Las cookies de este sitio se usan para personalizar el contenido y los anuncios, para ofrecer funciones de medios sociales y para analizar el tráfico. Además, compartimos información sobre el uso que haga del sitio web con nuestros partners de medios sociales, de publicidad y de análisis web. Ver detalles

6/5/19

Llamado de la ONU a defender el periodismo


Las personas deberían estar guiadas por la verdad, no por falsedades, a la hora de elegir a sus representantes. Sin embargo, si bien la tecnología ha transformado las formas en que recibimos y compartimos información, a veces se utiliza para engañar a la opinión pública o para alimentar la violencia y el odio”. 

Hago un llamamiento a todas las personas para que defiendan los derechos de los periodistas, cuyos esfuerzos nos ayudan a construir un mundo mejor para todos”. 

Extracto del mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo). 

J.F.S.

Fuente: Naciones Unidas, 29 de abril de 2019, youtube.com

2/4/19

País pinochetizado (II)

El “profundo cambio de mentalidad” de los chilenos, dirigido hacia el esfuerzo individual como “única herramienta válida” de libertad y progreso, fue la gran realización de su gobierno, dijo Pinochet. “Dedíquense a trabajar y no se metan en política”, en otras palabras. Cómo negarlo, si la lucha por la subsistencia diaria y la prosperidad personal ha relegado ideales e intentos colectivos, y dado a la democracia un fin utilitario, plutocrático y rutinario. Y ha conquistado, además, la admiración internacional.

¿Cuál fue la gran “realización” de la dictadura chilena, superior incluso a su visión económica e institucionalidad inexpugnable?

Hace 30 años, perdido el plebiscito y resignado a tener que irse del gobierno, Augusto Pinochet fue entrevistado por el periodista Luciano Vásquez, quien le incluyó, como hizo con otros líderes políticos de entonces, en su libro “Transición a la chilena” (1989). Tras enfatizar allí el dictador que sólo se había esfumado su posibilidad de regir por ocho años más y que su obra no había estado en juego, su evaluación general fue más allá de los resultados que eran evidentes para alcanzar una proyección cultural: se había logrado un “profundo cambio de mentalidad” en los chilenos, quienes tomaron conciencia, agregó, de que el trabajo y el esfuerzo individuales eran las “únicas herramientas válidas” para progresar “en libertad”.

Rodeado y dejándose influir por reconocidos expertos en el modelo económico neoliberal y el blindado sistema institucional neoconservador, en el área de su exclusivo dominio Pinochet impuso lo propio: liderazgo sin competencia y mando armado. Tenía, por lo tanto, algo elemental que exigir a todos: obediencia directa, primero, y acatamiento de su obra cuando ya no mandara.

Y esto, en definitiva, en mayor o menor grado, de buena o mala gana, es lo que se ha podido observar entre sus compatriotas desde que terminó de dictar.

Cambio de mentalidad política

Pinochet encargó el manejo del poder político y la responsabilidad sobre la estabilidad de lo obrado a una elite (“clase política”) cuyo ideario original se daba ya por obsoleto y estaba dispuesta a asumir las nuevas reglas con tareas que, por ello, implicaban más bien una administración. Debía, en el fondo, cogobernar con los nuevos “hombres fuertes” del sistema: antiguos capitalistas sumados a magnates recién enriquecidos, fortalecidos adicionalmente como conglomerados económicos nacionales y transnacionales (los “ricos”).

Ante las nuevas circunstancias, los partidos de la centroizquierda y la izquierda “renovada” chilenas, históricamente opositores a la dictadura, sorprendieron a los diseñadores del modelo y a la ciudadanía que votó por ellos demostrando que podían subsistir y aun prosperar partidariamente bajo una institucionalidad dudosa y hermética, antagónica con las ideas propias, contraria a la democracia participativa y heredada de un dictador derechista.

Rechazaron al creador, pero acataron lo creado.

Así, Aylwin (acérrimo opositor a Allende) reconoció que habría democracia sólo “en la medida de lo posible”; Frei Ruiz-Tagle (cuyo padre y ex Presidente fue muerto durante la dictadura, según la investigación judicial) continuó la privatización de recursos naturales iniciada por Pinochet; Lagos (ya famoso por su “dedo acusador” contra el dictador por televisión) declaró “democrática” la Constitución pinochetista reformada parcialmente y terminó su mandato aplaudido por el gran empresariado; Bachelet (cuyo padre murió luego de ser torturado y ella misma fue torturada) pareció atreverse con un proyecto de nueva Constitución, pero prefirió su carrera internacional a aventurarse con algo que podía hacer tambalear la obra dictatorial: una asamblea constituyente.

No hubo aprensiones, por lo tanto, en la concesión y entrega sistemática, total, exclusiva, preferente o mayoritaria del cobre, el mar territorial, el agua, la energía eléctrica, el empleo, la educación superior, la salud, la previsión, la prensa, la televisión y otros bienes nacionales y sectores de esa importancia y magnitud al imperio, laxamente reglamentado, e intereses específicos de los privados, particularmente los grandes consorcios multinacionales, depositarios del poder económico.

Dicho favoritismo no sólo se tradujo en una marcha preferentemente mercantil del país -no solamente de su economía-, sino también en una actitud clientelista para alimentarlo de parte de los propios encargados de establecer las nuevas normas. Las boletas “ideológicamente falsas” (por servicios no prestados) para el financiamiento de campañas electorales ha sido un recurso ilícito extendido en la política contingente, aunque admitido e investigado solamente durante los últimos años. El senador de la UDI Jaime Orpis, la punta del iceberg, fue desaforado y es enjuiciado por recibir dinero de empresas particularmente interesadas en la Ley de Pesca, que permite grandes concesiones marinas a un puñado de privilegiados solicitantes.

“Hay que ayudar a los ricos para que den más plata (dinero)”, sentenció el dictador en 1988. Y la “clase” política, amparada por la Constitución aludida, le acató transversalmente.

La política, el “arte” de conducir una nación, fue transformada en una función pragmática y un espectáculo farandulesco, y la elección de gobernantes, en un trámite rutinario y lo menos trascendente posible.

Cambio de mentalidad popular

La dictadura y sus ideólogos, sucesores y principales beneficiarios, en consecuencia, pudieron redirigir las aspiraciones y metas populares hacia lo personal, lo privado, de modo de obstruir y desincentivar el desarrollo de ideales colectivos y su promoción en la política y fuera de ella. Alejaron a la ciudadanía (el “pueblo”) de las utopías y proselitismo que habían sido erradicados para centrarla en su trabajo doméstico y el provecho propio, otorgando al consumo de carácter consumista un papel prioritario, seguido por la reducción de los derechos sociales a lo más cercano y directo, especialmente los afectos familiares, y por la manipulación de la delincuencia común, la sexualidad y la violencia intrafamiliar como herramienta de control.

