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18/9/19

Chile visto y vivido por un argentino

Una conmemoración “alternativa” para una gran efeméride nacional hoy con aires más privados que compartidos.

Un país en suspensión recibe a este nuevo aniversario de la Independencia nacional chilena, producto de ¡una semana! de masivo, oficialmente extendido y muy acomodable feriado de Fiestas Patrias.

La noticia más destacada por los medios de comunicación tradicionales y no tanto ha sido, como en los repetidos “fines de semana largos”, el proporcionalmente monumental desplazamiento de viajeros en automóvil o buses hacia distintos puntos del territorio. Más bien, el comportamiento del flujo vehicular en sí, porque adónde y con qué planes específicos se viaja no importa mucho, es asunto de cada uno.

Lo que se respira, por lo tanto, es un aire más de festejo familiar que de celebración patriótica. Las reflexiones y debates históricos, políticos y culturales sobreviven principalmente gracias a la actividad profesional y académica. Las actitudes colectivas, la disposición a involucrarse con otros aunque fuera imaginariamente a través del tiempo o de comprometerse públicamente con determinados líderes, sucesos y circunstancias de la historia de Chile, en especial la reciente, han derivado en algo improductivo e incluso peligroso para la prosperidad materialista que exige la sociedad –o antisociedad- de consumo, desarrollada disciplinadamente por los herederos de un golpe de estado que cambió radicalmente el país.

Es así que un comunicador social que desea abordar esta materia como un insumo útil y relativamente productivo debe maquillar y adornar su mensaje para presentarlo con una forma aceptable por una audiencia impulsada hacia la farándula y el consumismo. La mejor, quizá, es el arte. El humorismo o la comedia, en este caso.

Un comediante argentino se paseó en 2019 por el escenario del Festival de Viña del Mar, el espectáculo artístico-televisivo de mayor arrastre nacional después de la Teletón, parodiando libremente escenas y personajes del rostro B de los chilenos de hoy habitualmente rehuidos como tema comunitario. Junto con emplear expresiones que aquí aún se consideran groseras y algunas ridiculizaciones irritantes en otro ambiente, recreó situaciones puntuales no muy gratas para la diversión popular, como el sobreendeudamiento compulsivo, la recurrente corrupción (“robo”) de alto nivel, las vejaciones en lugares de uso público y la frecuente banalidad en las llamadas “redes sociales”. Parodió también la inmigración no planificada, la frivolidad, las manías y otras averías sociales de esta parte de mundo. Le celebraron, sin embargo, todo, generalmente con estruendosas carcajadas, las que, sintomáticamente, bajaron de volumen cuando habló de “comprar huevadas”, lo mismo que el abucheo cuando aludió a la corruptela en el empresariado…

En fin, un recuerdo en este nuevo 18 de septiembre de la actuación de Jorge Alís, actor argentino radicado en Chile hace más de 20 años, el 28 de febrero de 2019 en el Festival de Viña del Mar.

Julio Frank S.

21/8/19

Emprender hasta las últimas consecuencias

Si desde arriba y con artimañas, políticos, legisladores, grandes empresarios y altos militares explotan sus privilegios en pos del progreso “express” de la sociedad materialista, ¿por qué los menos favorecidos no tendrían que mortificar su vida y la de otros por el sustento diario?

En noviembre próximo se realizará en Chile una nueva cumbre del Asia-Pacífico (APEC), que reunirá a países desarrollados, emergentes y aspirantes vinculados al océano más extenso del planeta. Será una ocasión insuperable para que este país del siglo XXI vuelva a mostrar al resto de la civilización su admirado avance material y moderna mentalidad, fácilmente apreciables en la ausencia de grandes discusiones políticas y macroeconómicas, batidas en retirada ante los beneficios y placeres de la globalización transnacional. El debate público puede así concentrarse en temas verdaderamente “ciudadanos”, como la reducción de las horas semanales de trabajo, los resultados internacionales de los deportistas de elite y los casos de agresiones físicas individuales más impactantes.

Impulsa y explica tal concepto de progreso la generalizada y disciplinada práctica del llamado emprendimiento, mandato impuesto por los administradores neoliberales y neoliberalizados como el gran esfuerzo de cada persona que pretende el bienestar propio y de su familia, y por sobre el empleo dependiente, en especial en servicios estatales asociados con frecuencia a burocracia, rutina o falta de ambición.

Tanto los privilegiados por el sistema como los poco favorecidos han tenido que tomar una posición y actuar en consecuencia, aun interpretando y acomodando el dogma económico a sus intereses particulares y a menudo en forma despectiva con la ley, los reglamentos, la ética o la convivencia social. Políticos, legisladores, grandes empresarios y altos militares han dado una censurable imagen desde arriba mediante “emprendimientos” ruines, ya sean político-electorales, tratando de eludir impuestos y recibir dinero de empresas beneficiarias de las principales leyes; empresariales, coludiéndose para atacar a la competencia y destruir a los medianos y pequeños emprendedores; o “profesionales”, apropiándose de cuantiosos dineros públicos.

Y más abajo se ha recepcionado esa mala influencia superior. La insuficiencia de empleo y la abundancia de subempleo se han encargado del resto. He aquí algunos de los hechos más notorios, con distinto desenlace.

“Sacrilegio”


Dos “emprendedores” creyeron haber encontrado una mina de oro en la retransmisión de partidos de fútbol, en directo y en forma gratuita, a través de la captación del contenido de la televisión por cable y su reproducción en sitios web usando una tecnologia especial. No estaban equivocados, pues habían obtenido ingresos por más de ocho millones de dólares gracias a sus prestos y generosos avisadores y en perjuicio de los canales operadores legales… hasta que fueron descubiertos y detenidos por la policía y acusados de violar la propiedad intelectual.

Fueron sorprendidos torciendo uno de los emprendimientos más sagrados de la economía consumista, de modo que el peso de la ley cayó aquí con fuerza. Con el fútbol por televisión no se juega.

Contaminación acústica


Tras el rotundo fracaso del sistema de transporte público de superficie llamado “Transantiago”, en 2007, el ferrocarril subterráneo sufrió una avalancha no sólo de pasajeros molestos, sino también de vendedores y cantores ambulantes entrenados en los antiguos microbuses. Muchos de ellos irrumpieron con adelantados equipos electrónicos y digitales portátiles, llenando los otrora cómodos vagones y los tímpanos de sus miles de ocupantes con un amplificado vocerío sobre comida y otros productos y con potentes notas sonoras, a cambio y con no despreciable resultado de unos cuantos pesos.

