Las cookies de este sitio se usan para personalizar el contenido y los anuncios, para ofrecer funciones de medios sociales y para analizar el tráfico. Además, compartimos información sobre el uso que haga del sitio web con nuestros partners de medios sociales, de publicidad y de análisis web. Ver detalles

28/11/18

Peligro en las veredas santiaguinas


Un peatón escapó con suerte de ser atropellado por un ciclista (al menos, eso parecía), pero no de los golpes que éste le propinó tras serle enrostrado su riesgoso comportamiento sobre la vereda. La víctima, que declaró haber sufrido la fractura de una de sus rodillas y fue hospitalizada, publicó lo ocurrido en su cuenta de Twitter. La alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, calificó lo sucedido como “inaceptable” y anunció que la Municipalidad lo indagaría. 

Hace sólo algunas semanas entró en vigencia en Chile la denominada “Ley de Convivencia Vial”, que sanciona, entre otras, una de las escenas más habituales observables en el inquietante tránsito capitalino: ciclistas desplazándose por donde no les corresponde, arriesgando su vida y la de los demás fuera de las ciclovías, con cruces sorpresivos y temerarios en la calle, ocupando veredas peatonales y a velocidad imprudente. (Aunque los peatones tampoco están libres de cargos: muchos disfrutan de la comodidad de una vía pavimentada destinada exclusivamente a ciclistas). 

El caso referido ocurrió en una comuna céntrica, muy concurrida y de vecinos pudientes. Muchos más quedan sin denuncia en calles alejadas del centro, solitarias y particularmente propicias para los más inciviles, que aprovechan la abundancia de normas ineficaces y la escasez de buenos ejemplos. 

En su segundo gobierno, el Presidente en ejercicio volvió a predecir que este país será desarrollado en un plazo relativamente corto. Pensaba seguramente en la marcha de la economía, que es su fuerte. No se prevé un desarrollo genuino y profundo, como se le conoce en el hemisferio norte, pues el Chile del siglo XXI carece de los sustentos básicos que muestran los modelos: historia nacional unificadora, identidad cultural propia y sanas costumbres cívicas. 

J.F.S.

Imagen: Calles Suecia/El Vergel, Providencia, 26-11-2018, twitter.com/Don_Ale

30/10/18

El precio del “sueño chileno”

Sus gobernantes le facilitan inversiones foráneas, adquieren en ella especialización y estatus, adhieren a su política transnacional, reciben medallas e incluso mezclan emblemas nacionales y brindan con la primera potencia del mundo. Sus gobernados, con una mentalidad competitiva, se concentran en la búsqueda del éxito económico individual y el consumo de las maravillas de la modernidad. No es difícil averiguar dónde se inspira y descansa la cara A del “modelo” chileno. 

Desde la Independencia se ha alabado el sentido de “equilibrio, orden y moderación” del carácter nacional o su parsimonia para enfrentar los avatares de la subsistencia. Los grupos dirigentes locales se han mostrado abiertos a la participación económica y la influencia cultural extranjeras, en particular las anglosajonas. Se motejaba a los chilenos como “los ingleses de Sudamérica”, aunque ahora, dado el traspaso de potencia e injerencia en la política internacional, podrían ser llamados “los norteamericanos de Sudamérica”. Si antiguamente se admiraba aquí el garbo inglés y su calculadora eficiencia, y se aceptaba su ambición genética por la conquista territorial y cultural, ha sido la rústica convicción estadounidense sobre el éxito económico y la expansión de sus intereses lo que se ha impuesto después y con nuevos bríos. 

Los habitantes de este delgado territorio son convocados diariamente hoy a experimentar una especie de “sueño (norte)americano”, la búsqueda de un triunfo equivalente al talento y el esfuerzo personales desplegados, lo que derivaría inevitablemente, además, en el engrandecimiento del país.

Lo primero, al menos, está a la vista. Los negocios y emprendimientos independientes de todo tipo y tamaño, el ilimitado acceso a bienes muebles, inmuebles y fungibles, la amplia oferta educacional, el sorprendente consumo gastronómico, los crecientes viajes nacionales e internacionales, la disponibilidad de tecnología digital en todo momento e incluso un generoso e inédito calendario anual de días de asueto no son evidencias de un país pobre o estancado. Que lo digan los miles de argentinos, peruanos, colombianos, venezolanos y haitianos inmigrantes, y los millones que lo envidian a través de los medios de comunicación. 

Pero se trata de un modelo “a la chilena”. Ocurre que la mayoría de la población no está en condiciones de subirse al carro de la victoria por impulso propio, dado que el auge no comprende remuneraciones equitativas, estabilidad para el empleo dependiente ni todos los incentivos que necesitan los emprendedores pequeños. Históricamente gobernados por una elite político-económica cerrada y aglutinadora de la riqueza nacional –salvo excepciones, como el derrocado gobierno de Allende-, gran parte de los “soñadores” ha tenido que proceder dentro de su ya delimitado alcance, comenzando por la herramienta clásica que les ofrece el sistema: un expedito y tentador, aunque riesgoso, endeudamiento rotativo. Esta solución les permite usufructuar de bienes a los que en circunstancias normales no habrían podido acceder, pero les obliga a un pago regular que compromete muchas veces el ingreso mensual y está sujeto a subidos intereses, eventuales multas y, en el peor de los casos, a un embargo judicial que podría significarles empobrecimiento. 