Las masivas y periódicas protestas callejeras de la última década, que pusieron fin a un prolongado letargo político-social y parecieron atacar el sistema en algunos de sus pilares sacrosantos –especialmente la educación y la previsión privadas-, terminaron por afianzar involuntariamente lo que pretendían debilitar. Cientos de miles de personas marcharon con insistencia en 2011 exigiendo “educación pública gratuita y de calidad” -lográndolo sólo en forma parcial-, y otros tantos demandaron en 2016 “No más AFP (administradores privadas de los fondos previsionales)”, a las que acusaban de estafa. Sin embargo, otros cientos de miles y algo más, participando en la manifestación popular realmente vinculante, las elecciones, elevaron por segunda vez a la Presidencia a un empresario millonario, partidario de la educación privada y lucrativa, de más AFP y de la economía de mercado y transnacional como realidades inmutables (e incluso del derrocamiento de gobiernos socialistas en desgracia), aunque, en descargo de los perdedores y en favor del sistema, las alternativas concretas a él no eran diametralmente distintas.

Rechazan lo creado por el dictador, pero acatan a los políticos administradores.

Siguen intocables para los dirigentes sociales de mayor convocatoria, para sus bases, naturalmente, y para muchas de las ardientes, pero inorgánicas redes sociales virtuales, flagelos como el incontrarrestable influjo de las ambiciones transnacionales en la vida de los habitantes de este territorio, cada vez más sobreendeudados y aculturados por grupos económicos que lavan su imagen con espectáculos masivos a cambio de beneficios estatales, y permanentemente bajo la amenaza que un avance social aumentaría el desempleo y disminuiría la inversión privada; como la distorsión informativa mediática, que asemeja y confunde el periodismo con la publicidad, bajo la presión de los mismos consorcios cuyos dominantes medios de comunicación deciden diariamente qué ha de saber y cómo debe actuar la audiencia; como el temor de los conductores del país a encarar y debatir públicamente sobre los problemas más agudos de la sociedad chilena y tratar de resolverlos mediante un proceso político, popular, institucional, participativo y genuinamente democrático.

“Dedíquense a trabajar y no se metan en política” fue el radio de acción demarcado por Pinochet a sus connacionales. Y, en los hechos definitorios, éstos también le han obedecido. En su lucha por la subsistencia cotidiana y la prosperidad personal se impone una falsa noción de democracia, utilitaria, plutocrática y rutinaria, sin oportunidades para aspiraciones e ideales colectivos, lo que ha conquistado… la admiración internacional.

Julio Frank S.

Foto: Augusto Pinochet, Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, commons.wikimedia.org

19/3/19

Menos negocio, más participación y más deporte


Dicen que el fútbol, como disciplina deportiva, es la viva imagen de la sociedad donde se practica y alienta. Pues bien, renunció el presidente de la empresa que arrienda y usufructúa del nombre de la mayor universidad estatal chilena, luego de denunciar amenazas de muerte en su contra y después de que la enorme barra de su equipo, conceptuada como simple consumidora, exigiera el fin de la concesión alterando el normal curso de un partido. 

Desde 2005, deben acogerse a la nueva ley de sociedades anónimas deportivas aquellas instituciones que deseen desarrollar actividades de nivel profesional en este campo. Sus autores buscaron “modernizar” el deporte competitivo a través de un modelo que permitiera una adecuada transparencia y control de la administración de cada una de ellas, lo que no había ocurrido con los antiguos clubes deportivos. Terminaron por caer así las de mayor raigambre y arrastre popular, Colo Colo y Universidad de Chile, agobiadas en este caso por deudas con el Servicio de Impuestos Internos y la Tesorería General de la República, respectivamente. Para poder sobrevivir, tuvieron que dejar de funcionar autónomamente y reducirse a una concesión de empresas privadas. 

Sociedades de inversiones y particulares de primera línea en los negocios y las finanzas locales asumieron entonces la tarea de conducir e intentar lucrar con entidades de gran atracción masiva, incorporadas de este modo a la economía neoliberal imperante. 

Probablemente se dio por supuesto que la ley bastaría para resolver los principales problemas de esta actividad y permitiría enfocarla con optimismo hacia el futuro, pero se dejó en segundo plano un “detalle”: los hinchas. Estos pasaron pronto a simples consumidores, dependientes de tentadoras ofertas externas, especialmente una mayor posibilidad de triunfos, pero sin participación alguna en las decisiones ahora empresariales. Muchos lo aceptaron; otros adoptaron una conducta de rechazo agresiva. 

Azul repintado 

El caso del club deportivo de la Universidad de Chile fue y es especialmente doloroso para sus simpatizantes. Había nacido bajo el alero universitario, compartió esa condición durante décadas con su par de la Universidad Católica ofreciendo espectáculos inolvidables y soportó los embates de la dictadura contra la Universidad cuanto pudo, pero no resistió las irregularidades dirigenciales internas y, finalmente, las reglas de la economía de mercado. 

Una vez en quiebra la Corporación de Fútbol de la Universidad de Chile (Corfuch), la Universidad cedió en arriendo su nombre y su símbolo deportivo (el chuncho) a los concesionarios para que éstos pudieran explotar la imagen institucional y la historia del club, recibiendo a cambio de un pequeño porcentaje de los ingresos anuales de aquéllos y la integración de dos de sus miembros al nuevo directorio -dominado por partidarios de la derecha política- para poder hacer presente, afirmó, “los valores de la Universidad”. 

Los inéditos triunfos iniciales, como la Copa Sudamericana y el tricampeonato nacional, causaron emociones encontradas en la hinchada y las predominantes caídas posteriores terminaron por imponer a los más recalcitrantes. 

Dicho retroceso culminó el pasado sábado 16, cuando parte de los asistentes al estadio Ester Roa Rebolledo de Concepción, resignada a una nueva derrota, lanzó bengalas a la cancha, provocó detonaciones y coreó la salida de la concesionaria Azul Azul y de su presidente, Carlos Heller, lo que obligó al árbitro a suspender temporalmente el partido. Heller, un proactivo y exitoso megaempresario, propietario de multitiendas y medios de comunicación, entre otras empresas, renunció, efectivamente, aduciendo amenazas de muerte en su contra. 

Llamó la atención la discreta cobertura de un sector de la prensa deportiva respecto del comportamiento del público, un tema tratado habitualmente con dureza. El programa radial dedicado a difundir a la institución, llamado precisamente “Sintonía Azul”, abordó lo ocurrido como una hecho más y abrió el lunes 18 con la victoria de Universidad Católica sobre Colo Colo (!). 