Las autoridades del Metro –empresa del Estado-, cuyo reglamento prohíbe expresamente dichas actividades y así lo publican en los carros, han explicado, sin embargo, que no se puede impedir el ingreso a una persona que paga su respectivo pasaje (aunque una de ellas haya acuchillado a un guardia cuando fue descubierta en infracción).

Esta vez la ley no ha pesado, alivianada por la paciencia, resignación o cautela de los pasajeros (aunque no inmunes a los ofertones) y también por la conveniencia política de permitir una válvula de escape ante los efectos sociales no deseados de una economía insensible e implacable con los menos dotados.

Vidas depreciadas


Día a día, cada vez más ciclistas se desplazan por calles y pistas especialmente diseñadas de Santiago, mientras el mensaje oficial habla con satisfacción de “convivencia vial”. Una ley promulgada recientemente pretende facilitar y proteger la circulación no motorizada con rumbo al trabajo, al estudio o por solaz, y ayudar, paralelamente, a la descongestión del tránsito citadino.

Pero a muchos beneficiarios no les ha sido suficiente o apropiado. Es frecuente observar exceso de velocidad, omisión de la luz roja y circulación por las veredas con riesgo para la integridad física propia, de peatones y demás pedaleros. Los atropellos aumentaron el año pasado y sumaron otro tipo de víctimas: una conocida actriz, Shlomit Baytelman, subió a las redes sociales una fotografía (imagen estremecedora) denunciando haber sido embestida y desfigurada impunemente en una vereda del sector céntrico de la capital y otro peatón fue golpeado por un ciclista cuando le enrostró su insensatez.

En cuanto a los repartidores de alimentos y encomiendas en bicicleta mediante el sistema de aplicaciones digitales, cargan además un vistoso bulto, cuyo contenido deben entregar a la mayor cantidad de clientes en el menor tiempo posible para, si la suerte les ha permitido cumplir sin novedad, aspirar a un ingreso al menos tranquilizador.

Ante esta alerta persistente y cotidiana, la reacción de los fiscalizadores ha sido escasa y evasiva. De los autores de la ley no se ha vuelto a saber. Lo único importante, al parecer, es aprobar ante la opinión pública la apariencia de una población proactiva que dispone de facilidades para su desplazamiento diario y de una circulación vehicular menos atochada y contaminante.

Como imagen de fondo, en definitiva, aparece la protección de una “convivencia” puramente económica, del orden ultraliberal que la rige y de su tácita consigna: “emprender a como dé lugar”.

Julio Frank S.

22/7/19

Ciudadanos en un país-empresa

La modernización neoliberal de la democracia chilena contempla el aprovechamiento de lo “bueno” legado por la dictadura, la protección de una economía transnacional y la mantención de la ciudadanía alejada de derechos “complejos”.

El Presidente de Chile y líder subcontinental de derecha anunció el año pasado la creación del “Museo de la Democracia”, proyecto diseñado por un grupo encabezado por la historiadora Lucía Santa Cruz y que es parte de las medidas de su segundo mandato destinadas a “modernizar” este sistema. 

Ya existe una institución no gubernamental, el Museo de la Memoria, que exhibe al público documentación, imágenes y otros vestigios de los crímenes de la dictadura de Pinochet, como testimonio de la violación sistemática de derechos humanos universales y, a la vez, como promoción de la importancia y el valor de los mismos. Santa Cruz, sin embargo, justificó un nuevo enfoque sobre este tema desvirtuando el existente y calificándolo como algo que “apela, sin contexto ni explicación causal, a los sentimientos y busca horrorizar”. 

Más adelante, en una entrevista radial, precisó que Pinochet no había sido un tirano, sino solamente “un dictador que cometió muchos errores” (término al que se suele recurrir también, en otros casos, para explicar ilicitudes rayanas en la corrupción). 

Y, hace algunos días, a propósito del Brexit, la articulista volvió a la carga y descalificó la participación popular en decisiones nacionales de esa envergadura, relacionándola con la polarización, la confrontación, las secuelas y los traumas sociales. “La democracia directa es inadecuada para decisiones complejas”, escribió, lamentando que el Parlamento británico haya “renunciado a su soberanía y su obligación” como representante de la democracia y cedido al pueblo la decisión de continuar o no, como país, dentro de la Unión Europea. 

Esa breve y perentoria, aunque cuestionable lección de democracia es impartida día a día, desde la época de la dictadura, con distinta forma, a través de los mismos medios y en diversas oportunidades por los conductores de la globalizada y mercantil sociedad chilena de hoy. Es una idea-fuerza que distorsiona el sentido original de la democracia -intrínsecamente popular- para hacerlo ver contrario o reñido con las mejores tradiciones y aspiraciones cívicas (neoliberales) del país y el mundo occidental. 

Sentimiento versus racionalidad 

“La apelación a los sentimientos es siempre el instrumento preferido de dictadores y populistas”, agrega más adelante Santa Cruz, sosteniendo que la exaltación de las emociones y las pasiones en política debiera dejar lugar al sometimiento a la racionalidad y las evidencias concretas; cuando no es así, advierte, se produce desconfianza, resentimiento, odio, miedo y envidia, entre otras consecuencias. 

Omite que el neoliberalismo chileno tiene cuna dictatorial y que la ideología mercadista sucesora sólo ha desplazado esa clase de llamado desde la política hasta la economía, partiendo por la sustitución de brutales dictadores por empáticos administradores “no populistas”. Estos, coherentemente con su condición, se muestran comprometidos prioritariamente con los grandes intereses económicos multinacionales dominantes y permiten a la ciudadanía sólo un papel de simple consumidora, que debe acatar sin alternativa el sistema impuesto y depender diariamente, en la medida de su capacidad, del recurso más a mano que les evita quedar fuera: la transacción comercial. 

Y si de apelación a los sentimientos, emociones y pasiones se trata, ¿no es eso lo que hace precisamente la arremetida publicitaria, que recorre minuto a minuto, lugar por lugar, cada uno de los rincones de la audiencia física y virtual para poder responder a la voracidad del mercado? La estrategia de los constructores neoliberales de este siglo sólo ha cambiado de dirección, desechando las arengas políticas idealistas y socializantes del pasado para desplazarla hacia los emprendimientos económicos y atomizantes modernos. Con tal fin, la política de estado fue sustituida por el ejercicio tecnocrático, las metas económicas fueron despojadas de su nacionalidad, la cultura popular es arrinconada por la diversión masiva y farandulesca; la información pública, fusionada con el mensaje que la financia y la historia, dejada atrás. 

Esa es la sociedad que la democracia representativa (o representativista) de hoy llama a reconocer y enorgullecerse. 