“Todos lo hacen” 

En su ansiedad por no quedarse abajo, los más incómodos en la pirámide socioeconómica han asumido a su manera el camino más próximo y directo ya consagrado: el comercio. La transacción de productos y artículos de toda clase, rubro, volumen, calidad e incluso legalidad se ha convertido así en un protagonista sin contrapeso a todo nivel, al punto que, mientras las grandes empresas se apuran con las ofertas navideñas ya en octubre, celebran los días de la madre y el padre a modo de “ciber-days” e incorporan a periodistas como anunciadores, el aparentemente modesto y postergado vendedor ambulante se dota de los aparatos técnicos necesarios para irrumpir libremente con su mercadería en el transporte masivo –incluyendo vagones del Metro-, salas de hospitales y hasta bibliotecas públicas. 

Si líderes políticos, empresariales, militares y eclesiales, con privilegiada educación, dan un ejemplo del uso de oportunidades torciendo la ley y la ética, ¿por qué no aprovechar la posibilidad de mortificar un poco, en beneficio propio, a los más desprevenidos? 

“Aquí todo está quieto, porque cada uno hace lo que quiere (…)”, sentenciaba Juan Egaña en el Chile del siglo XIX. 

Una meta económica diseñada para satisfacer a grupos empresariales ávidos de utilidades gigantescas ha arrasado con la sensibilidad colectiva, desvirtuando la política, el trabajo, la educación, la salud, el papel de los medios, el deporte y otras actividades fundamentales de la convivencia social, a cambio, en definitiva, de una ensoñación sobre el desarrollo, de un letargo intelectual y valórico, de una rutina materialista y consumista. Los estudiosos civiles y religiosos que podrían poner una voz de alerta sobre el sentido de la vida humana en sociedad son impulsados a la obsecuencia con la realidad generada y a quedarse discretamente en zaga. 

“Business as usual” (El negocio, como siempre), se escucha en medios radiales transnacionales.

Desnacionalidad 

He aquí algunos hechos de la historia política de esta parte del continente: 

1904: Empresas estadounidenses comienzan a explotar yacimientos de cobre en territorio chileno.

1938-1952: El Estado chileno, gobernado por una alianza política encabezada por el Partido Radical, impulsa la industrialización del país. 

1955: Llega la misión económica asesora estadounidense Klein-Saks, promovida por El Mercurio y considerada la inspiradora del proyecto neoliberal en el país. 

1967: El Estado chileno inicia la adquisición del 51 por ciento de la propiedad accionaria de los yacimientos de la gran minería del cobre, proceso denominado “Chilenización del cobre”. 

1971: El Congreso Nacional aprueba por unanimidad, durante el gobierno de Salvador Allende, la nacionalización de los yacimientos de cobre, denominado ya “el sueldo de Chile”. 

1973: Golpe de estado en Chile. El gobierno estadounidense aparece relacionado, según un informe de la comisión especial del Senado norteamericano. 

1981: La dictadura establece la “concesión plena” para los inversionistas privados del cobre. 

1988: Augusto Pinochet pierde el plebiscito que le permitiría eventualmente continuar en el poder. El gobierno estadounidense, representado en Chile por su embajador Harry Barnes, influye en la derrota. 

1990: Asume Patricio Aylwin, el primer Presidente elegido democráticamente tras la dictadura. Se profundiza un proceso llamado “Desnacionalización del cobre”, que permitiría que más de dos tercios de la producción nacional del metal quedara en manos privadas y extranjeras. 

1993-2009: Los Presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet reciben la medalla de oro de la organización de empresas transnacionales norteamericanas Americas Society. 

2010: La ex Presidenta Michelle Bachelet es nombrada como primera directora de las Naciones Unidas para la mujer. 

2011: El Presidente Sebastián Piñera asegura a la organización de empresas transnacionales norteamericanas Americas Society que “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”. 

2018: La ex Presidenta Michelle Bachelet es nombrada alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos. 

2018: La Corte Internacional de Justicia de La Haya rechaza la reclamación de Bolivia contra Chile por negociaciones sobre una salida soberana al mar. El empresario transnacional chileno Andrónico Luksic, propietario del holding nortino Antofagasta Minerals, lo celebra públicamente. 

2018: El Presidente Sebastián Piñera exhibe, en presencia de su par norteamericano y ante la prensa mundial, la imagen de una pequeña bandera chilena incrustada en la norteamericana y declara: “Chile está en el corazón de Estados Unidos”. 

2018: El cientista político democratacristiano y ex ministro de la Concertación Genaro Arriagada, coordinador de la campaña del No a Pinochet en 1988, declara en The Clinic: “El país es una mierda, pero es el mejor de la región (latinoamericana)”.

Julio Frank S.

Imagen: Presidente Sebastián Piñera, Washington, 28-9-2018, eldinamo.cl

25/9/18

Una izquierda absorbida por la derecha

La izquierda y la centroizquierda chilenas celebran los 30 años desde el “No” a Pinochet en calidad de copartícipes de la sociedad individualista, despolitizada, consumista y capitalista (!) pensada y diseñada por los herederos del dictador.

Tanto dirigentes de la ex Concertación como del Partido Comunista anunciaron la celebración del trigésimo aniversario del “triunfo de la democracia” en el plebiscito que derrotó a Pinochet el 5 de octubre de 1988. Los convocantes que pertenecieron a la autoproclamada “coalición política más exitosa de la historia de Chile” se enorgullecen de que el país haya cambiado, pero eluden hacer precisiones sobre si se trata exactamente de lo que prometían en aquella época.