Las instituciones deportivas más populares del país no se ven campantes a esta altura como espejos de las nuevas sociedades anónimas administradoras (el directorio de la concesionaria de Colo Colo está dividido en personalismos irreconciliables). Los fanáticos tienen que limitarse a observar pacientemente como clientes… o a protagonizar desmanes. 

A negocio revuelto, ganancia del Canal del Fútbol.

Julio Frank S.

Video: Estadio Ester Roa Rebolledo de Concepción, partido Universidad de Concepción versus Universidad de Chile, 16-3-2019. Antonio Zúñiga, youtube.com

4/3/19

País pinochetizado



"Hay un aspecto que, a mi juicio, tiene fundamental relevancia. Y ese no es otro que el profundo cambio de mentalidad que se ha operado en los chilenos. Cada hombre y mujer de esta tierra se ha dado cuenta del enorme potencial que tiene implícito, así como de que el trabajo y el esfuerzo personal son la única herramienta válida para progresar y crecer en libertad. Por eso creo que ese es el principal logro y realización obtenidos por nuestro gobierno.
Augusto Pinochet Ugarte, 1989.
Fuente: Luciano Vásquez Muruaga, “Transición a la chilena”, 1989.

J.F.S.

Foto: Augusto Pinochet, Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, commons.wikimedia.org

8/1/19

“Fake news” ha habido siempre

En estos días de las fake news (noticias falsas) hay que tener cuidado con lo que uno comenta”, advirtió la alcaldesa de Providencia y ex candidata presidencial de la derecha, Evelyn Matthei. Aludía a las informaciones compartidas en las llamadas redes sociales y su posible efecto en el resto de la población, en relación con el reciente atentado explosivo que hirió a cinco transeúntes en esa comuna del Gran Santiago. 

No son hoy precisamente “días” de “fake news”. Apuntar tan directamente a la potencialidad de la actuación ciudadana en Internet como incubadora favorita de esa peligrosa práctica desvía más bien la atención pública y favorece la estrategia de quienes buscan, desde posiciones sociales mucho más altas, ocultar la larga, oscura y dolorosa saga de los medios de comunicación tradicionales en esta materia. Se olvida, sin ir más lejos, que este país fue súbdito y es legatario de la soberana de la desinformación: la dictadura. 

Es cierto que la multiplicidad de personas y conexiones en el inmensurable ciberespacio se conjuga con la diversidad de fuentes de información de cualquier género y calibre para hacer inviable la prevención de tal contenido y facilitar el ocultamiento y la impunidad del infractor. Pero también lo es que aquellos difusores de falsedades amparados en grandes grupos mediáticos, que exhiben con su uso resultados mucho más concretos y perdurables, han recibido un trato benevolente y hasta generoso de parte de la legislatura, lo que les ha permitido seguir mirando de frente y prosperando no obstante el daño causado a la audiencia víctima. 

Basta citar algunos puntos negros de dicho ejercicio, en particular el del buque insignia de la prensa nacional y modelo informativo, formativo e histórico de la sociedad chilena –El Mercurio- y el de los agobiantes canales de la televisión abierta. Y recordar, por ejemplo, el titular “Exterminados como ratones” de La Segunda en 1975, para referirse a la matanza de más de cien personas detenidas por las fuerzas represoras. O el montaje gráfico de El Mercurio -derivado en querella y procesamiento de su director y propietario-, que inculpó a dos personas inocentes como instigadoras de los disturbios que opacaron una de las actividades del Papa Juan Pablo II en el país en 1987. O la campaña comunicacional de la central de inteligencia estadounidense (CIA) contra Allende, antes y durante su gobierno, en la que también estuvo involucrado el llamado decano. O la sistemática e interminable desinformación proveniente de las estaciones televisivas durante la dictadura, encabezadas por el canal del Estado, imagen lavada hoy por un régimen político-económico abierto pero nunca tanto como para reinstaurar el pluralismo o erradicar la tergiversación y la censura

Un colega y editor de esos medios me manifestó una vez sus dudas acerca del grado de veracidad que los blogueros podían asegurar. En lugar de buscar garantías, debí responderle simplemente que tenía yo la misma sensación… respecto del suyo. 

No es ésta “la época” de las “fake news”. Fue inaugurada hace muchísimo tiempo, cuando surgió la primitiva necesidad de comunicarse, y consolidada luego cuando los imperios y gobiernos lo requirieron. Y antes de que los periodistas tuvieran que compartir su deber con ciudadanos anónimos para abrir la cobertura a todo lo digno de descarte para sus aprensivos socios político-comerciales. 

No se trata de competir en falsedades, sino de prevenirlas y sancionarlas por igual.

Julio Frank S.

Imagen: Portada del diario La Segunda, 24-7-1975.

28/11/18

Peligro en las veredas santiaguinas


Un peatón escapó con suerte de ser atropellado por un ciclista (al menos, eso parecía), pero no de los golpes que éste le propinó tras serle enrostrado su riesgoso comportamiento sobre la vereda. La víctima, que declaró haber sufrido la fractura de una de sus rodillas y fue hospitalizada, publicó lo ocurrido en su cuenta de Twitter. La alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, calificó lo sucedido como “inaceptable” y anunció que la Municipalidad lo indagaría. 

Hace sólo algunas semanas entró en vigencia en Chile la denominada “Ley de Convivencia Vial”, que sanciona, entre otras, una de las escenas más habituales observables en el inquietante tránsito capitalino: ciclistas desplazándose por donde no les corresponde, arriesgando su vida y la de los demás fuera de las ciclovías, con cruces sorpresivos y temerarios en la calle, ocupando veredas peatonales y a velocidad imprudente. (Aunque los peatones tampoco están libres de cargos: muchos disfrutan de la comodidad de una vía pavimentada destinada exclusivamente a ciclistas). 

El caso referido ocurrió en una comuna céntrica, muy concurrida y de vecinos pudientes. Muchos más quedan sin denuncia en calles alejadas del centro, solitarias y particularmente propicias para los más inciviles, que aprovechan la abundancia de normas ineficaces y la escasez de buenos ejemplos. 

En su segundo gobierno, el Presidente en ejercicio volvió a predecir que este país será desarrollado en un plazo relativamente corto. Pensaba seguramente en la marcha de la economía, que es su fuerte. No se prevé un desarrollo genuino y profundo, como se le conoce en el hemisferio norte, pues el Chile del siglo XXI carece de los sustentos básicos que muestran los modelos: historia nacional unificadora, identidad cultural propia y sanas costumbres cívicas. 

J.F.S.

