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4 de septiembre de 2022

Rechazada propuesta de nueva Constitución

La opción “Rechazo” del plebiscito de salida de la propuesta de Constitución Política de la República de Chile 2022 ha obtenido siete millones 880 mil 963 votos, equivalentes al 61,87 por ciento del total emitido válidamente, por lo que se mantiene en vigencia la Constitución de 1980, redactada y promulgada durante la dictadura de Augusto Pinochet, reformada por acuerdo político-partidista plebiscitado en 1989 y por el Congreso Nacional en 2005 con la firma del Presidente Ricardo Lagos.

J.F.S.

Fuente principal: servelelecciones.cl

18 de agosto de 2022

La desigual cobertura al “Apruebo” y al “Rechazo” en diarios, TV e Internet

 

“Cobertura de medios sobre Apruebo y Rechazo en el tiempo”, Informe Cobertura mediática del Apruebo y Rechazo, primera quincena de julio 2022, Grupo de Estudio de Medios de Comunicación UAR, Proyecto Observación de Medios, Universidad Abierta de Recoleta, julio de 2022. uar.cl

“Cobertura de medios sobre Apruebo y Rechazo en el tiempo”. Informe Cobertura Mediática del Apruebo y el Rechazo, segunda quincena de julio 2022, Proyecto Observación de Medios, Grupo de Estudios de Medios de Comunicación, Universidad Abierta de Recoleta, agosto de 2022. uar.cl

J.F.S.

16 de agosto de 2022

Doce “formas” mediáticas contra un proceso constituyente democrático

Experto describe doce operaciones de los medios de comunicación destinadas a favorecer el rechazo al primer proceso constituyente democrático chileno y su propuesta de nueva Constitución. Una de ellas es la “encuestitis”.

Rodrigo Finkelstein, Doctor en comunicación de masas y docente en la Simon Fraser University de Canadá, publicó un artículo de opinión que describe lo que definió como las doce formas más comunes de apoyar la opción “Rechazo” utilizadas por los medios de comunicación en el momento de “manufacturar” noticias sobre el proceso constituyente chileno –el primero auténticamente democrático en la historia de este país-, la ahora disuelta Convención Constitucional y la propuesta de nueva Constitución que será sometida a plebiscito el 4 de septiembre próximo.

Precisa, sin embargo, que sería “atípico” que dichos medios realizaran una cobertura imparcial en este caso debido a los intereses de elite que defienden.

En el caso de Chile, cabe acotar que la simple observación y audición, no sólo desde el estalllido social sino durante las últimas décadas, permite generalizar considerándolos un conjunto consolidado de prensa escrita, cadenas de televisión abierta y radioemisoras también de cobertura nacional, de línea editorial común, enmarcada en el sistema neoliberal impuesto por la Constitución proveniente de la dictadura y dominante sin competencia de la agenda informativa diaria.

Doce formas

En su artículo, publicado en el periódico electrónico El Mostrador en julio pasado, Finkelstein identifica doce recursos mediáticos para cubrir el proceso constituyente aún en curso como operaciones centradas en la desinformación, la ideología, el sensacionalismo, la radicalización, los rumores, la homologación, la farándula, el descontexto, la simplificación, repetición y desertificación (degradación) y la “encuestitis”.

Define la desinformación como una acción orientada a distribuir información falsa en forma deliberada, “mediante fuentes no confiables, autores inexistentes, expertos que no lo son, registros inauténticos o desactualizados, partidismo en las fuentes y, en general, estándares poco rigurosos”.

La ideologización, en tanto, comprendería una tribuna desproporcionada recibida por los partidarios del “Rechazo”. “Pensadores conservadores, profesores neoliberales, líderes empresariales y celebridades reaccionarias cuentan con una palestra privilegiada para descalificar el proceso constituyente y banalizar el contenido de la propuesta de nueva Constitución mediante frases triviales y figuras retóricas”, afirma.

El sensacionalismo o método que utiliza intencionalmente un lenguaje exagerado y provocativo para gatillar el interés del lector (y televidente y auditor), tendría a su vez el doble objetivo de capturar la atención de la audiencia “y saturarla emocionalmente de forma negativa para predisponerla en contra del proceso constituyente y la propuesta de nueva Constitución”.

Sobre la “encuestitis”, calificada como una forma de cobertura mediática que remarca el papel de las encuestas y las posibilidades estadísticas del “Apruebo” y el “Rechazo”, el autor explica que eso sustituye la indispensable discusión cualitativa para la decisión ciudadana por una discusión probabilística “estéril y especulativa”. “El objetivo es reducir el espacio mediático para el análisis profundo de tópicos de mayor interés de la propuesta de nueva Constitución”.