Ya no hay dictadura, pero sobreviven los amarres destinados a proteger su herencia (economía mercadista y capitalista, servicios básicos privatizados, restricción de la participación social). Cesaron la persecución y los crímenes políticos, reemplazados por la discriminación y las sanciones socioeconómicas (despidos sumarios, abuso y marginación laboral, desigualdad social). Reverdeció el concepto de democracia, pero no como participación colectiva sino como libertad individual, materialista y consumista. Retornó el estado de derecho, pero manipulando la legalidad y desvalorizando la ética. Se habla de país, pero cediendo sus riquezas naturales y su cultura popular a intereses transnacionales.

Volvió el sufragio universal, aunque terminó sellando campañas electorales escuálidas en ideas y dudosas en su financiamiento.

País concesionado

No abruma a aquellos dirigentes el expansivo protagonismo transnacional por sobre el propio, sustentado en normativas laxas, con debate excluyente, “express”, algunas de las cuales atentan contra la soberanía nacional, como la del cobre. Más de dos tercios del mayor recurso natural de la nación enriquecen a inversionistas extranjeros de manera casi inexpropiable, ya que el Estado chileno debería indemnizarles, dado el caso, con una suma estratosférica.

Aceptan que la economía nacional esté sustentada en el negocio privado y el comercio descontrolado en forma difícilmente reversible.

Asumen, además, impasibles, cómo las dos empresas periodísticas salvadas por el dictador continúan orientando unilateralmente la información pública nacional con una pauta mercantil y rutinaria. Se desentienden, asimismo, de su responsabilidad en el trastoque de la afición deportiva popular en simple consumo de entretención, proceso iniciado con la quiebra de las dos instituciones de mayor convocatoria solicitada por el ahora sí riguroso Fisco, continuado por ley de sociedades anónimas deportivas y terminado en las manos de grupos económicos.

Autoconvertidos en “clase política” junto a sus pares de la derecha para demostrar privilegio, se han sumado, por acción u omisión, a la defensa cerrada de la libertad individual y de la lucha diaria por el bienestar propio y familiar (para buscar el bien nacional están ellos) incluso mediante recursos o estrategias desapegados de la ética, así como a la cínica falacia que abusos e injusticias ya conocidos son mucho menos riesgosos que soluciones por conocer.

Acaban de constatar uno de sus grandes logros. Durante el “fin de semana largo” de Fiestas Patrias -de registro mundial, cinco días seguidos de asueto formal e informal, extensibles a nueve y con ánimo preparado con la debida antelación-, miles de automovilistas despejaron la capital buscando solaz o descanso, atochando las concesionadas carreteras y poniendo en emergencia informativa a los medios de comunicación. Más allá de esa demostración de estatus, algunos accidentes de tránsito y la lluvia que estropeó fondas y (en)ramadas, ¿qué temas ad hoc rondaron la celebración de este excepcional 208° aniversario patrio? Asunto de cada uno.

Asombrosa alianza

Perseguidos, incomodados y acomodados al final, los próceres de la izquierda chilena –y de la centroizquierda, incorporando a democratacristianos y radicales- terminaron acatando, validando y fortaleciendo el sistema contrario a sus ideas históricas que su adversario tradicional, la derecha, pudo imponer aprovechando la ausencia de democracia (algunos hablan de dictadura cívico-militar). Durante 30 años, han llegado a soportar insólitas lecciones de civismo, como el recientemente anunciado “Museo de la Democracia”, por oposición al Museo de la Memoria, el que ilustra las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen golpista. Más aún, han sido estimulados a experimentar cuán exitosos pueden ser también en el efervescente mercado de capitales, como fue el caso de su partido más emblemático, el de Allende, el Socialista.

Sus ideales clásicos, como la igualdad social, la exaltación de los trabajadores y el Estado como actor de primer orden, naufragaron en las aguas de la competencia libre y permanente tras el éxito económico personal, movidas eficazmente por sus contendores neoliberales. Ahora, impotentes, como siempre, ante los cerrojos constitucionales, pero acicateados desde potencias y organismos globalizantes, se arropan con la reivindicación de derechos de minorías en los cuales la derecha ha perdido unanimidad, como los llamados “temas valóricos”, prefiriendo, acaso como último estandarte que pudiera diferenciarles de sus aparentes opositores, completar la tarea de atomización de la sociedad apuntando al núcleo familiar.

Esos líderes han compartido la construcción de una sociedad teóricamente ajena, pero que funciona proporcionando al menos una mínima tranquilidad pública para facilitar un tránsito uniforme hacia el progreso material. Poco para una nación que otrora fuera respetada internacionalmente más por su desarrollo político que por su ingreso per cápita, la misma que ahora defiende su patrimonio territorial de pequeños reclamos vecinales para rentarlo a bajo precio a grandes ambiciones multinacionales.

La Concertación y sus gobiernos contribuyeron desde el comienzo desarticulando la crítica y la protesta  social y desmovilizando a la ciudadanía mayoritaria que había derrotado con un lápiz al dictador, para dar el paso que definiría la historia del nuevo pueblo chileno: asociarse indefinidamente con la oposición pinochetista para construir una democracia “en la medida de lo posible”.

De tal modo, aunque continúen rechazando (verbalmente) el capitalismo llamándole salvaje y los abusos de siempre contra los pobres, y se alarmen ahora por la creciente aunque explicable abstención electoral, abrazaron junto a la derecha la batalla encandilante por la prosperidad económica individual como el gran deber nacional. Callan y ocultan, sin embargo, que el mayor mérito corresponde precisamente a sus tradicionales rivales-socios, al pinochetismo inspirador y, delante de éstos, a grandes capitalistas en libre acción, productivos empresarios socialmente insensibles y no pocos “cómplices pasivos” de crímenes de lesa humanidad.