Imagen: Calles Suecia/El Vergel, Providencia, 26-11-2018, twitter.com/Don_Ale

30/10/18

El precio del “sueño chileno”

Sus gobernantes le facilitan inversiones foráneas, adquieren en ella especialización y estatus, adhieren a su política transnacional, reciben medallas e incluso mezclan emblemas nacionales y brindan con la primera potencia del mundo. Sus gobernados, con una mentalidad competitiva, se concentran en la búsqueda del éxito económico individual y el consumo de las maravillas de la modernidad. No es difícil averiguar dónde se inspira y descansa la cara A del “modelo” chileno. 

Desde la Independencia se ha alabado el sentido de “equilibrio, orden y moderación” del carácter nacional o su parsimonia para enfrentar los avatares de la subsistencia. Los grupos dirigentes locales se han mostrado abiertos a la participación económica y la influencia cultural extranjeras, en particular las anglosajonas. Se motejaba a los chilenos como “los ingleses de Sudamérica”, aunque ahora, dado el traspaso de potencia e injerencia en la política internacional, podrían ser llamados “los norteamericanos de Sudamérica”. Si antiguamente se admiraba aquí el garbo inglés y su calculadora eficiencia, y se aceptaba su ambición genética por la conquista territorial y cultural, ha sido la rústica convicción estadounidense sobre el éxito económico y la expansión de sus intereses lo que se ha impuesto después y con nuevos bríos. 

Los habitantes de este delgado territorio son convocados diariamente hoy a experimentar una especie de “sueño (norte)americano”, la búsqueda de un triunfo equivalente al talento y el esfuerzo personales desplegados, lo que derivaría inevitablemente, además, en el engrandecimiento del país.

Lo primero, al menos, está a la vista. Los negocios y emprendimientos independientes de todo tipo y tamaño, el ilimitado acceso a bienes muebles, inmuebles y fungibles, la amplia oferta educacional, el sorprendente consumo gastronómico, los crecientes viajes nacionales e internacionales, la disponibilidad de tecnología digital en todo momento e incluso un generoso e inédito calendario anual de días de asueto no son evidencias de un país pobre o estancado. Que lo digan los miles de argentinos, peruanos, colombianos, venezolanos y haitianos inmigrantes, y los millones que lo envidian a través de los medios de comunicación. 

Pero se trata de un modelo “a la chilena”. Ocurre que la mayoría de la población no está en condiciones de subirse al carro de la victoria por impulso propio, dado que el auge no comprende remuneraciones equitativas, estabilidad para el empleo dependiente ni todos los incentivos que necesitan los emprendedores pequeños. Históricamente gobernados por una elite político-económica cerrada y aglutinadora de la riqueza nacional –salvo excepciones, como el derrocado gobierno de Allende-, gran parte de los “soñadores” ha tenido que proceder dentro de su ya delimitado alcance, comenzando por la herramienta clásica que les ofrece el sistema: un expedito y tentador, aunque riesgoso, endeudamiento rotativo. Esta solución les permite usufructuar de bienes a los que en circunstancias normales no habrían podido acceder, pero les obliga a un pago regular que compromete muchas veces el ingreso mensual y está sujeto a subidos intereses, eventuales multas y, en el peor de los casos, a un embargo judicial que podría significarles empobrecimiento. 

“Todos lo hacen” 

En su ansiedad por no quedarse abajo, los más incómodos en la pirámide socioeconómica han asumido a su manera el camino más próximo y directo ya consagrado: el comercio. La transacción de productos y artículos de toda clase, rubro, volumen, calidad e incluso legalidad se ha convertido así en un protagonista sin contrapeso a todo nivel, al punto que, mientras las grandes empresas se apuran con las ofertas navideñas ya en octubre, celebran los días de la madre y el padre a modo de “ciber-days” e incorporan a periodistas como anunciadores, el aparentemente modesto y postergado vendedor ambulante se dota de los aparatos técnicos necesarios para irrumpir libremente con su mercadería en el transporte masivo –incluyendo vagones del Metro-, salas de hospitales y hasta bibliotecas públicas. 

Si líderes políticos, empresariales, militares y eclesiales, con privilegiada educación, dan un ejemplo del uso de oportunidades torciendo la ley y la ética, ¿por qué no aprovechar la posibilidad de mortificar un poco, en beneficio propio, a los más desprevenidos? 

“Aquí todo está quieto, porque cada uno hace lo que quiere (…)”, sentenciaba Juan Egaña en el Chile del siglo XIX. 

Una meta económica diseñada para satisfacer a grupos empresariales ávidos de utilidades gigantescas ha arrasado con la sensibilidad colectiva, desvirtuando la política, el trabajo, la educación, la salud, el papel de los medios, el deporte y otras actividades fundamentales de la convivencia social, a cambio, en definitiva, de una ensoñación sobre el desarrollo, de un letargo intelectual y valórico, de una rutina materialista y consumista. Los estudiosos civiles y religiosos que podrían poner una voz de alerta sobre el sentido de la vida humana en sociedad son impulsados a la obsecuencia con la realidad generada y a quedarse discretamente en zaga. 

“Business as usual” (El negocio, como siempre), se escucha en medios radiales transnacionales.

Desnacionalidad 

He aquí algunos hechos de la historia política de esta parte del continente: 

1904: Empresas estadounidenses comienzan a explotar yacimientos de cobre en territorio chileno.

1938-1952: El Estado chileno, gobernado por una alianza política encabezada por el Partido Radical, impulsa la industrialización del país. 

1955: Llega la misión económica asesora estadounidense Klein-Saks, promovida por El Mercurio y considerada la inspiradora del proyecto neoliberal en el país. 

1967: El Estado chileno inicia la adquisición del 51 por ciento de la propiedad accionaria de los yacimientos de la gran minería del cobre, proceso denominado “Chilenización del cobre”. 

1971: El Congreso Nacional aprueba por unanimidad, durante el gobierno de Salvador Allende, la nacionalización de los yacimientos de cobre, denominado ya “el sueldo de Chile”. 

1973: Golpe de estado en Chile. El gobierno estadounidense aparece relacionado, según un informe de la comisión especial del Senado norteamericano. 

1981: La dictadura establece la “concesión plena” para los inversionistas privados del cobre. 

1988: Augusto Pinochet pierde el plebiscito que le permitiría eventualmente continuar en el poder. El gobierno estadounidense, representado en Chile por su embajador Harry Barnes, influye en la derrota. 

1990: Asume Patricio Aylwin, el primer Presidente elegido democráticamente tras la dictadura. Se profundiza un proceso llamado “Desnacionalización del cobre”, que permitiría que más de dos tercios de la producción nacional del metal quedara en manos privadas y extranjeras. 

1993-2009: Los Presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet reciben la medalla de oro de la organización de empresas transnacionales norteamericanas Americas Society. 

2010: La ex Presidenta Michelle Bachelet es nombrada como primera directora de las Naciones Unidas para la mujer. 