Ambición “aspiracional” 

La responsabilidad primera ante los males sociales crónicos es de quienes pretenden resolverlos maquillando la democracia, para evitar que ésta aporte soluciones que modifiquen el curso político que les favorece como elite; que se sienten los únicos justificados para equivocarse en grande y volver a hacerlo cuantas veces fuere; que alaban públicamente a la población cuando les vota y que se quejan privadamente de ésta por su supuesta ignorancia o estupidez cuando decide por ellos o invoca su derecho a hacerlo. 

La democracia directa es adecuada justamente cuando la dimensión y la trascendencia de una materia excede el compromiso encargado a autoridades políticas elegidas como representantes y se hace necesario que los representados recuperen aquella potestad cedida a plazo, con el objeto de adoptar, junto a aquéllas, una decisión de alcance nacional y carácter excepcional. 

No hay misterio, engaño ni hecatombe en esto. Bastaría acordar y establecer previamente, en un proceso constituyente original, cuáles serían los temas de decisión “compleja” o “especializada” que competen exclusivamente a la ciudadanía como tal. Promover la democracia descansando en una Constitución promulgada en dictadura e intocable aún en sus pilares es una falacia de bajo nivel y dudosa intención. 

Con todo, quienes miran más hacia sí mismos y fuera de las fronteras propias para evaluar el progreso, saltándose a sus compatriotas y a una nación entera, quizá recelan demasiado. Es posible que, si fuere convocado hoy a una asamblea constituyente, un pueblo que ha elegido ya en dos ocasiones un Presidente-empresario, millonario, ambicioso e individualista termine de legitimar un país-empresa.

Julio Frank S.

5/6/19

Otra forma de aplacar periodistas


Casi cien periodistas fueron asesinados en 2018 y hay muchos más encarcelados, informó el secretario general de la ONU en el pasado Día Mundial de la Libertad de Prensa. Cuando se les ataca, advirtió, “pagan el precio las sociedades en su conjunto”. Pero terminó ahí. No fue parte de su mensaje una forma “pacífica” de sojuzgar hoy la información y la crítica periodísticas: la fuerte coerción político-económica, que inculca un concepto deforme de noticia, tergiversa la misión profesional, desvía hacia funciones particulares o, simplemente, arroja a la cesantía, para poner esta profesión al servicio de emergencias puntuales, los negocios, el consumo y la ficción. 

La reciente intervención del secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo) fue bienintencionada, pero, como habitualmente en estas ocasiones, exigua y “políticamente correcta”. Alertó sobre la violencia contra los periodistas y llamó a defender sus derechos, pero no ahondó en la importancia de su llamado y tampoco ilustró sobre la dimensión del problema que abordaba. 

Partió certeramente, enmarcado en la libertad de prensa, en primer término, de los periodistas que realizan su ejercicio profesional en forma individual, con criterio personal, precediendo a las empresas de información en las que muchos de ellos se emplean. Enseguida, lamentó “la violencia y el hostigamiento” contra periodistas, citando el asesinato de casi un centenar en 2018 y el encarcelamiento de muchos más, advirtiendo que cuando se les ataca, “pagan el precio las sociedades en su conjunto”. 

Y agregó:

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, hago un llamamiento a todas las personas para que defiendan los derechos de los periodistas, cuyos esfuerzos nos ayudan a construir un mundo mejor para todos.

Hubiese sido interesante también escucharle sobre si considera atingente o no el caso del activista y editor digital australiano Julian Assange, reconocido como periodista, que participó en la divulgación de hechos de alta connotación pública -función básica del periodismo– y aun internacional declarados confidenciales por autoridades gubernamentales, que utilizó para ello la informática y el ciberespacio, y que enfrentaría cargos por presunta conspiración y la posibilidad de una muerte segura en la cárcel (175 años de presidio). 

Aludió además Guterres, sin dar detalles, a una “retórica” contra los medios de comunicación y un mal uso de la tecnología (digital, se subentiende) cuando “engaña” a la opinión pública o “alimenta” la violencia y el odio. No explicó, sin embargo, por qué se sigue matando y encarcelando a periodistas y en qué consisten dichos ataques a los medios -a los que no identificó- y dicho engaño a la opinión pública. Quizá, porque se ganaría otro tipo de problemas, como, precisamente, los del periodismo de primera línea, que ha tenido que confrontarse con los poderes oficiales y “fácticos” históricamente y en desventaja, por tener por misión no solamente relatar hechos y circunstancias sino también informar, esto es, “darles forma” añadiendo interpretación personal acerca de su sentido social y humano. 

Hacia la “reconversión” 

Aunque distanciados de las dictaduras y su brutalidad desatada, los aparentemente civilizados regímenes neoliberales y globalizados de hoy tampoco se pueden librar del cargo de “hostigamiento” o presión contra periodistas en funciones informativas y contra la libertad que éstos ejercen. 

Sus elites en el poder, aun legitimadas por el voto popular y aplicando una fuerza mediática incontrarrestable hasta ahora, han asumido un concepto de libertad de prensa como una facultad de carácter institucional, predominantemente empresarial y comercial, que supedita el derecho a informar y ser informado a los intereses y el criterio económicos con que esos líderes conducen la nueva sociedad de consumo, como si la libertad de prensa correspondiera prioritariamente a las empresas periodísticas. 

En uso de tal convicción y tal poderío, han inoculado a la información diaria una cuota cada vez mayor de farándula, sensacionalismo y censura “blanca”, que deforma la noticia para restarle trascendencia pública y administrarla como una mercancía más. Han creado incluso una especialidad determinada, la del periodista-anunciador, un periopublicista o algo así que promueve a su auspiciador mientras informa y comenta noticias, un recurso ideal para fundir la realidad informativa con la ficción publicitaria, comprometer personalmente a ese informador con objetivos secundarios que debiera mantener a distancia, y evitar que el informado “escape” de los mensajes comerciales. Un profesional originalmente distante de negocios ajenos convertido ahora en un poderoso aliado de los mismos. 

El periodista ha quedado inserto en el engranaje del mercado, sujeto a sus vaivenes y comprobando cómo su tarea informativo-crítica es hecha fácilmente innecesaria y su puesto de trabajo, prescindible o reemplazable, al tiempo que se le estimula con una forma de subsistencia y progreso más lucrativa y con mayor demanda: las asesorías comunicacionales privadas. Dichas funciones transforman complicadas e ingratas condiciones laborales en auspiciosas expectativas profesionales, remuneracionales y de ascenso social, no importando que ello contribuya a ceder progresivamente a empresas e instituciones, generalmente las de mayor envergadura, la interpretación y la comunicación del acontecer de la sociedad que deberían corresponder prioritariamente a la investigación y el enfoque fiscalizador del periodismo. Quedan restringidas así la libertad, la independencia, la contingencia y la subjetividad profesional con que debe tratarse una noticia. 