“Hay que cuidar a los ricos para que den más”, dijo Pinochet en 1988. Esa frase no perdió el plebiscito.

¿Qué celebrar?

Dado que nada parece insólito, absurdo o incorrecto si logra financiarse y adaptarse a la realidad más bien virtual del siglo XXI, ¿qué tendría que celebrarse el 5 de octubre, sino el comienzo de la más larga y exitosa absorción de un sector político por su adversario en la historia de Chile?

Julio Frank S.

31/8/18

Políticos con marcha atrás

Durante los últimos siete años, en todos los partidos de la izquierda y la centroizquierda chilenas, incluyendo parlamentarios, hubo acuerdos y algunas gestiones en favor del proyecto común más trascendente que pueden asumir los habitantes de un país: una nueva Constitución vía Asamblea Constituyente. Hoy, ni siquiera hablan de lo que ellos mismos propusieron.

Si la ex “Nueva Mayoría” –ex Concertación, a su vez-, apoyada por la nueva izquierda agrupada en el Frente Amplio, ha promovido con persistencia en general los llamados “temas valóricos” –aborto, transexualidad, eutanasia, matrimonio homosexual-, en materias de mayoría, especialmente el derecho a una Constitución redactada con participación popular directa a través de una Asamblea Constituyente, no ha mostrado igual convicción y proactividad. Pese a que ellos mismos lo plantearon, ahora lo dejan desaparecer de la agenda pública.

Continuos fracasos políticos e incluso electorales, así como retractaciones personales de altos dirigentes, permiten entenderlo.

En reversa

En mayo de 2011, durante el primer gobierno de Sebastián Piñera y en medio de las manifestaciones estudiantiles más masivas desde el término de la dictadura, el XXIX Congreso del Partido Socialista de Chile proclamó la necesidad de una nueva Constitución, “que deberá surgir de una Asamblea Constituyente”, declaraba. Lo reafirmaron personalmente Osvaldo Andrade, diputado y presidente del PS, y Alvaro Elizalde, vicepresidente y actual senador y presidente del partido. Sus aliados de la entonces Concertación les acompañaron en la presentación de sendos proyectos de ley sobre convocatoria a una AC, dos meses después, e instalación de una cuarta urna electoral para el pronunciamiento ciudadano al respecto, en septiembre de 2012, asegurando que interpretaban así el sentir de las movilizaciones sociales.

No continuaron, sin embargo, con la iniciativa. Andrade, incluso, se retractó públicamente en 2014.

DC de siempre

También en septiembre de 2012, los líderes democratacristianos Fuad Chahín y Alberto Undurraga encabezaron el encuentro público “Nueva Constitución y Asamblea Constituyente”, manifestando una posición proclive a una idea de esa naturaleza y enviando un mensaje a su dirigencia, conservadora en este aspecto.

Años más tarde, no obstante, Chahín –actual presidente de su partido- fue uno de los obstáculos de lo proyectado, como miembro de la comisión de Constitución de la Cámara de Diputados. De Undurraga, después ministro de Bachelet, no se supo más en cuanto al tema.

PPD y PRSD

En 2015, el Partido Por la Democracia se sumó a la propuesta de una AC. Carolina Tohá, una de sus connotadas militantes, había adelantado en 2009, como ministra secretaria general de Gobierno, la necesidad de una Asamblea Constituyente en Chile. Pero ni ella ni su partido -presidido hoy por Heraldo Muñoz, ex canciller de Bachelet y ex embajador político ante la ONU y la OEA- volvieron a referirse a lo propuesto.

El ex presidente del Partido Radical Social Demócrata y uno de los dirigentes históricos de la Concertación, Enrique Silva Cimma, fue uno de los grandes promotores de una salida constituyente para lo que ya se consideraba una crisis política. Sus sucesores carecieron de su ímpetu.

PC bacheletista

El Partido Comunista no temió actuar en la clandestinidad durante la dictadura, pero se aburrió de hacerlo al margen del sistema neoliberal subsiguiente y adhirió formalmente a la segunda candidatura presidencial de Bachelet en 2013. Explicó que ésta encarnaba muchas de sus propuestas históricas y disciplinadamente, como es su costumbre, apoyó los proyectos de la gobernante.

El mayor de éstos, sin embargo, consistió en un “proceso constituyente” hechizo, no vinculante, dirigido por el gobierno y rechazado de antemano por la derecha.

Bancada “transversal”

En junio de 2014, en pleno gobierno de la “Nueva Mayoría”, se constituyó la llamada “Bancada Transversal de Parlamentarios por la Asamblea Constituyente para un Nuevo Chile”, compuesta por diputados tanto del oficialismo como independientes adscritos después al Frente Amplio.

En abril de 2015, más de 50 diputados –de un total de 120- presentaron un proyecto de ley para convocar a un plebiscito sobre Asamblea Constituyente, que terminó, como los ya citados, en el dormitorio del Congreso, pese a que una de sus promotoras, la diputada socialista Maya Fernández, asumió la presidencia de la Cámara Baja el presente año.

FA: Rápido aprendizaje

Disidente en general de la alicaída centroizquierda, el llamado Frente Amplio –igual que la coalición progresista uruguaya- participó por primera vez en una elección presidencial en 2017 haciendo suyas, entre otras, dos grandes y ambiciosas propuestas políticas: Asamblea Constituyente para una nueva Constitución y “No más AFP”, es decir, el reemplazo del actual sistema de previsión social de carácter privado por uno solidario. Pese a su sorprendente apoyo electoral -20 por ciento de los votos-, sus jóvenes dirigentes optaron por llamar a votar en la segunda vuelta por el candidato bacheletista (Alejandro Guillier)… y perdieron.