2011: El Presidente Sebastián Piñera asegura a la organización de empresas transnacionales norteamericanas Americas Society que “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”. 

2018: La ex Presidenta Michelle Bachelet es nombrada alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos. 

2018: La Corte Internacional de Justicia de La Haya rechaza la reclamación de Bolivia contra Chile por negociaciones sobre una salida soberana al mar. El empresario transnacional chileno Andrónico Luksic, propietario del holding nortino Antofagasta Minerals, lo celebra públicamente. 

2018: El Presidente Sebastián Piñera exhibe, en presencia de su par norteamericano y ante la prensa mundial, la imagen de una pequeña bandera chilena incrustada en la norteamericana y declara: “Chile está en el corazón de Estados Unidos”. 

2018: El cientista político democratacristiano y ex ministro de la Concertación Genaro Arriagada, coordinador de la campaña del No a Pinochet en 1988, declara en The Clinic: “El país es una mierda, pero es el mejor de la región (latinoamericana)”.

Julio Frank S.

Imagen: Presidente Sebastián Piñera, Washington, 28-9-2018, eldinamo.cl

25/9/18

Una izquierda absorbida por la derecha

La izquierda y la centroizquierda chilenas celebran los 30 años desde el “No” a Pinochet en calidad de copartícipes de la sociedad individualista, despolitizada, consumista y capitalista (!) pensada y diseñada por los herederos del dictador.

Tanto dirigentes de la ex Concertación como del Partido Comunista anunciaron la celebración del trigésimo aniversario del “triunfo de la democracia” en el plebiscito que derrotó a Pinochet el 5 de octubre de 1988. Los convocantes que pertenecieron a la autoproclamada “coalición política más exitosa de la historia de Chile” se enorgullecen de que el país haya cambiado, pero eluden hacer precisiones sobre si se trata exactamente de lo que prometían en aquella época.

Ya no hay dictadura, pero sobreviven los amarres destinados a proteger su herencia (economía mercadista y capitalista, servicios básicos privatizados, restricción de la participación social). Cesaron la persecución y los crímenes políticos, reemplazados por la discriminación y las sanciones socioeconómicas (despidos sumarios, abuso y marginación laboral, desigualdad social). Reverdeció el concepto de democracia, pero no como participación colectiva sino como libertad individual, materialista y consumista. Retornó el estado de derecho, pero manipulando la legalidad y desvalorizando la ética. Se habla de país, pero cediendo sus riquezas naturales y su cultura popular a intereses transnacionales.

Volvió el sufragio universal, aunque terminó sellando campañas electorales escuálidas en ideas y dudosas en su financiamiento.

País concesionado

No abruma a aquellos dirigentes el expansivo protagonismo transnacional por sobre el propio, sustentado en normativas laxas, con debate excluyente, “express”, algunas de las cuales atentan contra la soberanía nacional, como la del cobre. Más de dos tercios del mayor recurso natural de la nación enriquecen a inversionistas extranjeros de manera casi inexpropiable, ya que el Estado chileno debería indemnizarles, dado el caso, con una suma estratosférica.

Aceptan que la economía nacional esté sustentada en el negocio privado y el comercio descontrolado en forma difícilmente reversible.

Asumen, además, impasibles, cómo las dos empresas periodísticas salvadas por el dictador continúan orientando unilateralmente la información pública nacional con una pauta mercantil y rutinaria. Se desentienden, asimismo, de su responsabilidad en el trastoque de la afición deportiva popular en simple consumo de entretención, proceso iniciado con la quiebra de las dos instituciones de mayor convocatoria solicitada por el ahora sí riguroso Fisco, continuado por ley de sociedades anónimas deportivas y terminado en las manos de grupos económicos.

Autoconvertidos en “clase política” junto a sus pares de la derecha para demostrar privilegio, se han sumado, por acción u omisión, a la defensa cerrada de la libertad individual y de la lucha diaria por el bienestar propio y familiar (para buscar el bien nacional están ellos) incluso mediante recursos o estrategias desapegados de la ética, así como a la cínica falacia que abusos e injusticias ya conocidos son mucho menos riesgosos que soluciones por conocer.

Acaban de constatar uno de sus grandes logros. Durante el “fin de semana largo” de Fiestas Patrias -de registro mundial, cinco días seguidos de asueto formal e informal, extensibles a nueve y con ánimo preparado con la debida antelación-, miles de automovilistas despejaron la capital buscando solaz o descanso, atochando las concesionadas carreteras y poniendo en emergencia informativa a los medios de comunicación. Más allá de esa demostración de estatus, algunos accidentes de tránsito y la lluvia que estropeó fondas y (en)ramadas, ¿qué temas ad hoc rondaron la celebración de este excepcional 208° aniversario patrio? Asunto de cada uno.

Asombrosa alianza

Perseguidos, incomodados y acomodados al final, los próceres de la izquierda chilena –y de la centroizquierda, incorporando a democratacristianos y radicales- terminaron acatando, validando y fortaleciendo el sistema contrario a sus ideas históricas que su adversario tradicional, la derecha, pudo imponer aprovechando la ausencia de democracia (algunos hablan de dictadura cívico-militar). Durante 30 años, han llegado a soportar insólitas lecciones de civismo, como el recientemente anunciado “Museo de la Democracia”, por oposición al Museo de la Memoria, el que ilustra las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen golpista. Más aún, han sido estimulados a experimentar cuán exitosos pueden ser también en el efervescente mercado de capitales, como fue el caso de su partido más emblemático, el de Allende, el Socialista.

Sus ideales clásicos, como la igualdad social, la exaltación de los trabajadores y el Estado como actor de primer orden, naufragaron en las aguas de la competencia libre y permanente tras el éxito económico personal, movidas eficazmente por sus contendores neoliberales. Ahora, impotentes, como siempre, ante los cerrojos constitucionales, pero acicateados desde potencias y organismos globalizantes, se arropan con la reivindicación de derechos de minorías en los cuales la derecha ha perdido unanimidad, como los llamados “temas valóricos”, prefiriendo, acaso como último estandarte que pudiera diferenciarles de sus aparentes opositores, completar la tarea de atomización de la sociedad apuntando al núcleo familiar.

Esos líderes han compartido la construcción de una sociedad teóricamente ajena, pero que funciona proporcionando al menos una mínima tranquilidad pública para facilitar un tránsito uniforme hacia el progreso material. Poco para una nación que otrora fuera respetada internacionalmente más por su desarrollo político que por su ingreso per cápita, la misma que ahora defiende su patrimonio territorial de pequeños reclamos vecinales para rentarlo a bajo precio a grandes ambiciones multinacionales.

