siendo la imagen más latente del Chile del siglo XXI.

¿Y los movimientos sociales?

¿Qué o quiénes podrían asegurar a un proyecto de nueva Carta Fundamental mejor destino que el de otros de no tanta envergadura, que han terminado abatidos o deformados por guardianes de la herencia del dictador o estrellándose contra la institución garante de ella, el Tribunal Constitucional?

Las mayores manifestaciones populares de los últimos años, las protestas por la educación y la previsión social, se concentraron en intereses sectoriales, como si ésos y otros problemas nacionales no dependieran de la todavía vigente Constitución promulgada por Pinochet en 1980. El Movimiento por la Asamblea Constituyente, que, carente de ese decisivo apoyo y con pocos recursos, logró poner este tema en la mesa de discusión pública, decayó tras el 8 por ciento conseguido por el marcado del voto en 2013 y quedó atónito en 2015 ante la “original” convocatoria constituyente presidencial. Tampoco se ha vuelto a saber de los diputados de la llamada “Bancada AC”. Sólo algunos bacheletistas hacen sentir su voz… más bien complacientemente.

Codazos preelectorales

Mientras tanto, los representantes oficiales del sentir ciudadano prefieren entregar sus energías a una carrera presidencial anticipada, personalista y sin ideas, a vista y paciencia de quienes parecen condenados a darles, por enésima vez, su voto legitimador y también de quienes se restan deliberadamente de tales discusiones, percibiendo que no son éstas lo que les genera prosperidad y patrimonio.

En todo este caos controlado, las opiniones generales de aquellos chilenos que participaron en los Encuentros Locales Autoconvocados (ELA) y los cabildos provinciales y regionales parecen un remanso de sentido, aunque estén muy lejos de pertenecer a un proceso efectivamente constituyente y aunque su autora sea una Presidenta ahora “dimisionaria” y mirando hacia el extranjero.

El año pasado se mencionó a Bachelet como una posible candidata a la secretaría general de las Naciones Unidas. Quizá eso resulte menos engorroso que representar hoy a este pequeño país.

Julio Frank S.

Foto: Michelle Bachelet, intervención oficial, 29-1-2016.

30/11/16

Conflictos de intereses presidenciales y periodísticos

¿Es lícito que un Presidente-empresario compre para sí una firma pesquera de un país con que mantiene un diferendo limítrofe marítimo e interesada potencialmente en la zona en litigio? Y a los encargados de perseguirlo informativamente, ¿es permisible hacer de voceros de quienes auspician sus programas periodísticos? La respuesta de los involucrados (y de sus adherentes y auditores) parece ser: Sí, se puede.

La Fiscalía de Alta Complejidad Oriente del Ministerio Público se hizo cargo de una querella sobre negociación incompatible y uso de información privilegiada en contra del ex Presidente y millonario empresario Sebastián Piñera. El libelo fue presentado por el diputado comunista Hugo Gutiérrez luego que investigaciones periodísticas revelaran que durante la pasada administración de Piñera (2010-2014), y en plena tramitación de un litigio sobre límites marítimos con Perú en la Corte Internacional de La Haya, la empresa matriz de éste adquiriera acciones de una firma pesquera peruana con potenciales, pero directos intereses en la zona en conflicto. La ley sobre fideicomiso ciego a la que el mandatario se sometió previamente no incluía sus inversiones en el extranjero.

El proceso jurídico significó finalmente una pérdida de territorio marítimo para Chile.

Invoca el querellante los artículos 240 del Código Penal, que sanciona al empleado público que se involucrare en operaciones personales relacionadas con el desempeño de su cargo, así como el artículo 247 bis de dicha norma y la Ley de Mercado de Valores, que castigan el uso de información secreta y privilegiada, respectivamente, en beneficio propio o de un tercero. Aunque el ex gobernante y posible postulante a un segundo período aseguró que desconocía dicho negocio, se quejó de “campaña sucia” y actitudes “miserables”, y reafirmó su dedicación y compromiso en defensa de “los superiores intereses de Chile y los chilenos”, lo concreto es que la compra y la oportunidad de la misma fueron confirmadas por diversas fuentes, los administradores del adquirente son su propia familia y una reciente encuesta señaló que el 59 por ciento de los consultados no le creía que desconociera el asunto y sólo el 48 por ciento coincidió con él en cuanto a la calidad de su defensa.