Hoy han retenido esos grandes temas, admitiendo la derrota, y algunos de sus líderes han manifestado ya la conveniencia de “dialogar”.

Demasía

Con tal fragilidad de convicciones en quienes deben conducir un país, es demasiado pedir que una campaña tan exigente como la de una Asamblea Constituyente sea encabezada por quienes deben ser conducidos. Pese a esfuerzos loables en tal sentido, la acomodaticia actitud política obligó a éstos a actuar cuesta arriba. El coordinador de un movimiento ciudadano, Gustavo Ruz, intentó ser candidato presidencial en 2013, pero careció de los recursos necesarios y no pudo reunir las firmas requeridas. Y una campaña que pareció exitosa, “Marca tu voto”, terminó quedándose en el bacheletismo y su dudoso y afortunadamente estancado “proceso constituyente”.

Julio Frank S.

Imagen: Boceto de la campaña ciudadana de marcado del voto en 2009, J.F.S.

29/7/18

Panorama chilensis

Algunas noticias ocurridas durante las últimas semanas en un país en imperturbable marcha.

Más de diez millones de chilenos, el 60 por ciento de la población del país, podrán recibir una compensación económica única ascendente a 7 mil pesos (10,8 dólares) durante los próximos meses, por la gigantesca y prolongada colusión empresarial cometida durante diez años en el mercado del papel higiénico 
(sin sanción penal), cuyo fraude se calcula en 7 veces al menos el total por compensar. 

Los mismos ciudadanos, como afiliados a las administradoras de sus fondos previsionales (AFP), podrán acogerse a los beneficios especiales creados por dichas empresas privadas, consistentes en descuentos por compras en diversas tiendas comerciales, mientras sus ahorros –y futura pensión- siguen cayendo junto a la Bolsa de Comercio (y a la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China). 

El cardenal y arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, es citado a declarar como imputado en el caso por presunto encubrimiento de abusos sexuales de sacerdotes católicos contra menores de edad. 

Natalia Compagnon, nuera de la ex Presidenta Michelle Bachelet, es condenada a 541 días de presidio remitido (es decir, sin cárcel), tras ser declarada culpable de delito tributario. 

Desconocidos disparan contra un grupo de hinchas de la “U” que habían acudido al entrenamiento del plantel y hieren a tres personas. El arquero Johnny Herrera culpa a barristas rivales. 

Dos personas octogenarias que sufrían enfermedades terminales mueren a bala en Santiago; se presume que una mató a la otra y luego se suicidó. Un niño de sólo un año y medio de edad muere también y su madre queda herida, luego que ésta anunciara por Facebook su decisión de poner fin a “una vida de mierda”. 

Son apuñaladas tres participantes en una manifestación callejera de un movimiento (de protesta) feminista que exigía aborto sin causales. 

Las estimaciones sobre crecimiento económico se recuperan y empinan sobre el 3 por ciento, mientras se anuncia un proyecto de ley para que las pequeñas y medianas empresas puedan por fin cobrar a las grandes en un plazo de… 
30 días

Un feriado y fin de semana “largo” (tres días) permiten una vez más a centenares de miles de automovilistas salir a descansar fuera de la capital -como lo habían hecho sólo dos semanas antes-, aunque con frecuentes atochamientos vehiculares especialmente en autopistas concesionadas a privados. Ahora se aprestan para las Fiestas Patrias, en septiembre venidero, esta vez con un día feriado adicional (lunes 17), lo que hará posible un período de cinco días continuados de asueto masivo. 

J.F.S.

8/7/18

Comicidad en el Parlamento


El diputado del Frente Amplio y cantante popular Raúl Alarcón, conocido artísticamente como “Florcita Motuda”, presentó en la sala de la Cámara de Diputados un proyecto de ley destinado a instituir el Día del Rock Chileno el 15 de agosto, recurriendo para ello a su original estilo y estrafalario atuendo e invitando a los demás legisladores a corear su intervención. 

El proyecto, junto con reconocer “expresamente” dicho género musical -nacido y desarrollado en Estados Unidos-, busca estimular y promover a los autores y conjuntos chilenos como “forjadores del patrimonio de la música nacional”, así como preservar la “identidad cultural”. 

El artículo único, además, instruye la realización de actividades y clases alusivas en los establecimientos educacionales de todo el país, a diferencia del recientemente creado Día del Cuequero y la Cuequera -4 de julio-, en el que sólo se debe “propender” a la realización de actividades relacionadas con la cueca, la danza nacional. 

Y qué decir de la educación cívica, erradicada de las aulas chilenas hace veinte años y revivida hace sólo dos y con un énfasis sospechosamente distinto: la relación entre ciudadanos y no la de éstos con el poder político.

J.F.S.

3/6/18

¿A qué ciudadanía le hablan?

Marchas y marchas contra abusos y discriminaciones e instituciones fundamentales azotadas por crisis no parecen remecer a la sociedad chilena. La propia población, orientada al consumo, una engañosa prosperidad y ciertos derechos individuales, lo ha hecho posible, postergando sus aspiraciones comunes superiores y dejando su autoridad sobre lo bueno y lo malo al manejo de una “clase” política pragmática, compacta y tributaria de grandes potencias transnacionales.

A mí nadie me hace callar… ¡Estamos en democracia!”.

La rotunda sentencia podría revelar un acendrado sentido cívico recuperado en Chile tras la dictadura y predominante hoy en este aparentemente estable país. Lo raro fue que su anónimo autor estaba en un salón de lectura de la Biblioteca Nacional y sólo se le había sugerido bajar el alto volumen de su diálogo privado.  