El ejercicio informativo independiente sólo responde a sus propios parámetros y no tiene más estrategia que comunicar una hecho noticioso a la audiencia, parte de ella o la sociedad como tal y tan oportunamente como le fuere posible. El efecto o resultado no debe, en este caso, ser proyectado con antelación. 

Al reorientar y limitar su relato examinador, despojarle de su autonomía como primer bastión de la información pública y la libertad de prensa, convertirle en cómplice de la desinformación y la ignorancia populares, desperfilar a los mejores exponentes atrayéndoles a empleos más estables pero inocuos al sistema examinado y poner a los “rebeldes” en el camino de la obsolescencia, también se “mata” o reprime al periodista y sus noticias. No se trata esta vez de agresiones físicas, asesinatos y encierro dispuestos por agentes gubernamentales o por terroristas, sino de coerción política, económica y social sustentada en simples, no violentos y legalizados consensos partidistas. 

País-espejo 

¿Qué podría impedir que una compacta alianza política-negocios diera al ejercicio periodístico independiente el mismo destino terminal que ha dado o quiere dar a otras disciplinas incómodas a su doctrina, como la reflexión filosófica, el análisis histórico y la educación cívica? Probablemente, si lo lograra, su administración mejoraría mucho aunque fuera sólo en tranquilidad, su clientela megaempresarial lograría más y superiores negocios con menos trabas, y los disidentes tendrían menor difusión aún. Y el grueso de la población seguiría avanzando a ojos cerrados en la búsqueda interminable de la prosperidad individual, convencido de que su pobre deber colectivo parte por informarse únicamente de lo que sus conductores indican o permiten como de interés público. 

En Chile, país pequeño pero espejo, que celebra su reciente invitación a uno de los grupos de acción de naciones desarrolladas, la población dispone de sólo dos periódicos de cobertura nacional y de sus respectivas ediciones farandulescas, ve noticiarios televisivos recargados de tragedias sin contexto y escucha informativos radiales llenos de voces periopublicitarias, mientras se acaba de enterar de que el ramo de Historia no será obligatorio para todos los estudiantes secundarios. No es necesario prohibirle los debates políticos, económicos y sociales en los medios de comunicación de mayor alcance ni su correspondiente confrontación pluralista de ideas opuestas; basta negar el indispensable financiamiento publicitario, muy generoso, en cambio, con el consumismo y la diversión. 

El mismo periódico que azuzó el golpe de estado y actuó como vocero de la dictadura es hoy el más próspero y continúa siendo el más influyente del país; las cadenas de televisión abierta están en manos transnacionales y la estatal las imita; la única estación radial santiaguina crítica del sistema, financiada por la Universidad de Chile, no puede tener servicio informativo 24/7 (ni 12/12), rechazada por los avisadores comerciales; y la multiplicidad informativa de la Internet ya está siendo cuestionada por los medios tradicionales, que se alarman por la facilidad de la transmisión anónima de ciertas noticias falsas o tendenciosas, como si varios de sus exponentes no tuvieran dicha experiencia. 

La formación académica del periodista, como consecuencia, también sufrió el influjo. Dado que debía responder a un mercado desconectado de los principios universitarios clásicos, la enseñanza superior se hizo cargo como pudo y con niveles muy disímiles entre sí del creciente número de postulantes a la carrera de Periodismo (entre otras). Abrió una fuente de trabajo para periodistas con aspiraciones docentes y se dedicó a enseñar y dotar de conocimientos teóricos a alumnos enfrentados finalmente a un campo práctico “moderno”, materialista, individualista y desconfiado del basamento crítico y pluralista de este oficio, aunque consonante, por supuesto, con los requerimientos tecnológicos, publicitarios, apolíticos y consumistas de esta época. 

Las universidades que imparten Periodismo tratan de cumplir su deber académico, no obstante que sus egresados encuentren las puertas de las asesorías privadas y los servicios tecnológicos mucho más abiertas que las de la información pública independiente, escrutadora y correctiva. Pareciera el terreno preparado para el cambio de nombre de esta carrera por uno acorde con las funciones impuestas desde fuera. 

Elefantes de colores 

Porque, ¿qué sentido tendría sostener una profesión con ideales tan ferozmente debilitados por la ambición de los negocios? ¿Qué necesidad habría de preservar intacta la opinión pública y mantenerla adecuadamente informada si ésta ha sido fragmentada para alejarla de los temas mayores, parece haber renunciado a derechos superiores como su facultad constituyente y deja que unos pocos decidan cuáles son demandas ciudadanas y cuáles no? ¿Y que tiene enfrente al gran empresariado empleador, a políticos gobernantes y legisladores “transversales”, y a la mortal indiferencia de la industria de la información como estrictos guardianes? 

La rutina diaria del comprar-vender-lo-que-fuere se ha extendido inexorablemente por los estamentos de este país-espejo, deprimiendo las ideas no económicas, las visiones políticas, el comportamiento comunitario, las actitudes patrióticas y los preocupaciones culturales. Cada vez hay mayor aceptación de las ficciones, las falsedades e incluso las irracionalidades en la comunicación social. 

Con este ritmo, ¿por qué no informadores dando cuenta de monumentales y graciosos elefantes de colores e informados dándolo por real? 

Julio Frank S.

6/5/19

Llamado de la ONU a defender el periodismo


Las personas deberían estar guiadas por la verdad, no por falsedades, a la hora de elegir a sus representantes. Sin embargo, si bien la tecnología ha transformado las formas en que recibimos y compartimos información, a veces se utiliza para engañar a la opinión pública o para alimentar la violencia y el odio”. 

Hago un llamamiento a todas las personas para que defiendan los derechos de los periodistas, cuyos esfuerzos nos ayudan a construir un mundo mejor para todos”. 

Extracto del mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo). 

J.F.S.

Fuente: Naciones Unidas, 29 de abril de 2019, youtube.com

2/4/19

País pinochetizado (II)

El “profundo cambio de mentalidad” de los chilenos, dirigido hacia el esfuerzo individual como “única herramienta válida” de libertad y progreso, fue la gran realización de su gobierno, dijo Pinochet. “Dedíquense a trabajar y no se metan en política”, en otras palabras. Cómo negarlo, si la lucha por la subsistencia diaria y la prosperidad personal ha relegado ideales e intentos colectivos, y dado a la democracia un fin utilitario, plutocrático y rutinario. Y ha conquistado, además, la admiración internacional.