Si un Presidente está plenamente imbuido de las responsabilidades de su alto cargo y defiende cabalmente los intereses de su patria, como ha reiterado, y que, paralelamente, es ya multimillonario, ¿qué necesidad tenía de obtener acciones de una empresa peruana en medio de una controversia limítrofe con un país con el que, además, existe una rivalidad histórica y una guerra en el siglo XIX?

Junto con eso, hubo otro lamentable espectáculo en esta particularmente delicada materia. El jefe del equipo chileno en la actual demanda de Bolivia por salida soberana al mar, José Miguel Insulza (PS), uno de los que objetó la combinación política-negocios piñerista, renunció para presentarse como precandidato a Presidente en 2017, después de varios meses en que su ambición electoral trascendió mucho más que la misión superior que le fue encomendada.

Periodistas-publicistas

Con mucho menos o nada de ventilación pública, pese a que sus protagonistas, paradojalmente, no pueden ser ya más públicos aunque pertenezcan al sector privado, se arrastra una controversia que involucra a quienes, entre otras funciones, deben perseguir informativamente conflictos como el aludido. En los últimos diez años, se ha consolidado la práctica simultánea del periodismo y la publicidad, en la que un profesional que conduce un programa informativo en una radioemisora de frecuencia modulada se encarga, además de leer –y, algunas veces, también comentar- los anuncios comerciales de los auspiciadores de su espacio. El Código de Etica Profesional del Colegio de Periodistas de Chile prohíbe literalmente dicha práctica, entendiendo que esa doble y paralela función es una fuente de confusión y desinformación para la audiencia.

Apoyados en que la colegiatura gremial no es legalmente obligatoria, algunos “rostros” periodísticos de la televisión, cuyo conocimiento público y credibilidad televisiva –que no es necesariamente la misma que la periodística- sedujeron a los estrategas publicitarios, comenzaron a aparecer paralelamente como íconos de grandes tiendas comerciales, para beneplácito de las finanzas mediáticas y la conveniencia comercial. La radio FM, aparentemente menos expuesta que la televisión, y sus horarios peak matinales y vespertinos fueron los preferidos. El propio ex presidente del Colegio, ex conductor de radio y televisión, y actual precandidato presidencial, Alejandro Guillier, se incorporó entonces a la corriente.

Hoy, dicho papel se ha generalizado, especialmente en las numerosas emisoras pertenecientes a grupos económicos nacionales y transnacionales. Se exceptúan estaciones universitarias estatales y radio Biobío, una empresa familiar que se declara “verdaderamente independiente”, según su eslogan principal.

Si un periodista y conductor de noticias conoce perfectamente sus deberes profesionales, entre los que la independiencia es uno de los más importantes, ¿qué obligación siente de ser vocero de las firmas comerciales auspiciadoras del programa que conduce? El caso de los “rostros” televisivos es más patético, ya que, además, acatando directrices editoriales, contribuyen a censurar ciertas noticias que afectan a algún auspiciador, especialmente protestas laborales en las grandes empresas.

El Colegio de Periodistas actúa en esto sobre la base de denuncias ante su Tribunal de Etica, pero… ¿quién, por muy consistentes que fuesen sus argumentos, osaría acusar pública y formalmente a consagrados profesionales de la información, comprometiendo también a irrefutables medios de comunicación y prósperos consorcios comerciales? En 2006, la entidad emitió un dictamen ético reiterando tajantemente la prohibición respectiva, pero la versión actualizada de su Código de Etica Profesional (2015) es menos rotunda y se limita a mantener el deber de diferenciar el mensaje periodístico del publicitario (artículo decimonoveno).

¿Y la independencia?

Así como el querellante tendrá que probar judicialmente que Piñera no actuó como debía en defensa de los intereses de Chile ante la reclamación peruana, y aunque persista la duda sobre su supuesta ignorancia respecto de negocios propios vinculados con la soberanía nacional, un riguroso auditor tendría también que probar que un periodista incumple su deber profesional al involucrarse personalmente con quienes financian su programa, aunque vale aquí que se pregunte por qué es despojado de su derecho a la independencia de quien le informa.