En otra oportunidad, un transeúnte que leía los titulares de un periódico en un quiosco destacaba el alza del precio del petróleo, pero cuando otro le indicó uno que se refería a un escándalo político, dio rápidamente media vuelta y se alejó sin responder. 

Que en la población chilena impere hoy una sensación extraña y recelosa de democracia no era el deseo, pretensión o aspiración que la mayoría antidictadura –incluyendo políticos- manifestara 30 años atrás para restaurar lo que aún se considera el sistema ideal de gobierno. 

Ocurre que después de casi tres décadas de política cupular, organizaciones de la base social desmovilizadas por aquélla, administración estatal atada de manos especialmente en economía y cultura, insólitas granjerías a los negocios multinacionales y compromisos prioritarios con el exterior, a la ciudadanía del siglo XXI le ha quedado meridianamente claro a qué tiene que adherir, qué derechos puede ejercer y qué debe tolerar para poder sobrevivir y relativamente prosperar en un país así reconstruido. Tiene, según esto, que coincidir en que la política es exclusivamente para los políticos; que éstos deben actuar necesariamente bajo la hegemonía globalizadora de las grandes potencias y que la economía, por lo tanto, ha de tratar con privilegios a los grandes capitales foráneos; y que dentro de la variedad de derechos que una democracia auténtica asegura sólo los individuales, aquellos que no disienten o impugnan la institucionalidad y el poder ya en vigor –y que son llamados por éstos, sin embargo, “ciudadanos”- pueden ser aceptables y susceptibles al menos de estudio. 

Las tan alabadas movilizaciones sociales de los últimos años así lo confirman.

Movilizaciones a medias 

Ha habido demandas estudiantiles por una administración educacional que evite la devoción por el lucro; de jubilados y activos exigiendo su dinero en pensiones dignas a un sistema previsional que lo utiliza para enriquecer a sus administradores; de profesores por una carrera docente acorde con el sentido de la educación; de mujeres que sólo ahora reaccionan contra la discriminación y la violencia de género; de trabajadores que luchan por tener un empleo estable, sueldos decentes y no ser humillantemente despedidos; de pobladores amenazados por la contaminación ambiental proveniente de grandes negocios; de promotores de la diversidad sexual esgrimiendo derechos ya consagrados en otros países. Todas ellas, no obstante, han respirado por su propia herida y demandado soluciones puntuales, sectoriales. Y tales han sido también las respuestas y tramitaciones burocráticas recibidas. 

Una salida directa, nacional y de mayor permanencia no ha estado en sus planes. Algunos lo intentaron a través de una larga y esforzada campaña que proponía convocar a una asamblea constituyente que permitiera eliminar el origen común de las inequidades denunciadas –la Constitución pinochetista-, pero el movimiento terminó distorsionado y desechado por los conductores del país, descalificado por el gremio empresarial y apocado por sus dominantes medios de comunicación, todos, con una presunta e interesada ignorancia, adjudicando lo propuesto sólo a naciones en el caos. La soberanía popular, el primero de los derechos democráticos, no está entre lo practicado y enseñado en el país. 

Bastó, una vez más, la simple administración de las instituciones modeladas por la dictadura –Tribunal Constitucional y Congreso largamente binominal incluidos- para sofocar y desalentar las grandes manifestaciones de descontento popular, por gigantescas y persistentes que ellas fuesen, y devolver a la opinión pública a su rutinario y poco trascendente debate sobre política de elite y eslóganes, ficción farandulesca y fútbol-espectáculo, lleno de posverdades y lugares comunes, reproducido estratégicamente por los consorcios mediáticos y conducido en buena parte por periodistas anunciadores de ofertas comerciales. Las reivindicaciones y críticas de fondo han quedado para el mundo virtual de las así denominadas “redes sociales”. 

Más consumo, más temor 

La población, en general, ha observado con cierta distancia los sucesivos y escandalosos casos de corrupción detectados en los últimos años en el país, que han desprestigiado principalmente la política, empresas y grupos económicos de primera línea, la policía uniformada, el Ejército y la Iglesia Católica. En los políticos en ejercicio, a su vez, ha predominado la única respuesta para la cual parecen realmente capacitados: más leyes, más normas que subsanen las ya vulneradas y así sucesivamente (con especial atención a las que les protegen de la competencia de los independientes). 

Aun así, comparado con la magnitud de las corruptelas y calamidades desatadas en otros países, Chile podría creerse un edén si no fuera por un “terrorismo” casero, asentado y extendido que le ofrece un cable a tierra: la delincuencia común. Hace algunos días, un joven irrumpió en un hogar para robar, se encontró con una pareja mayor y su hijo enfermo, en cama, y ultimó fríamente a la mujer que se le opuso. Otro delito muy temido es el llamado “portonazo”, asalto perpetrado cuando el conductor de un vehículo se detiene y baja frente al portón de su casa. 

Presionada la ciudadanía hacia la búsqueda del sustento diario y el éxito económico cada vez más dependientes del comercio sin control y el consumismo, desconfiada respecto del ejercicio del “arte de gobernar” y con un temor cotidiano a un enemigo desconocido como la delicuencia, la “clase” dirigente chilena siente afianzado un papel casi mesiánico generado en la práctica por el voto popular. Y tal concesión no proviene solamente de la base.