¿Cuál fue la gran “realización” de la dictadura chilena, superior incluso a su visión económica e institucionalidad inexpugnable?

Hace 30 años, perdido el plebiscito y resignado a tener que irse del gobierno, Augusto Pinochet fue entrevistado por el periodista Luciano Vásquez, quien le incluyó, como hizo con otros líderes políticos de entonces, en su libro “Transición a la chilena” (1989). Tras enfatizar allí el dictador que sólo se había esfumado su posibilidad de regir por ocho años más y que su obra no había estado en juego, su evaluación general fue más allá de los resultados que eran evidentes para alcanzar una proyección cultural: se había logrado un “profundo cambio de mentalidad” en los chilenos, quienes tomaron conciencia, agregó, de que el trabajo y el esfuerzo individuales eran las “únicas herramientas válidas” para progresar “en libertad”.

Rodeado y dejándose influir por reconocidos expertos en el modelo económico neoliberal y el blindado sistema institucional neoconservador, en el área de su exclusivo dominio Pinochet impuso lo propio: liderazgo sin competencia y mando armado. Tenía, por lo tanto, algo elemental que exigir a todos: obediencia directa, primero, y acatamiento de su obra cuando ya no mandara.

Y esto, en definitiva, en mayor o menor grado, de buena o mala gana, es lo que se ha podido observar entre sus compatriotas desde que terminó de dictar.

Cambio de mentalidad política

Pinochet encargó el manejo del poder político y la responsabilidad sobre la estabilidad de lo obrado a una elite (“clase política”) cuyo ideario original se daba ya por obsoleto y estaba dispuesta a asumir las nuevas reglas con tareas que, por ello, implicaban más bien una administración. Debía, en el fondo, cogobernar con los nuevos “hombres fuertes” del sistema: antiguos capitalistas sumados a magnates recién enriquecidos, fortalecidos adicionalmente como conglomerados económicos nacionales y transnacionales (los “ricos”).

Ante las nuevas circunstancias, los partidos de la centroizquierda y la izquierda “renovada” chilenas, históricamente opositores a la dictadura, sorprendieron a los diseñadores del modelo y a la ciudadanía que votó por ellos demostrando que podían subsistir y aun prosperar partidariamente bajo una institucionalidad dudosa y hermética, antagónica con las ideas propias, contraria a la democracia participativa y heredada de un dictador derechista.

Rechazaron al creador, pero acataron lo creado.

Así, Aylwin (acérrimo opositor a Allende) reconoció que habría democracia sólo “en la medida de lo posible”; Frei Ruiz-Tagle (cuyo padre y ex Presidente fue muerto durante la dictadura, según la investigación judicial) continuó la privatización de recursos naturales iniciada por Pinochet; Lagos (ya famoso por su “dedo acusador” contra el dictador por televisión) declaró “democrática” la Constitución pinochetista reformada parcialmente y terminó su mandato aplaudido por el gran empresariado; Bachelet (cuyo padre murió luego de ser torturado y ella misma fue torturada) pareció atreverse con un proyecto de nueva Constitución, pero prefirió su carrera internacional a aventurarse con algo que podía hacer tambalear la obra dictatorial: una asamblea constituyente.

No hubo aprensiones, por lo tanto, en la concesión y entrega sistemática, total, exclusiva, preferente o mayoritaria del cobre, el mar territorial, el agua, la energía eléctrica, el empleo, la educación superior, la salud, la previsión, la prensa, la televisión y otros bienes nacionales y sectores de esa importancia y magnitud al imperio, laxamente reglamentado, e intereses específicos de los privados, particularmente los grandes consorcios multinacionales, depositarios del poder económico.

Dicho favoritismo no sólo se tradujo en una marcha preferentemente mercantil del país -no solamente de su economía-, sino también en una actitud clientelista para alimentarlo de parte de los propios encargados de establecer las nuevas normas. Las boletas “ideológicamente falsas” (por servicios no prestados) para el financiamiento de campañas electorales ha sido un recurso ilícito extendido en la política contingente, aunque admitido e investigado solamente durante los últimos años. El senador de la UDI Jaime Orpis, la punta del iceberg, fue desaforado y es enjuiciado por recibir dinero de empresas particularmente interesadas en la Ley de Pesca, que permite grandes concesiones marinas a un puñado de privilegiados solicitantes.

“Hay que ayudar a los ricos para que den más plata (dinero)”, sentenció el dictador en 1988. Y la “clase” política, amparada por la Constitución aludida, le acató transversalmente.

La política, el “arte” de conducir una nación, fue transformada en una función pragmática y un espectáculo farandulesco, y la elección de gobernantes, en un trámite rutinario y lo menos trascendente posible.

Cambio de mentalidad popular

La dictadura y sus ideólogos, sucesores y principales beneficiarios, en consecuencia, pudieron redirigir las aspiraciones y metas populares hacia lo personal, lo privado, de modo de obstruir y desincentivar el desarrollo de ideales colectivos y su promoción en la política y fuera de ella. Alejaron a la ciudadanía (el “pueblo”) de las utopías y proselitismo que habían sido erradicados para centrarla en su trabajo doméstico y el provecho propio, otorgando al consumo de carácter consumista un papel prioritario, seguido por la reducción de los derechos sociales a lo más cercano y directo, especialmente los afectos familiares, y por la manipulación de la delincuencia común, la sexualidad y la violencia intrafamiliar como herramienta de control.

Las masivas y periódicas protestas callejeras de la última década, que pusieron fin a un prolongado letargo político-social y parecieron atacar el sistema en algunos de sus pilares sacrosantos –especialmente la educación y la previsión privadas-, terminaron por afianzar involuntariamente lo que pretendían debilitar. Cientos de miles de personas marcharon con insistencia en 2011 exigiendo “educación pública gratuita y de calidad” -lográndolo sólo en forma parcial-, y otros tantos demandaron en 2016 “No más AFP (administradores privadas de los fondos previsionales)”, a las que acusaban de estafa. Sin embargo, otros cientos de miles y algo más, participando en la manifestación popular realmente vinculante, las elecciones, elevaron por segunda vez a la Presidencia a un empresario millonario, partidario de la educación privada y lucrativa, de más AFP y de la economía de mercado y transnacional como realidades inmutables (e incluso del derrocamiento de gobiernos socialistas en desgracia), aunque, en descargo de los perdedores y en favor del sistema, las alternativas concretas a él no eran diametralmente distintas.

Rechazan lo creado por el dictador, pero acatan a los políticos administradores.