La Concertación y sus gobiernos contribuyeron desde el comienzo desarticulando la crítica y la protesta  social y desmovilizando a la ciudadanía mayoritaria que había derrotado con un lápiz al dictador, para dar el paso que definiría la historia del nuevo pueblo chileno: asociarse indefinidamente con la oposición pinochetista para construir una democracia “en la medida de lo posible”.

De tal modo, aunque continúen rechazando (verbalmente) el capitalismo llamándole salvaje y los abusos de siempre contra los pobres, y se alarmen ahora por la creciente aunque explicable abstención electoral, abrazaron junto a la derecha la batalla encandilante por la prosperidad económica individual como el gran deber nacional. Callan y ocultan, sin embargo, que el mayor mérito corresponde precisamente a sus tradicionales rivales-socios, al pinochetismo inspirador y, delante de éstos, a grandes capitalistas en libre acción, productivos empresarios socialmente insensibles y no pocos “cómplices pasivos” de crímenes de lesa humanidad.

“Hay que cuidar a los ricos para que den más”, dijo Pinochet en 1988. Esa frase no perdió el plebiscito.

¿Qué celebrar?

Dado que nada parece insólito, absurdo o incorrecto si logra financiarse y adaptarse a la realidad más bien virtual del siglo XXI, ¿qué tendría que celebrarse el 5 de octubre, sino el comienzo de la más larga y exitosa absorción de un sector político por su adversario en la historia de Chile?

Julio Frank S.

31/8/18

Políticos con marcha atrás

Durante los últimos siete años, en todos los partidos de la izquierda y la centroizquierda chilenas, incluyendo parlamentarios, hubo acuerdos y algunas gestiones en favor del proyecto común más trascendente que pueden asumir los habitantes de un país: una nueva Constitución vía Asamblea Constituyente. Hoy, ni siquiera hablan de lo que ellos mismos propusieron.

Si la ex “Nueva Mayoría” –ex Concertación, a su vez-, apoyada por la nueva izquierda agrupada en el Frente Amplio, ha promovido con persistencia en general los llamados “temas valóricos” –aborto, transexualidad, eutanasia, matrimonio homosexual-, en materias de mayoría, especialmente el derecho a una Constitución redactada con participación popular directa a través de una Asamblea Constituyente, no ha mostrado igual convicción y proactividad. Pese a que ellos mismos lo plantearon, ahora lo dejan desaparecer de la agenda pública.

Continuos fracasos políticos e incluso electorales, así como retractaciones personales de altos dirigentes, permiten entenderlo.

En reversa

En mayo de 2011, durante el primer gobierno de Sebastián Piñera y en medio de las manifestaciones estudiantiles más masivas desde el término de la dictadura, el XXIX Congreso del Partido Socialista de Chile proclamó la necesidad de una nueva Constitución, “que deberá surgir de una Asamblea Constituyente”, declaraba. Lo reafirmaron personalmente Osvaldo Andrade, diputado y presidente del PS, y Alvaro Elizalde, vicepresidente y actual senador y presidente del partido. Sus aliados de la entonces Concertación les acompañaron en la presentación de sendos proyectos de ley sobre convocatoria a una AC, dos meses después, e instalación de una cuarta urna electoral para el pronunciamiento ciudadano al respecto, en septiembre de 2012, asegurando que interpretaban así el sentir de las movilizaciones sociales.

No continuaron, sin embargo, con la iniciativa. Andrade, incluso, se retractó públicamente en 2014.

DC de siempre

También en septiembre de 2012, los líderes democratacristianos Fuad Chahín y Alberto Undurraga encabezaron el encuentro público “Nueva Constitución y Asamblea Constituyente”, manifestando una posición proclive a una idea de esa naturaleza y enviando un mensaje a su dirigencia, conservadora en este aspecto.

Años más tarde, no obstante, Chahín –actual presidente de su partido- fue uno de los obstáculos de lo proyectado, como miembro de la comisión de Constitución de la Cámara de Diputados. De Undurraga, después ministro de Bachelet, no se supo más en cuanto al tema.

PPD y PRSD

En 2015, el Partido Por la Democracia se sumó a la propuesta de una AC. Carolina Tohá, una de sus connotadas militantes, había adelantado en 2009, como ministra secretaria general de Gobierno, la necesidad de una Asamblea Constituyente en Chile. Pero ni ella ni su partido -presidido hoy por Heraldo Muñoz, ex canciller de Bachelet y ex embajador político ante la ONU y la OEA- volvieron a referirse a lo propuesto.

El ex presidente del Partido Radical Social Demócrata y uno de los dirigentes históricos de la Concertación, Enrique Silva Cimma, fue uno de los grandes promotores de una salida constituyente para lo que ya se consideraba una crisis política. Sus sucesores carecieron de su ímpetu.

PC bacheletista

El Partido Comunista no temió actuar en la clandestinidad durante la dictadura, pero se aburrió de hacerlo al margen del sistema neoliberal subsiguiente y adhirió formalmente a la segunda candidatura presidencial de Bachelet en 2013. Explicó que ésta encarnaba muchas de sus propuestas históricas y disciplinadamente, como es su costumbre, apoyó los proyectos de la gobernante.

El mayor de éstos, sin embargo, consistió en un “proceso constituyente” hechizo, no vinculante, dirigido por el gobierno y rechazado de antemano por la derecha.

Bancada “transversal”

En junio de 2014, en pleno gobierno de la “Nueva Mayoría”, se constituyó la llamada “Bancada Transversal de Parlamentarios por la Asamblea Constituyente para un Nuevo Chile”, compuesta por diputados tanto del oficialismo como independientes adscritos después al Frente Amplio.

En abril de 2015, más de 50 diputados –de un total de 120- presentaron un proyecto de ley para convocar a un plebiscito sobre Asamblea Constituyente, que terminó, como los ya citados, en el dormitorio del Congreso, pese a que una de sus promotoras, la diputada socialista Maya Fernández, asumió la presidencia de la Cámara Baja el presente año.

FA: Rápido aprendizaje

Disidente en general de la alicaída centroizquierda, el llamado Frente Amplio –igual que la coalición progresista uruguaya- participó por primera vez en una elección presidencial en 2017 haciendo suyas, entre otras, dos grandes y ambiciosas propuestas políticas: Asamblea Constituyente para una nueva Constitución y “No más AFP”, es decir, el reemplazo del actual sistema de previsión social de carácter privado por uno solidario. Pese a su sorprendente apoyo electoral -20 por ciento de los votos-, sus jóvenes dirigentes optaron por llamar a votar en la segunda vuelta por el candidato bacheletista (Alejandro Guillier)… y perdieron.

Hoy han retenido esos grandes temas, admitiendo la derrota, y algunos de sus líderes han manifestado ya la conveniencia de “dialogar”.