Fiscalización “respetuosa” 

El Ministerio Público chileno pudo llegar hasta los principales líderes nacionales de los últimos diez años -Michelle Bachelet y el actual Presidente, Sebastián Piñera- en su investigación sobre casos de financiamiento ilegal de las campañas, pero un predicamento fiscalizador particularmente “respetuoso” hacia imputados de alto rango político les ha favorecido a priori. En su cuenta pública, el Fiscal Nacional, Jorge Abbott, sostuvo abiertamente que los fiscales debían estar conscientes de que sus decisiones podían “impactar” el funcionamiento de instituciones como el Congreso Nacional y alterar así los quórum de votaciones legislativas y la representación popular misma de sus miembros. 

“Mientras los parlamentarios están desaforados, las personas no están representadas y eso altera la democracia”, agregó más tarde en una entrevista radial. 

Los fiscales Carlos Gajardo y Pablo Norambuena renunciaron a la institución en enero pasado luego que fueran marginados de la investigación de los casos Penta y SQM, que atraviesan de lado a lado la política local. Gajardo explicó que había “antecedentes claros” para seguir ascendiendo en las pesquisas hasta llegar a la ex Presidenta Bachelet y el actual Presidente Piñera, explicando que el jefe administrativo de la pasada campaña de Bachelet, Giorgio Martelli, ya fue condenado por tales hechos y en el caso de Piñera “su administrador electoral está formalizado por estos hechos por montos bastante semejantes, más de 300 millones de pesos (unos 407 mil euros)”, dijo. 

Sólo en diputados del nuevo Frente Amplio -de una izquierda fuera del sistema hasta algunos meses atrás- se percibió alguna reacción, aunque su anuncio sobre una posible solicitud de destitución del Fiscal Nacional sonó tímido… 

Tras el monopolio 

A salvo hasta ahora de acciones judiciales que podrían ponerla en aprietos como a algunos de sus pares sudamericanos, la “clase” política chilena, aquella unida por una coincidencia ideológica no disimulada entre los herederos de la derecha pinochetista y de la izquierda demo-izquierdista “renovada”, parece especialmente expectante ante la crisis desatada en la Iglesia Católica por los casos de pedofilia. Debilitados la autoridad y los dogmas de la mayor institución occidental en materia de espiritualidad y moralidad, tiene una promisoria oportunidad de alcanzar otra apetecida y decisiva meta: el monopolio terrenal sobre el bien y el mal. 

Dado tanto éxito y poder, no resulta imprudente para un chileno de a pie mantenerse a una distancia respetable de su dirigencia política, escucharle de soslayo y dejarle gobernar con cierta libertad, recibir de buena gana los beneficios que le concede como sujeto económico y salir a exigir sus derechos sólo cuando el apremio personal resulte insoportable. 

Es otro tipo de ciudadano, aunque sea sólo de nombre… 

Julio Frank S.

12/3/18

Una Constitución de Bachelet para Piñera

Bachelet no sólo entregó por segunda vez consecutiva el gobierno a su opositor de derecha, sino que esta vez le adjuntó un proyecto de nueva Constitución con reformas negociables y manteniendo intacto el dogma fundamental: la ciudadanía debe seguir al margen de las decisiones políticas y volcada hacia sus asuntos personales (empleo, familia, sexualidad). 

Los poderes del nuevo Presidente de esta república, Sebastián Piñera, recibidos por segunda vez consecutiva de la que, se suponía, era una contendora insuperable, Michelle Bachelet, llegaron con una “marraqueta” bajo el brazo: un proyecto de ley de reforma que establece una nueva Constitución Politica para el país. Y aunque a él nunca le ha simpatizado este tema y ha llegado dos veces a la Presidencia tratándolo en forma despectiva, ahora tiene una posibilidad de deshacerse del mismo no ignorándolo precisamente, sino más bien buscándole un acomodo en su favor mediante el ya manido “consenso (político) nacional”.

Después de todo, el llamado “proceso constituyente” de Bachelet, que dio inicio a la propuesta, no le resulta descabellado: una consulta popular perfectamente organizada y controlada por el gobierno, con opiniones no vinculantes y revisadas por éste, y una ínfima participación ciudadana, poco más de 200 mil personas, según la cifra oficial. La redacción del texto final, además, fue ajena a los partidos oficialistas y su destinatario directo siempre estuvo meridianamente claro: el Congreso Nacional y su valiosa experiencia en acuerdos político-legislativos estrictamente apegados a la institucionalidad neoliberal en vigor. Nada que se parezca a una Asamblea Constituyente. Nada que concuerde con las campañas en ese sentido realizadas por organizaciones sociales ni con los acuerdos partidarios adoptados en la propia coalición entonces en el gobierno. 

Correspondiente con eso, la mayoría ciudadana, largamente desafectada de la política -excepto cuando siente dañados intereses particulares-, recibió con esperable indiferencia una materia como la presentada, densa, multiforme y asociada interesadamente a salones políticos y jurídicos. La propia autora del nuevo proyecto admitió (en privado) el gran desconocimiento reinante en la población chilena acerca de lo que significa la Constitución de su país; no podía hacerlo públicamente, porque fue la extinta Concertación la principal promotora de tal ignorancia. 

Con tales antecedentes, la ahora ex gobernante procedió en consecuencia.

Pobre soberanía 

“La soberanía reside en la nación”, comienza advirtiendo el artículo 4 del proyecto de Bachelet. Aunque agrega enigmáticamente: “y en sus diversos pueblos indígenas”. Asimismo, y pese al antiguo discurso concertacionista y nuevomayorista contrario a los cerrojos, la propuesta mantiene, en su Capítulo XV, el quórum mínimo de tres quintos de los parlamentarios en ejercicio para aprobar una reforma constitucional. En el caso que el Congreso prefiriera un mecanismo distinto para elaborar una nueva Carta Fundamental, le otorga la posibilidad de convocar a una “Convención Constitucional”, cuya elección, integración, organización, atribuciones y funcionamiento deberán ser determinados por una ley orgánica constitucional, es decir, por los mismos congresistas… y siempre que alcancen un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio. 