Siguen intocables para los dirigentes sociales de mayor convocatoria, para sus bases, naturalmente, y para muchas de las ardientes, pero inorgánicas redes sociales virtuales, flagelos como el incontrarrestable influjo de las ambiciones transnacionales en la vida de los habitantes de este territorio, cada vez más sobreendeudados y aculturados por grupos económicos que lavan su imagen con espectáculos masivos a cambio de beneficios estatales, y permanentemente bajo la amenaza que un avance social aumentaría el desempleo y disminuiría la inversión privada; como la distorsión informativa mediática, que asemeja y confunde el periodismo con la publicidad, bajo la presión de los mismos consorcios cuyos dominantes medios de comunicación deciden diariamente qué ha de saber y cómo debe actuar la audiencia; como el temor de los conductores del país a encarar y debatir públicamente sobre los problemas más agudos de la sociedad chilena y tratar de resolverlos mediante un proceso político, popular, institucional, participativo y genuinamente democrático.

“Dedíquense a trabajar y no se metan en política” fue el radio de acción demarcado por Pinochet a sus connacionales. Y, en los hechos definitorios, éstos también le han obedecido. En su lucha por la subsistencia cotidiana y la prosperidad personal se impone una falsa noción de democracia, utilitaria, plutocrática y rutinaria, sin oportunidades para aspiraciones e ideales colectivos, lo que ha conquistado… la admiración internacional.

Julio Frank S.

Foto: Augusto Pinochet, Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, commons.wikimedia.org

19/3/19

Menos negocio, más participación y más deporte


Dicen que el fútbol, como disciplina deportiva, es la viva imagen de la sociedad donde se practica y alienta. Pues bien, renunció el presidente de la empresa que arrienda y usufructúa del nombre de la mayor universidad estatal chilena, luego de denunciar amenazas de muerte en su contra y después de que la enorme barra de su equipo, conceptuada como simple consumidora, exigiera el fin de la concesión alterando el normal curso de un partido. 

Desde 2005, deben acogerse a la nueva ley de sociedades anónimas deportivas aquellas instituciones que deseen desarrollar actividades de nivel profesional en este campo. Sus autores buscaron “modernizar” el deporte competitivo a través de un modelo que permitiera una adecuada transparencia y control de la administración de cada una de ellas, lo que no había ocurrido con los antiguos clubes deportivos. Terminaron por caer así las de mayor raigambre y arrastre popular, Colo Colo y Universidad de Chile, agobiadas en este caso por deudas con el Servicio de Impuestos Internos y la Tesorería General de la República, respectivamente. Para poder sobrevivir, tuvieron que dejar de funcionar autónomamente y reducirse a una concesión de empresas privadas. 

Sociedades de inversiones y particulares de primera línea en los negocios y las finanzas locales asumieron entonces la tarea de conducir e intentar lucrar con entidades de gran atracción masiva, incorporadas de este modo a la economía neoliberal imperante. 

Probablemente se dio por supuesto que la ley bastaría para resolver los principales problemas de esta actividad y permitiría enfocarla con optimismo hacia el futuro, pero se dejó en segundo plano un “detalle”: los hinchas. Estos pasaron pronto a simples consumidores, dependientes de tentadoras ofertas externas, especialmente una mayor posibilidad de triunfos, pero sin participación alguna en las decisiones ahora empresariales. Muchos lo aceptaron; otros adoptaron una conducta de rechazo agresiva. 

Azul repintado 

El caso del club deportivo de la Universidad de Chile fue y es especialmente doloroso para sus simpatizantes. Había nacido bajo el alero universitario, compartió esa condición durante décadas con su par de la Universidad Católica ofreciendo espectáculos inolvidables y soportó los embates de la dictadura contra la Universidad cuanto pudo, pero no resistió las irregularidades dirigenciales internas y, finalmente, las reglas de la economía de mercado. 

Una vez en quiebra la Corporación de Fútbol de la Universidad de Chile (Corfuch), la Universidad cedió en arriendo su nombre y su símbolo deportivo (el chuncho) a los concesionarios para que éstos pudieran explotar la imagen institucional y la historia del club, recibiendo a cambio de un pequeño porcentaje de los ingresos anuales de aquéllos y la integración de dos de sus miembros al nuevo directorio -dominado por partidarios de la derecha política- para poder hacer presente, afirmó, “los valores de la Universidad”. 

Los inéditos triunfos iniciales, como la Copa Sudamericana y el tricampeonato nacional, causaron emociones encontradas en la hinchada y las predominantes caídas posteriores terminaron por imponer a los más recalcitrantes. 

Dicho retroceso culminó el pasado sábado 16, cuando parte de los asistentes al estadio Ester Roa Rebolledo de Concepción, resignada a una nueva derrota, lanzó bengalas a la cancha, provocó detonaciones y coreó la salida de la concesionaria Azul Azul y de su presidente, Carlos Heller, lo que obligó al árbitro a suspender temporalmente el partido. Heller, un proactivo y exitoso megaempresario, propietario de multitiendas y medios de comunicación, entre otras empresas, renunció, efectivamente, aduciendo amenazas de muerte en su contra. 

Llamó la atención la discreta cobertura de un sector de la prensa deportiva respecto del comportamiento del público, un tema tratado habitualmente con dureza. El programa radial dedicado a difundir a la institución, llamado precisamente “Sintonía Azul”, abordó lo ocurrido como una hecho más y abrió el lunes 18 con la victoria de Universidad Católica sobre Colo Colo (!). 

Las instituciones deportivas más populares del país no se ven campantes a esta altura como espejos de las nuevas sociedades anónimas administradoras (el directorio de la concesionaria de Colo Colo está dividido en personalismos irreconciliables). Los fanáticos tienen que limitarse a observar pacientemente como clientes… o a protagonizar desmanes. 

A negocio revuelto, ganancia del Canal del Fútbol.

Julio Frank S.

Video: Estadio Ester Roa Rebolledo de Concepción, partido Universidad de Concepción versus Universidad de Chile, 16-3-2019. Antonio Zúñiga, youtube.com

4/3/19

País pinochetizado



"Hay un aspecto que, a mi juicio, tiene fundamental relevancia. Y ese no es otro que el profundo cambio de mentalidad que se ha operado en los chilenos. Cada hombre y mujer de esta tierra se ha dado cuenta del enorme potencial que tiene implícito, así como de que el trabajo y el esfuerzo personal son la única herramienta válida para progresar y crecer en libertad. Por eso creo que ese es el principal logro y realización obtenidos por nuestro gobierno.
Augusto Pinochet Ugarte, 1989.
Fuente: Luciano Vásquez Muruaga, “Transición a la chilena”, 1989.

J.F.S.