Demasía

Con tal fragilidad de convicciones en quienes deben conducir un país, es demasiado pedir que una campaña tan exigente como la de una Asamblea Constituyente sea encabezada por quienes deben ser conducidos. Pese a esfuerzos loables en tal sentido, la acomodaticia actitud política obligó a éstos a actuar cuesta arriba. El coordinador de un movimiento ciudadano, Gustavo Ruz, intentó ser candidato presidencial en 2013, pero careció de los recursos necesarios y no pudo reunir las firmas requeridas. Y una campaña que pareció exitosa, “Marca tu voto”, terminó quedándose en el bacheletismo y su dudoso y afortunadamente estancado “proceso constituyente”.

Julio Frank S.

Imagen: Boceto de la campaña ciudadana de marcado del voto en 2009, J.F.S.

29/7/18

Panorama chilensis

Algunas noticias ocurridas durante las últimas semanas en un país en imperturbable marcha.

Más de diez millones de chilenos, el 60 por ciento de la población del país, podrán recibir una compensación económica única ascendente a 7 mil pesos (10,8 dólares) durante los próximos meses, por la gigantesca y prolongada colusión empresarial cometida durante diez años en el mercado del papel higiénico 
(sin sanción penal), cuyo fraude se calcula en 7 veces al menos el total por compensar. 

Los mismos ciudadanos, como afiliados a las administradoras de sus fondos previsionales (AFP), podrán acogerse a los beneficios especiales creados por dichas empresas privadas, consistentes en descuentos por compras en diversas tiendas comerciales, mientras sus ahorros –y futura pensión- siguen cayendo junto a la Bolsa de Comercio (y a la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China). 

El cardenal y arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, es citado a declarar como imputado en el caso por presunto encubrimiento de abusos sexuales de sacerdotes católicos contra menores de edad. 

Natalia Compagnon, nuera de la ex Presidenta Michelle Bachelet, es condenada a 541 días de presidio remitido (es decir, sin cárcel), tras ser declarada culpable de delito tributario. 

Desconocidos disparan contra un grupo de hinchas de la “U” que habían acudido al entrenamiento del plantel y hieren a tres personas. El arquero Johnny Herrera culpa a barristas rivales. 

Dos personas octogenarias que sufrían enfermedades terminales mueren a bala en Santiago; se presume que una mató a la otra y luego se suicidó. Un niño de sólo un año y medio de edad muere también y su madre queda herida, luego que ésta anunciara por Facebook su decisión de poner fin a “una vida de mierda”. 

Son apuñaladas tres participantes en una manifestación callejera de un movimiento (de protesta) feminista que exigía aborto sin causales. 

Las estimaciones sobre crecimiento económico se recuperan y empinan sobre el 3 por ciento, mientras se anuncia un proyecto de ley para que las pequeñas y medianas empresas puedan por fin cobrar a las grandes en un plazo de… 
30 días

Un feriado y fin de semana “largo” (tres días) permiten una vez más a centenares de miles de automovilistas salir a descansar fuera de la capital -como lo habían hecho sólo dos semanas antes-, aunque con frecuentes atochamientos vehiculares especialmente en autopistas concesionadas a privados. Ahora se aprestan para las Fiestas Patrias, en septiembre venidero, esta vez con un día feriado adicional (lunes 17), lo que hará posible un período de cinco días continuados de asueto masivo. 

J.F.S.

8/7/18

Comicidad en el Parlamento


El diputado del Frente Amplio y cantante popular Raúl Alarcón, conocido artísticamente como “Florcita Motuda”, presentó en la sala de la Cámara de Diputados un proyecto de ley destinado a instituir el Día del Rock Chileno el 15 de agosto, recurriendo para ello a su original estilo y estrafalario atuendo e invitando a los demás legisladores a corear su intervención. 

El proyecto, junto con reconocer “expresamente” dicho género musical -nacido y desarrollado en Estados Unidos-, busca estimular y promover a los autores y conjuntos chilenos como “forjadores del patrimonio de la música nacional”, así como preservar la “identidad cultural”. 

El artículo único, además, instruye la realización de actividades y clases alusivas en los establecimientos educacionales de todo el país, a diferencia del recientemente creado Día del Cuequero y la Cuequera -4 de julio-, en el que sólo se debe “propender” a la realización de actividades relacionadas con la cueca, la danza nacional. 

Y qué decir de la educación cívica, erradicada de las aulas chilenas hace veinte años y revivida hace sólo dos y con un énfasis sospechosamente distinto: la relación entre ciudadanos y no la de éstos con el poder político.

J.F.S.

3/6/18

¿A qué ciudadanía le hablan?

Marchas y marchas contra abusos y discriminaciones e instituciones fundamentales azotadas por crisis no parecen remecer a la sociedad chilena. La propia población, orientada al consumo, una engañosa prosperidad y ciertos derechos individuales, lo ha hecho posible, postergando sus aspiraciones comunes superiores y dejando su autoridad sobre lo bueno y lo malo al manejo de una “clase” política pragmática, compacta y tributaria de grandes potencias transnacionales.

A mí nadie me hace callar… ¡Estamos en democracia!”.

La rotunda sentencia podría revelar un acendrado sentido cívico recuperado en Chile tras la dictadura y predominante hoy en este aparentemente estable país. Lo raro fue que su anónimo autor estaba en un salón de lectura de la Biblioteca Nacional y sólo se le había sugerido bajar el alto volumen de su diálogo privado.  

En otra oportunidad, un transeúnte que leía los titulares de un periódico en un quiosco destacaba el alza del precio del petróleo, pero cuando otro le indicó uno que se refería a un escándalo político, dio rápidamente media vuelta y se alejó sin responder. 

Que en la población chilena impere hoy una sensación extraña y recelosa de democracia no era el deseo, pretensión o aspiración que la mayoría antidictadura –incluyendo políticos- manifestara 30 años atrás para restaurar lo que aún se considera el sistema ideal de gobierno. 

Ocurre que después de casi tres décadas de política cupular, organizaciones de la base social desmovilizadas por aquélla, administración estatal atada de manos especialmente en economía y cultura, insólitas granjerías a los negocios multinacionales y compromisos prioritarios con el exterior, a la ciudadanía del siglo XXI le ha quedado meridianamente claro a qué tiene que adherir, qué derechos puede ejercer y qué debe tolerar para poder sobrevivir y relativamente prosperar en un país así reconstruido. Tiene, según esto, que coincidir en que la política es exclusivamente para los políticos; que éstos deben actuar necesariamente bajo la hegemonía globalizadora de las grandes potencias y que la economía, por lo tanto, ha de tratar con privilegios a los grandes capitales foráneos; y que dentro de la variedad de derechos que una democracia auténtica asegura sólo los individuales, aquellos que no disienten o impugnan la institucionalidad y el poder ya en vigor –y que son llamados por éstos, sin embargo, “ciudadanos”- pueden ser aceptables y susceptibles al menos de estudio. 