Debería esperarse que la ciudadanía, o la opinión pública, evaluara y juzgara con estrictez el resultado de tal proceder, pero difícilmente tendrá parámetros adecuados mientras la ética, inserta en una política individualista y desprovista de ideas y en una economía mercantil, esté convertida en un concepto dúctil y maleable. Así, Piñera, de lograr su segundo mandato, podría seguirse enriqueciendo “sin saberlo” y muchos periodistas, dando cuenta de las crisis de determinadas empresas mientras destacan las maravillas de las que “hacen posible” su tarea.

Julio Frank S.

Foto: Sebastián Piñera, Gobierno de Chile, Wikimedia.org

2/11/16

Un liderazgo mundial que nadie quiere

La sociedad chilena, particularmente individualista, exclusiva y farandulizada, es ya líder en depresión, advierten expertos. Sus constructores, políticos muy cómodos con una institucionalidad todavía autoritaria, se limitan a responder: “Voten nulo”.


El domingo 23 de octubre, sólo uno de cada tres chilenos acudió a las urnas y decidió que la oposición de derecha triunfara en los comicios de alcaldes, los de mayor proyección para las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2017. La oficialista “Nueva Mayoría”, alarmada, no sólo reconoció su derrota y la alta abstención electoral, sino que exigió al gobierno una definición clara sobre el itinerario de la Presidenta para el último tramo de su mandato. Es más, su socio “díscolo”, la Democracia Cristiana, condicionó a esto último su participación en el comité político gubernamental.

Por enésima vez, además, se volvió  a escuchar pontificales voces llamando a un cambio de ministros, a una priorización legislativa, a acuerdos “nacionales” (cupulares); nada que significara asomarse siquiera un poco más allá del círculo limítrofe de la llamada “clase” política, para acceder a los reclamos manifestados por diversos sectores ciudadanos a través de marchas y protestas callejeras y, ahora, con la negación masiva de su voto.

Las reformas propuestas por Bachelet son una gran muestra. Si bien la tributaria aprobada no ha sido suficiente, la gratuidad en la educación superior enfrenta muchos tropiezos y la laboral sucumbió en su esencia, el fondo es que la derecha no está dispuesta a un aumento de impuestos a las empresas hasta el nivel de los países desarrollados o en desarrollo; a que ningún alumno universitario tenga el compromiso de pagar sus estudios y a que la sindicalización sea obligatoria y los trabajadores puedan negociar por rama productiva. Y la centroizquierda, en el gobierno, tampoco está convencida de todo eso.

Ante tal cerrazón, las posibilidades de una nueva Constitución son mínimas: mientras proyectos sobre asamblea constituyente y plebiscito nacional duermen en el Parlamento, Bachelet tercia con su proceso de consulta popular no vinculante.

El gran “secreto”

No es casualidad que en este país no haya insurgencia; tampoco terrorismo o narcotráfico desatados ni experimentos económicos estatistas o “populistas”. En general, la población refleja indiferencia por las ideologías y rechazo a la participación político-partidista, y en economía se comporta como una consumidora fiel al mercado. Y si interviene en política es para reclamar por intereses concretos o sectoriales –de ahí que no haya prendido una reivindicación nacional como una Asamblea Constituyente-, aunque parte de ella, al menos, exige una mínima coherencia y honestidad a quienes elige.

Los políticos post dictadura, que han disfrutado de más de 20 años de paz política y tranquilidad macroeconómica, pudieron haber puesto a sus conciudadanos en un estándar de bienestar y participación cívica mucho más cercano al de cualquier país de desarrollo relativamente estable. A cambio de eso, una de sus estrategias prioritarias fue desmovilizar a los grupos sociales potencialmente opositores al gobierno civil, reorientarlos y centrarlos en lo individual, lo familiar y lo económico, desmotivándolos políticamente y estimulándolos como consumidores compulsivos. Sus eternas declaraciones de buenas intenciones, proclamas solapadamente patrióticas y altruistas, y leyes sobre derechos humanos puntuales y específicos no consiguieron ocultar la burbuja sustentada por la Constitución de Pinochet y los compromisos económicos transnacionales, ni su gran principio rector: la ciudadanía no tiene poder de decisión autónomo.