La soberanía popular, la autodeterminación de los pueblos, preceptos tradicionales de la democracia, siguen siendo malentendidos y proclamados por nuestros conductores como sinónimo de atraso y violencia, o bien, en el mejor de los casos, como una meta inalcanzable para un pueblo limitado como el chileno. 

Restricciones a la familia y la religión 

El artículo más controversial podría ser el número 1, que si bien reitera que la familia “es el núcleo fundamental de la sociedad”, añade que aquélla tiene “diversas modalidades”. Bachelet, que ya consiguió el aborto –acotado, por el momento- y considera a la familia heterosexual un “estereotipo”, ha puesto urgencia a los proyectos de la llamada “identidad de género” y del matrimonio entre personas del mismo sexo, presión que ya ha conseguido, ayudada por una película, la moderación del rechazo original de parte de la derecha conservadora. 

En consonancia con lo anterior, el N° 14 del artículo 19 de la propuesta bacheletista mantiene en los padres “el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos”, pero lo concede también “a quienes tengan el cuidado personal (de éstos) de acuerdo a la ley”. Un padre o una madre que hubieran perdido la tuición de un hijo por una demanda estatal sobre derechos sexuales, por ejemplo, entenderán fácilmente esa disposición. 

Otro artículo polémico podría ser el 19 N° 9, que garantiza la libertad y el ejercicio de la objeción de conciencia y de todas las creencias y cultos “que no se opongan a lo dispuesto en la ley”. Serán entonces las prácticas leyes, no la deliberante conciencia individual o grupal, las que, según esto, deberán definir el límite de dicha libertad y su ejercicio, junto con someter a control los preceptos éticos y las doctrinas teológicas. Se podrá seguir creyendo en la Humanidad y alabando a Dios… solamente hasta que infrinja lo que ordena una ley. 

Monopolio político 

Nada hay hasta ahora que signifique a los políticos compartir aquella parte de su potestad que les corresponde compartir o que les implique competencia o fiscalización externas. Nada de democracia participativa, de reflexión colectiva ni de prensa capaces de reorientar la política y la economía ultraliberales vigentes, que tienen a la población chilena enfrascada –no toda a disgusto- en los negocios sin control, el consumo sin límites, la ambición individualista y la entretención farandulesca, como si no tuviera pasado ni futuro. Nada que la remeza del prolongado letargo cívico con que ha facilitado el actuar discrecional de los políticos y que muchos de éstos quisieran que fuera eterno. 

Inspiración transnacional 

Bachelet y Piñera representan nítidamente esa errática y cínica política, impuesta precursoramente por la dictadura y desarrollada exitosamente por sus sucesores. Los acuerdos políticos cupulares, la reducción del Estado, el fomento de los negocios multinacionales y el absoluto cumplimiento de una institucionalidad básicamente inalterable han sido reglas comunes a ambos. Coinciden en particular en su agrado por el modelo estadounidense. En 2009, al agradecer (en privado también) el premio de la Americas Society, la Presidenta Bachelet destacó más de una vez la estrategia de Obama. Y el Presidente Piñera, pese a no haberlo recibido (aún), contribuyó en 2011 con una sentencia para el bronce: “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”, dijo a los ejecutivos de las empresas transnacionales que componen la organización. 

Pero ninguno de ellos es un advenedizo. Bachelet arrasó en tres elecciones en 2013 y Piñera obtuvo una amplia mayoría en 2017, autoridad formalmente suficiente para seguir cosechando lo que contribuyen a sembrar. 

La ex Presidenta asumirá un nuevo puesto internacional en la ONU, aunque aseguró que esta vez seguirá opinando sobre política interna, con miras quizá a un tercer mandato y a un reimpulso de sus nuevas ideas. La recibirán fuera, una vez más, con reconocimiento y admiración, escuchándole referir sus avances en educación, derechos femeninos, inmigración, diversidad sexual y ahora nueva Constitución no importando la coherencia ni el resultado de sus proyectos, la apática recepción de éstos por ciudadanos concentrados en sí mismos ni el hecho que el tan elogiado avance económico chileno no hubiera sido posible sin un régimen condenado universalmente: la dictadura de Pinochet.

Julio Frank S.

Foto: Traspaso del mando presidencial, 11 de marzo de 2018, gob.cl

14/12/17

Líderes del Frente Amplio votan por Guillier sin condiciones

Sin intentar negociar bases programáticas ni exigir condiciones políticas para su apoyo, y pese a manifestar públicamente objeciones personales hacia el candidato durante la campaña y adelantar que serán oposición a cualquier gobierno, los principales líderes de la alianza de izquierda Frente Amplio, encabezados por la propia ex candidata presidencial, Beatriz Sánchez, anunciaron que votarán por el representante de la oficialista “Nueva Mayoría” (o “La Fuerza de la Mayoría), Alejandro Guillier, en la segunda vuelta electoral de este domingo 17. Adujeron un “antipiñerismo” que busca evitar un nuevo gobierno de derecha.

He aquí algunos recortes de prensa.


23 de octubre de 2016


10 de diciembre de 2017


28 de noviembre de 2017


5 de diciembre de 2017


13 de diciembre de 2017


J.F.S.

Fuentes: biobiochile.cl, @gabrielboric, emol.com, capital.cl, latercera.com