Foto: Augusto Pinochet, Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, commons.wikimedia.org

8/1/19

“Fake news” ha habido siempre

En estos días de las fake news (noticias falsas) hay que tener cuidado con lo que uno comenta”, advirtió la alcaldesa de Providencia y ex candidata presidencial de la derecha, Evelyn Matthei. Aludía a las informaciones compartidas en las llamadas redes sociales y su posible efecto en el resto de la población, en relación con el reciente atentado explosivo que hirió a cinco transeúntes en esa comuna del Gran Santiago. 

No son hoy precisamente “días” de “fake news”. Apuntar tan directamente a la potencialidad de la actuación ciudadana en Internet como incubadora favorita de esa peligrosa práctica desvía más bien la atención pública y favorece la estrategia de quienes buscan, desde posiciones sociales mucho más altas, ocultar la larga, oscura y dolorosa saga de los medios de comunicación tradicionales en esta materia. Se olvida, sin ir más lejos, que este país fue súbdito y es legatario de la soberana de la desinformación: la dictadura. 

Es cierto que la multiplicidad de personas y conexiones en el inmensurable ciberespacio se conjuga con la diversidad de fuentes de información de cualquier género y calibre para hacer inviable la prevención de tal contenido y facilitar el ocultamiento y la impunidad del infractor. Pero también lo es que aquellos difusores de falsedades amparados en grandes grupos mediáticos, que exhiben con su uso resultados mucho más concretos y perdurables, han recibido un trato benevolente y hasta generoso de parte de la legislatura, lo que les ha permitido seguir mirando de frente y prosperando no obstante el daño causado a la audiencia víctima. 

Basta citar algunos puntos negros de dicho ejercicio, en particular el del buque insignia de la prensa nacional y modelo informativo, formativo e histórico de la sociedad chilena –El Mercurio- y el de los agobiantes canales de la televisión abierta. Y recordar, por ejemplo, el titular “Exterminados como ratones” de La Segunda en 1975, para referirse a la matanza de más de cien personas detenidas por las fuerzas represoras. O el montaje gráfico de El Mercurio -derivado en querella y procesamiento de su director y propietario-, que inculpó a dos personas inocentes como instigadoras de los disturbios que opacaron una de las actividades del Papa Juan Pablo II en el país en 1987. O la campaña comunicacional de la central de inteligencia estadounidense (CIA) contra Allende, antes y durante su gobierno, en la que también estuvo involucrado el llamado decano. O la sistemática e interminable desinformación proveniente de las estaciones televisivas durante la dictadura, encabezadas por el canal del Estado, imagen lavada hoy por un régimen político-económico abierto pero nunca tanto como para reinstaurar el pluralismo o erradicar la tergiversación y la censura

Un colega y editor de esos medios me manifestó una vez sus dudas acerca del grado de veracidad que los blogueros podían asegurar. En lugar de buscar garantías, debí responderle simplemente que tenía yo la misma sensación… respecto del suyo. 

No es ésta “la época” de las “fake news”. Fue inaugurada hace muchísimo tiempo, cuando surgió la primitiva necesidad de comunicarse, y consolidada luego cuando los imperios y gobiernos lo requirieron. Y antes de que los periodistas tuvieran que compartir su deber con ciudadanos anónimos para abrir la cobertura a todo lo digno de descarte para sus aprensivos socios político-comerciales. 

No se trata de competir en falsedades, sino de prevenirlas y sancionarlas por igual.

Julio Frank S.

Imagen: Portada del diario La Segunda, 24-7-1975.

28/11/18

Peligro en las veredas santiaguinas


Un peatón escapó con suerte de ser atropellado por un ciclista (al menos, eso parecía), pero no de los golpes que éste le propinó tras serle enrostrado su riesgoso comportamiento sobre la vereda. La víctima, que declaró haber sufrido la fractura de una de sus rodillas y fue hospitalizada, publicó lo ocurrido en su cuenta de Twitter. La alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, calificó lo sucedido como “inaceptable” y anunció que la Municipalidad lo indagaría. 

Hace sólo algunas semanas entró en vigencia en Chile la denominada “Ley de Convivencia Vial”, que sanciona, entre otras, una de las escenas más habituales observables en el inquietante tránsito capitalino: ciclistas desplazándose por donde no les corresponde, arriesgando su vida y la de los demás fuera de las ciclovías, con cruces sorpresivos y temerarios en la calle, ocupando veredas peatonales y a velocidad imprudente. (Aunque los peatones tampoco están libres de cargos: muchos disfrutan de la comodidad de una vía pavimentada destinada exclusivamente a ciclistas). 

El caso referido ocurrió en una comuna céntrica, muy concurrida y de vecinos pudientes. Muchos más quedan sin denuncia en calles alejadas del centro, solitarias y particularmente propicias para los más inciviles, que aprovechan la abundancia de normas ineficaces y la escasez de buenos ejemplos. 

En su segundo gobierno, el Presidente en ejercicio volvió a predecir que este país será desarrollado en un plazo relativamente corto. Pensaba seguramente en la marcha de la economía, que es su fuerte. No se prevé un desarrollo genuino y profundo, como se le conoce en el hemisferio norte, pues el Chile del siglo XXI carece de los sustentos básicos que muestran los modelos: historia nacional unificadora, identidad cultural propia y sanas costumbres cívicas. 

J.F.S.

Imagen: Calles Suecia/El Vergel, Providencia, 26-11-2018, twitter.com/Don_Ale

30/10/18

El precio del “sueño chileno”

Sus gobernantes le facilitan inversiones foráneas, adquieren en ella especialización y estatus, adhieren a su política transnacional, reciben medallas e incluso mezclan emblemas nacionales y brindan con la primera potencia del mundo. Sus gobernados, con una mentalidad competitiva, se concentran en la búsqueda del éxito económico individual y el consumo de las maravillas de la modernidad. No es difícil averiguar dónde se inspira y descansa la cara A del “modelo” chileno. 

Desde la Independencia se ha alabado el sentido de “equilibrio, orden y moderación” del carácter nacional o su parsimonia para enfrentar los avatares de la subsistencia. Los grupos dirigentes locales se han mostrado abiertos a la participación económica y la influencia cultural extranjeras, en particular las anglosajonas. Se motejaba a los chilenos como “los ingleses de Sudamérica”, aunque ahora, dado el traspaso de potencia e injerencia en la política internacional, podrían ser llamados “los norteamericanos de Sudamérica”. Si antiguamente se admiraba aquí el garbo inglés y su calculadora eficiencia, y se aceptaba su ambición genética por la conquista territorial y cultural, ha sido la rústica convicción estadounidense sobre el éxito económico y la expansión de sus intereses lo que se ha impuesto después y con nuevos bríos. 