Uno de los productos de tal enclaustramiento es la “nueva” moralidad política expresada transversalmente tras conocerse sucesivos casos de financiamiento ilegal de las campañas. Ella dice que sólo un tribunal de justicia está capacitado para pronunciarse sobre la probidad de un político elegido y que a la ciudadanía sólo cabe decidir en una próxima elección, pues no tiene derecho a más.

Enfermedad social

El 17,2 por ciento de los chilenos padece depresión, según la Escuesta Nacional de Salud (2015). Esa cifra supera el promedio mundial y afecta las actividades sociales, laborales y educacionales, transformándose en una de las principales causas de incapacidad laboral y provocando un aumento en las licencias médicas, señala un informe publicado por el diario electrónico El Mostrador. Santiago, además, encabeza la lista de capitales con mayor frecuencia de depresión en el mundo, indica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Mariane Krause, profesora de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica y directora del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (Midap), afirma que el modelo económico y social vigente en el país favorece esta enfermedad. “Ha habido un tránsito de lo que se llama una sociedad de características más colectivistas a una sociedad más individualista”, sostuvo.

Los episodios depresivos, en efecto, fueron el diagnóstico más frecuente en las licencias médicas otorgadas a afiliados de las instituciones privadas de salud previsional (isapres) en 2015. Un estudio de la Superintendencia de Salud reveló que el 9,3 por ciento del total de subsidios de incapacidad laboral curativos tramitados en ese período correspondió a dicha patología.

También, naturalmente, puede haber otros factores, pero la sicóloga de la Universidad Central, Carolina Pezoa, consultada por el diario La Tercera, advirtió que en la sociedad chilena “se está generando un grado de frustración muy elevado, que tiene que ver, por ejemplo, con los medios (de comunicación), la realidad social o la política, que están dando a conocer desigualdades sociales y eso decanta en trastornos mentales”.

Caso omiso

La revista Punto Final publicó, el 2 de septiembre pasado, un descriptivo y apocalíptico reportaje de Sofía Cáceres sobre crímenes y otras conductas antisociales, bajo un espeluznante título inserto en la primera página: “¿Estamos enloqueciendo los chilenos?”. Pese a ello, no consiguió motivar a una opinión pública bombardeada día a día por la temática economicista y farandulesca de medios duopólicos y transnacionales. Tampoco ayudó el origen izquierdista de la publicación, cerrada tras el golpe de estado de 1973. Entre otros datos, se recuerda que Chile casi duplica a Estados Unidos en tasas de depresión y que la de suicidios supera el promedio de los países de la OCDE, constituyendo, agrega la revista, la segunda causa de muerte entre personas de entre 20 y 40 años.

Para el académico y doctor en Etica y Democracia, Alvaro Ramis, entrevistado en el reportaje, la situación es “preocupante” y la atribuye a múltiples causas, aunque subraya las condiciones impuestas por la precariedad del sistema laboral, la ausencia de protección social, la competitividad exacerbada, la falta de espacios de contención y redes sociales de apoyo basadas en lazos de confianza.

La Organización Mundial de la Salud aporta otra alarma estadística: Chile es el país latinoamericano con mayor consumo de alcohol per cápita (2014), con 13,9 litros anuales, en el caso de los hombres.

“Recomendación”

Desde la “alta” política, la sociedad se observa de otra manera. Se ha iniciado una nueva campaña tras el poder, pese a restar más de un año a la actual administración, con dos ex Presidentes como principales precandidatos, proclamados en la práctica por los partidos más fuertes. Piñera no se ha molestado en esbozar siquiera algunas soluciones y no dudaría en retrotraer al país a su postulación de 2009, cuando no existían las multitudinarias protestas ciudadanas por una educación de calidad y una previsión justa, entre muchas otras. Y Lagos, como aquél, tampoco se muestra coartado por el corrupto sistema de financiamiento de candidatos, legisladores y partidos políticos, de gobierno y de oposición, proveniente de consorcios privados e investigado por la justicia.

Nada menos que el ministro vocero del gobierno y los presidentes en ejercicio del Senado y la Cámara de Diputados se encargaron de poner “paños fríos” a todo lo descrito días antes de las pasadas elecciones, cuando, inspirados seguramente por el “realismo sin renuncia” proclamado por la Presidenta, recomendaron:

Si no te gusta ninguno (de los candidatos), vota nulo, pero vota”.