Las tan alabadas movilizaciones sociales de los últimos años así lo confirman.

Movilizaciones a medias 

Ha habido demandas estudiantiles por una administración educacional que evite la devoción por el lucro; de jubilados y activos exigiendo su dinero en pensiones dignas a un sistema previsional que lo utiliza para enriquecer a sus administradores; de profesores por una carrera docente acorde con el sentido de la educación; de mujeres que sólo ahora reaccionan contra la discriminación y la violencia de género; de trabajadores que luchan por tener un empleo estable, sueldos decentes y no ser humillantemente despedidos; de pobladores amenazados por la contaminación ambiental proveniente de grandes negocios; de promotores de la diversidad sexual esgrimiendo derechos ya consagrados en otros países. Todas ellas, no obstante, han respirado por su propia herida y demandado soluciones puntuales, sectoriales. Y tales han sido también las respuestas y tramitaciones burocráticas recibidas. 

Una salida directa, nacional y de mayor permanencia no ha estado en sus planes. Algunos lo intentaron a través de una larga y esforzada campaña que proponía convocar a una asamblea constituyente que permitiera eliminar el origen común de las inequidades denunciadas –la Constitución pinochetista-, pero el movimiento terminó distorsionado y desechado por los conductores del país, descalificado por el gremio empresarial y apocado por sus dominantes medios de comunicación, todos, con una presunta e interesada ignorancia, adjudicando lo propuesto sólo a naciones en el caos. La soberanía popular, el primero de los derechos democráticos, no está entre lo practicado y enseñado en el país. 

Bastó, una vez más, la simple administración de las instituciones modeladas por la dictadura –Tribunal Constitucional y Congreso largamente binominal incluidos- para sofocar y desalentar las grandes manifestaciones de descontento popular, por gigantescas y persistentes que ellas fuesen, y devolver a la opinión pública a su rutinario y poco trascendente debate sobre política de elite y eslóganes, ficción farandulesca y fútbol-espectáculo, lleno de posverdades y lugares comunes, reproducido estratégicamente por los consorcios mediáticos y conducido en buena parte por periodistas anunciadores de ofertas comerciales. Las reivindicaciones y críticas de fondo han quedado para el mundo virtual de las así denominadas “redes sociales”. 

Más consumo, más temor 

La población, en general, ha observado con cierta distancia los sucesivos y escandalosos casos de corrupción detectados en los últimos años en el país, que han desprestigiado principalmente la política, empresas y grupos económicos de primera línea, la policía uniformada, el Ejército y la Iglesia Católica. En los políticos en ejercicio, a su vez, ha predominado la única respuesta para la cual parecen realmente capacitados: más leyes, más normas que subsanen las ya vulneradas y así sucesivamente (con especial atención a las que les protegen de la competencia de los independientes). 

Aun así, comparado con la magnitud de las corruptelas y calamidades desatadas en otros países, Chile podría creerse un edén si no fuera por un “terrorismo” casero, asentado y extendido que le ofrece un cable a tierra: la delincuencia común. Hace algunos días, un joven irrumpió en un hogar para robar, se encontró con una pareja mayor y su hijo enfermo, en cama, y ultimó fríamente a la mujer que se le opuso. Otro delito muy temido es el llamado “portonazo”, asalto perpetrado cuando el conductor de un vehículo se detiene y baja frente al portón de su casa. 

Presionada la ciudadanía hacia la búsqueda del sustento diario y el éxito económico cada vez más dependientes del comercio sin control y el consumismo, desconfiada respecto del ejercicio del “arte de gobernar” y con un temor cotidiano a un enemigo desconocido como la delicuencia, la “clase” dirigente chilena siente afianzado un papel casi mesiánico generado en la práctica por el voto popular. Y tal concesión no proviene solamente de la base.

Fiscalización “respetuosa” 

El Ministerio Público chileno pudo llegar hasta los principales líderes nacionales de los últimos diez años -Michelle Bachelet y el actual Presidente, Sebastián Piñera- en su investigación sobre casos de financiamiento ilegal de las campañas, pero un predicamento fiscalizador particularmente “respetuoso” hacia imputados de alto rango político les ha favorecido a priori. En su cuenta pública, el Fiscal Nacional, Jorge Abbott, sostuvo abiertamente que los fiscales debían estar conscientes de que sus decisiones podían “impactar” el funcionamiento de instituciones como el Congreso Nacional y alterar así los quórum de votaciones legislativas y la representación popular misma de sus miembros. 

“Mientras los parlamentarios están desaforados, las personas no están representadas y eso altera la democracia”, agregó más tarde en una entrevista radial. 

Los fiscales Carlos Gajardo y Pablo Norambuena renunciaron a la institución en enero pasado luego que fueran marginados de la investigación de los casos Penta y SQM, que atraviesan de lado a lado la política local. Gajardo explicó que había “antecedentes claros” para seguir ascendiendo en las pesquisas hasta llegar a la ex Presidenta Bachelet y el actual Presidente Piñera, explicando que el jefe administrativo de la pasada campaña de Bachelet, Giorgio Martelli, ya fue condenado por tales hechos y en el caso de Piñera “su administrador electoral está formalizado por estos hechos por montos bastante semejantes, más de 300 millones de pesos (unos 407 mil euros)”, dijo. 

Sólo en diputados del nuevo Frente Amplio -de una izquierda fuera del sistema hasta algunos meses atrás- se percibió alguna reacción, aunque su anuncio sobre una posible solicitud de destitución del Fiscal Nacional sonó tímido… 

Tras el monopolio 

A salvo hasta ahora de acciones judiciales que podrían ponerla en aprietos como a algunos de sus pares sudamericanos, la “clase” política chilena, aquella unida por una coincidencia ideológica no disimulada entre los herederos de la derecha pinochetista y de la izquierda demo-izquierdista “renovada”, parece especialmente expectante ante la crisis desatada en la Iglesia Católica por los casos de pedofilia. Debilitados la autoridad y los dogmas de la mayor institución occidental en materia de espiritualidad y moralidad, tiene una promisoria oportunidad de alcanzar otra apetecida y decisiva meta: el monopolio terrenal sobre el bien y el mal. 

Dado tanto éxito y poder, no resulta imprudente para un chileno de a pie mantenerse a una distancia respetable de su dirigencia política, escucharle de soslayo y dejarle gobernar con cierta libertad, recibir de buena gana los beneficios que le concede como sujeto económico y salir a exigir sus derechos sólo cuando el apremio personal resulte insoportable. 

Es otro tipo de ciudadano, aunque sea sólo de nombre… 

Julio Frank S.