Los habitantes de este delgado territorio son convocados diariamente hoy a experimentar una especie de “sueño (norte)americano”, la búsqueda de un triunfo equivalente al talento y el esfuerzo personales desplegados, lo que derivaría inevitablemente, además, en el engrandecimiento del país.

Lo primero, al menos, está a la vista. Los negocios y emprendimientos independientes de todo tipo y tamaño, el ilimitado acceso a bienes muebles, inmuebles y fungibles, la amplia oferta educacional, el sorprendente consumo gastronómico, los crecientes viajes nacionales e internacionales, la disponibilidad de tecnología digital en todo momento e incluso un generoso e inédito calendario anual de días de asueto no son evidencias de un país pobre o estancado. Que lo digan los miles de argentinos, peruanos, colombianos, venezolanos y haitianos inmigrantes, y los millones que lo envidian a través de los medios de comunicación. 

Pero se trata de un modelo “a la chilena”. Ocurre que la mayoría de la población no está en condiciones de subirse al carro de la victoria por impulso propio, dado que el auge no comprende remuneraciones equitativas, estabilidad para el empleo dependiente ni todos los incentivos que necesitan los emprendedores pequeños. Históricamente gobernados por una elite político-económica cerrada y aglutinadora de la riqueza nacional –salvo excepciones, como el derrocado gobierno de Allende-, gran parte de los “soñadores” ha tenido que proceder dentro de su ya delimitado alcance, comenzando por la herramienta clásica que les ofrece el sistema: un expedito y tentador, aunque riesgoso, endeudamiento rotativo. Esta solución les permite usufructuar de bienes a los que en circunstancias normales no habrían podido acceder, pero les obliga a un pago regular que compromete muchas veces el ingreso mensual y está sujeto a subidos intereses, eventuales multas y, en el peor de los casos, a un embargo judicial que podría significarles empobrecimiento. 

“Todos lo hacen” 

En su ansiedad por no quedarse abajo, los más incómodos en la pirámide socioeconómica han asumido a su manera el camino más próximo y directo ya consagrado: el comercio. La transacción de productos y artículos de toda clase, rubro, volumen, calidad e incluso legalidad se ha convertido así en un protagonista sin contrapeso a todo nivel, al punto que, mientras las grandes empresas se apuran con las ofertas navideñas ya en octubre, celebran los días de la madre y el padre a modo de “ciber-days” e incorporan a periodistas como anunciadores, el aparentemente modesto y postergado vendedor ambulante se dota de los aparatos técnicos necesarios para irrumpir libremente con su mercadería en el transporte masivo –incluyendo vagones del Metro-, salas de hospitales y hasta bibliotecas públicas. 

Si líderes políticos, empresariales, militares y eclesiales, con privilegiada educación, dan un ejemplo del uso de oportunidades torciendo la ley y la ética, ¿por qué no aprovechar la posibilidad de mortificar un poco, en beneficio propio, a los más desprevenidos? 

“Aquí todo está quieto, porque cada uno hace lo que quiere (…)”, sentenciaba Juan Egaña en el Chile del siglo XIX. 

Una meta económica diseñada para satisfacer a grupos empresariales ávidos de utilidades gigantescas ha arrasado con la sensibilidad colectiva, desvirtuando la política, el trabajo, la educación, la salud, el papel de los medios, el deporte y otras actividades fundamentales de la convivencia social, a cambio, en definitiva, de una ensoñación sobre el desarrollo, de un letargo intelectual y valórico, de una rutina materialista y consumista. Los estudiosos civiles y religiosos que podrían poner una voz de alerta sobre el sentido de la vida humana en sociedad son impulsados a la obsecuencia con la realidad generada y a quedarse discretamente en zaga. 

“Business as usual” (El negocio, como siempre), se escucha en medios radiales transnacionales.

Desnacionalidad 

He aquí algunos hechos de la historia política de esta parte del continente: 

1904: Empresas estadounidenses comienzan a explotar yacimientos de cobre en territorio chileno.

1938-1952: El Estado chileno, gobernado por una alianza política encabezada por el Partido Radical, impulsa la industrialización del país. 

1955: Llega la misión económica asesora estadounidense Klein-Saks, promovida por El Mercurio y considerada la inspiradora del proyecto neoliberal en el país. 

1967: El Estado chileno inicia la adquisición del 51 por ciento de la propiedad accionaria de los yacimientos de la gran minería del cobre, proceso denominado “Chilenización del cobre”. 

1971: El Congreso Nacional aprueba por unanimidad, durante el gobierno de Salvador Allende, la nacionalización de los yacimientos de cobre, denominado ya “el sueldo de Chile”. 

1973: Golpe de estado en Chile. El gobierno estadounidense aparece relacionado, según un informe de la comisión especial del Senado norteamericano. 

1981: La dictadura establece la “concesión plena” para los inversionistas privados del cobre. 

1988: Augusto Pinochet pierde el plebiscito que le permitiría eventualmente continuar en el poder. El gobierno estadounidense, representado en Chile por su embajador Harry Barnes, influye en la derrota. 

1990: Asume Patricio Aylwin, el primer Presidente elegido democráticamente tras la dictadura. Se profundiza un proceso llamado “Desnacionalización del cobre”, que permitiría que más de dos tercios de la producción nacional del metal quedara en manos privadas y extranjeras. 

1993-2009: Los Presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet reciben la medalla de oro de la organización de empresas transnacionales norteamericanas Americas Society. 

2010: La ex Presidenta Michelle Bachelet es nombrada como primera directora de las Naciones Unidas para la mujer. 

2011: El Presidente Sebastián Piñera asegura a la organización de empresas transnacionales norteamericanas Americas Society que “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”. 

2018: La ex Presidenta Michelle Bachelet es nombrada alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos. 

2018: La Corte Internacional de Justicia de La Haya rechaza la reclamación de Bolivia contra Chile por negociaciones sobre una salida soberana al mar. El empresario transnacional chileno Andrónico Luksic, propietario del holding nortino Antofagasta Minerals, lo celebra públicamente. 

2018: El Presidente Sebastián Piñera exhibe, en presencia de su par norteamericano y ante la prensa mundial, la imagen de una pequeña bandera chilena incrustada en la norteamericana y declara: “Chile está en el corazón de Estados Unidos”. 

2018: El cientista político democratacristiano y ex ministro de la Concertación Genaro Arriagada, coordinador de la campaña del No a Pinochet en 1988, declara en The Clinic: “El país es una mierda, pero es el mejor de la región (latinoamericana)”.

Julio Frank S.

Imagen: Presidente Sebastián Piñera, Washington, 28-9-2018, eldinamo.cl