Todos saben que el voto nulo se cuenta, pero, como su nombre indica, vale cero.

Julio Frank S.

Imagen: La Tercera, 28-9-2016, diario.latercera.com

21/10/16

Presidente de la Cámara de Diputados: “Si no te gusta niuno, pone nulo”


Un curioso, distendido y pretendidamente “amistoso” llamado a votar en las elecciones municipales de este domingo 23 hicieron el presidente del Senado, Ricardo Lagos Weber, y el presidente de la Cámara de Diputados, Osvaldo Andrade.

“Nos costó retanto ganar el derecho a voto, cómo lo vamos a perder ahora. Y si no te gusta niuno, pone nulo, o pone… ya se te va a ocurrir qué poner”, expresó Andrade, textualmente. “Lo importante es que vayas a votar”, acotó, a su vez, el presidente del Senado.

Ambos aseguraron que entienden las protestas ciudadanas, pero enfatizaron en la necesidad de sufragar.

Las autoridades y dirigentes politícos se muestran alarmados por la posible alta abstención electoral, sumidos en una crisis de credibilidad durante ya varios años, aunque particularmente después que comenzara a conocerse oscuros manejos para el financiamiento de sus campañas. Transversalmente, conspicuos representantes de la llamada “clase” política están siendo denunciados, investigados y formalizados -y ya condenados en un caso- por la emisión sistemática de boletas de honorarios a grandes empresas privadas por trabajos dudosos.

Algunos casos: Penta, Soquimich, Corpesca.

El gobierno de Bachelet –quien ganó tres elecciones en 2013- también ha caído en las encuestas, tanto así que se ha desatado una precampaña presidencial faltando aún casi un año y medio de mandato.

J.F.S.

Fuente: youtube.com

25/9/16

“Nos han dicho ‘los chilenos son giles’”

El dirigente del movimiento social “No más AFP”, Luis Mesina, admitió que “estamos siendo estúpidos al permitir que una casta dirigencial que está contaminada, descompuesta, que goza del más alto desprestigio en este país, siga gobernándonos de manera impune, aplicándonos las recetas más añejas que en ninguna parte del mundo se pueden aplicar sino solamente en dictadura, como se aplicaron en Chile, pero consolidadas en un sistema ‘democrático’ que ha perfeccionado este modelo”.

Así lo declaró al ser entrevistado en Radio Universidad de Chile por el periodista y director de dicha emisora, Juan Pablo Cárdenas, el viernes 23.

Al mismo tiempo, el sindicalista adelantó que durante la próxima manifestación popular callejera contra el sistema previsional privado, el 16 de octubre, anunciarán un plan de acción “al punto más extremo”.

Junto con precisar algunos fundamentos técnicos y demandas sociales, el dirigente sindical bancario recordó que diputados argentinos que contribuyeron a la eliminación de las AFJP en su país se preguntaron por qué los chilenos eran tan “giles” por entregar sus ahorros previsonales a empresarios privados durante ya 36 años para que, al final de su vida activa, tengan que acudir al Estado y sus recursos públicos por una pensión mínima.

Rechazó también la actuación de los grupos económicos y su usufructo de un modelo contrario a los derechos fundamentales. “Nos tienen presionados por todos lados: nos estafan en la farmacia, en los laboratorios, en las clínicas, en las universidades. O sea, no hay área de la sociedad donde uno no sienta que lo están estafando”, afirmó.

Reiteró que se busca avanzar hacia un sistema de seguridad social moderno, como el de la gran mayoría de los países de Europa y Norteamérica, además de Brasil, Japón y Argentina –añadió-; es decir, “un sistema que funciona sobre un principio muy sencillo: que las contribuciones de los trabajadores activos se destinan al pago de las pensiones de aquellos trabajadores que están pasivos”. 

“Vamos a anunciar el 16 de octubre una política para, finalmente, presionar al punto más extremo, y lo digo responsablemente, para que la ciudadanía sea la que, finalmente, recupere derechos esenciales”, anticipó Mesina.

Llamó a la ciudadanía a tener confianza en sí misma, porque este y el próximo año, aseguró, “no se van a poder seguir paseando impunemente quienes legislan en contra del pueblo, de la ciudadanía. No van a poder hacer el puerta a puerta pidiendo el voto, porque la gente lo ha dicho en las redes (sociales): ‘No me vengan a tocar la puerta estos sinvergüenzas, estos inmorales, estos corruptos’”.

J.F.S.

23/8/16

Demoledora encuesta sobre nuestra “clase” política

La reciente encuesta de opinión del Centro de Estudios Públicos (CEP) arrojó desastrosos resultados sobre el desempeño político, gubernamental y legislativo de los conductores de este país, así como de su comportamiento ético.

El Centro de Estudios Públicos es un tanque de pensamiento ligado a la derecha chilena, cuyo trabajo es particularmente creíble para la “clase” política en general y esperado con ansiedad incluso por sectores de la centroizquierda.

He aquí algunas conclusiones de su Estudio Nacional de Opinión Pública de julio-agosto de 2016:

-El 85 por ciento de los consultados opina que Chile se encuentra estancado o en decadencia.

-El 68 por ciento califica la situación política general del país como mala o muy mala y el 89 por ciento cree que no cambiará o empeorará.

-El 92 por ciento califica la situación económica del país como mala o regular y el 85 por ciento cree que seguirá igual o peor.

-Sólo el 15 por ciento aprueba el desempeño de la Presidenta Michelle Bachelet; el 8 por ciento, el de su coalición, la “Nueva Mayoría”, y el 10 por ciento, el de la alianza opositora de derecha “Chile Vamos”.

-En la escala ascendente de 1 a 7, el 85 por ciento asigna notas 4 e inferiores al desempeño en general de senadores y diputados; el 31 por ciento lo califica como “pésimo”.

-El 50 por ciento opina que “casi todos” los políticos están involucrados en actos de corrupción y el 30 por ciento, que “bastantes”.

-El 59 por ciento declara estar satisfecho con su vida individual, pero sólo el 17 por ciento cree que el resto de los chilenos lo está.

-El 70 y el 62 por ciento no sabe o no responde sobre quién cree que será o quién le gustaría que fuera, respectivamente, el próximo Presidente de Chile. Entre quienes respondieron, el 20 y el 14 por ciento, respectivamente, cree que será o le gustaría que fuera Sebastián Piñera (por segunda vez) y el 5 por ciento, Ricardo Lagos (ídem). Del resto de los posibles candidatos presidenciales, algunos alcanzan a asomar la nariz.

El ex parlamentario y ex presidente de la Democracia Cristiana, Gutemberg Martínez, fue uno de los primeros en comentar: “Los resultados son pésimos, no sé cómo llegamos a esto”.

J.F.S.

Fuente: cep.cl

2/11/15

Esto no es un proceso constituyente

La Presidenta Bachelet elude un proceso impulsado pero no dirigido por el gobierno, con delegados electos libre y especialmente, representativos de toda la sociedad y deliberantes en forma autónoma. 

La propuesta sobre el procedimiento para llegar a una nueva Constitución anunciado hace algunas semanas por la Presidenta Michelle Bachelet no es un auténtico proceso constituyente, sino sólo un plan gubernamental. 

La gobernante ha anunciado una campaña de educación cívica elaborada por el gobierno, un proceso de reuniones y consultas vecinales no vinculantes, un proyecto de reforma constitucional para ser aprobado por los dos tercios de un Congreso binominal y cuestionado, y un proyecto de nueva Constitución redactado también por el gobierno y dejado a discreción de parlamentarios designados previamente por los partidos políticos. 

Al tiempo que no se sale un centímetro del marco institucional proveniente de la dictadura y acata incluso sus reglas más duras, habla de la necesidad de incorporar derechos sociales fundamentales y de facilitar una participación ciudadana efectiva; mientras asegura un proceso lejano a las experiencias venezolana, boliviana o ecuatoriana –consistentes, por paradoja, en una asamblea constituyente- y evita aparecer como un caudillo populista, delega finalmente su compromiso político en un Parlamento pinochetistamente institucional. 

Las etapas 

El plan partirá por una campaña de educación cívica de la que se desconoce aún su formato, medios de difusión y, sobre todo, el lineamiento de su contenido. Particularmente importante es cómo se identificará y tratará preceptos democráticos esenciales, como la soberanía popular y su máxima expresión, la Asamblea Constituyente, ambos minimizados y hasta denostados incluso por ex Presidentes de la República de la alianza gubernamental. 

Acto seguido, a partir de marzo próximo, el Ministerio Secretaría General de Gobierno organizará y coordinará una serie de consultas, diálogos, debates y cabildos a nivel comunal, regional y finalmente nacional, de la que sólo se conoce hasta ahora que no será vinculante; es decir, el gobierno, probablemente a través de una comisión de expertos, se reservará el “derecho” de incorporar, modificar o rechazar discrecionalmente los aportes ciudadanos. ¿Qué ocurriría si la mayoría de los convocados coincide, vulnerando dogmas económicos imperantes, en que los recursos básicos del país, llámense cobre, agua, mar territorial u otros, deben volver a manos del Estado para que beneficien a todos los chilenos? ¿Y si exige lo mismo respecto de los fondos previsionales de los trabajadores? 

A continuación, Bachelet, acudiendo a un Congreso elegido mediante un mecanismo binominal creado en dictadura y con varios integrantes comprometidos por investigaciones judiciales sobre financiamiento ilegal de la política, enviará un proyecto de reforma constitucional para que sea aprobado por los dos tercios de los parlamentaros en ejercicio, proponiendo motu proprio el quórum más alto de los ya prohibitivos establecidos por la Constitución de Pinochet para las reformas de fondo. 

Sería este Parlamento el llamado a decidir sobre el procedimiento por el cual su sucesor –elegido esta vez mediante un sistema semiproporcional- tramitaría a partir de 2018 el proyecto bacheletista de nueva Constitución: si una comisión bicameral de senadores y diputados, una convención de parlamentarios y ciudadanos, una Asamblea Constituyente o un plebiscito que delegue tal pronunciamiento en la ciudadanía. En una “clase” política donde lo republicano se centra en ella misma y la ciudadanía sólo tiene un papel de elector, no hace falta analizar mucho para suponer cuál mecanismo constituyente le conviene más. 

El desafío 

Así y todo, en la decisión de Bachelet de llevar adelante un proceso de nueva Constitución se observa mucho de autoimposición y desafío personal. ¿Estaríamos en esta instancia si ella se hubiera limitado a prometer sólo reformas puntuales? Lamentablemente, su buena intención se diluye en medio del sistema político que ella misma ha contribuido –y poderosamente- a consolidar: una democracia elitista e indiferente a la soberanía popular, que logra el contraproducente efecto de hacer inmutable e irreversible la herencia dictatorial. 

Lo verdaderamente trascendente y novedoso de todo esto, así como se prevé, será la reacción y actitud que en definitiva adoptará la población ante esta propuesta gubernamental, la más importante, sin duda, desde el término de la dictadura en 1990. 

¿Qué esperar? En este momento, un proyecto de reforma constitucional que faculta al Presidente para llamar a plebiscito, en trámite en la Cámara de Diputados, y una propuesta de Asamblea Constituyente presentada por los presidentes de las comisiones de Constitución de ambas cámaras. 

De la magnitud de la respuesta ciudadana, positiva o negativa, dependerá que la convocatoria presidencial a un proceso destinado a promulgar una nueva Constitución Política del Estado se transforme en un verdadero proceso constituyente, impulsado pero no dirigido por el gobierno, con delegados electos libre y especialmente, representativos de toda la sociedad y deliberantes en forma autónoma; o bien, como ha sucedido últimamente con los comicios generales, que los convocados se resten mayoritariamente, dejen la propuesta constitucional a su suerte y permitan que sus conductores políticos sigan interpretando en forma unilateral cuáles son los intereses y aspiraciones de los chilenos y actuando en consecuencia.

Julio Frank S.

2/10/15

Esto se llama Plebiscito Ahora y Asamblea Constituyente


Artistas y profesionales de la televisión y el cine adherentes al movimiento nacional ciudadano por un plebiscito, que permita al pueblo de Chile definir el mecanismo para elaborar una Constitución Política auténticamente democrática. 


Fuente: MarcaAC