Otro recurso común durante el funcionamiento de la Convención, la radicalización -continúa el académico-, consistió en la cobertura mediática amplificada a grupos minoritarios radicales al interior de la misma con el fin de enmarcar a aquélla como un órgano compuesto por “extremistas”. “El objetivo de esta operación es presentar la Convención como un nido de radicales y fanáticos, y de esta manera, representar la propuesta de nueva Constitución como un texto lejos del espacio social de consenso”.

Cita también que, a través de una intensa cobertura de anécdotas personales de los protagonistas del proceso, los medios de comunicación farandulizaron y desprestigiaron la labor constituyente. “Aspectos sin mayor relevancia de la vida privada de los convencionales hacen portada de forma habitual con el objetivo de frivolizar y banalizar el trabajo de la Convención y disminuir su legitimidad social”, añadió entonces.

Los rumores transformados en noticias, prosigue, son reportados bajo la “pretensión de plausibilidad” a pesar de que no existan pruebas fácticas ni creíbles que los apoyen y, al igual que la farandulización, “esta acción busca enlodar el trabajo de los convencionales y deslegitimar el proceso constituyente”.

La homologación, a su vez, presenta al “Apruebo” y al “Rechazo” como opciones equivalentes, minimizando distinciones históricas, procesos sociales e inequidades estructurales -clase, género, raza y orientación sexual, precisa- que hacen a esas opciones “incomparables” entre sí, enfatiza.

Advierte, además, sobre la descontextualización, recordando que el contenido de la propuesta de nueva Constitución necesita de contexto para su cabal comprensión, pero esto, en cambio, “es publicado como títulos, frases sueltas, fragmentos y de forma descontextualizada”, con el fin de adulterar la comprensión del contenido y, en ciertos casos, revertir el sentido, significado y alcance del texto.

El objetivo de la simplificación es similar al anterior -acota-, aunque en este caso “se aboca en excluir complejidades, eliminar gradaciones, omitir alcances y presentar las ideas de forma plana, superficial y sin profundidad”.

Mediante la repetición, las noticias negativas “se reciclan y publican una y otra vez”, abordándoselas desde diferentes puntos de vista, “creando la sensación que se está en presencia de nuevos acontecimientos cuando en realidad aquello no es cierto”, con el fin de aumentar artificialmente la cantidad de noticias negativas y desprestigiar así, una vez más, la labor constituyente.

Otro concepto es la desertificación o degradación de la esfera pública, debido a lo cual pierde su potencial un espacio propicio para el debate y la discusión democrática por causa de la acción “erosionante” de los medios, sostiene Finkelstein, lo que desemboca, concluye, en que “la renuencia de los medios de comunicación a presidir un debate imparcial, honesto y participativo sobre el contenido de la propuesta de nueva Constitución erosiona al Apruebo y fortalece la opción Rechazo, que defiende el statu quo”.

Julio Frank S.

Fuente: elmostrador.cl

4 de mayo de 2022

Lapidario informe sobre la libertad de prensa en Chile

El país cayó 28 lugares en ranking internacional. Los intereses de grupos económicos mediáticos susceptibles de crear conflictos de interés “merman la confianza de la ciudadanía”, señala Reporteros Sin Fronteras.

En Chile, los grandes medios van de la mano de grupos económicos cuyos intereses merman la confianza de la ciudadanía por cómo abordan los temas susceptibles de generar conflictos de intereses”, afirma la organización internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF) en su último informe sobre la libertad de prensa. Da cuenta, además, de una caída de este país desde el 54° hasta el 82° lugar en su ranking anual.

Cita como los principales medios chilenos a los periódicos El Mercurio y La Tercera, las cadenas televisivas Televisión Nacional (TVN), Mega, ChileVisión y T13, y las radioemisoras Biobío, Cooperativa y ADN.

Junto con detectar una creciente demanda de la población nacional por pluralismo informativo, RSF concluye: “Aunque la libertad de prensa está garantizada en la Constitución y en el ordenamiento jurídico, no siempre se respeta en la práctica. El periodismo de investigación pierde terreno y las agresiones a periodistas se multiplican”.

Este es su panorama mediático, político, legal y sociocultural:

“Panorama mediático

Aunque los medios de comunicación ofrecen a simple vista una cierta diversidad, en realidad pertenecen mayoritariamente a los mismos grupos económicos. Los principales periódicos son El Mercurio y La Tercera; las cadenas de televisión más vistas son TVN, Mega, ChileVisión y T13, y las emisoras de radio con mayor audiencia, Bío Bío, Cooperativa y ADN. La población demanda cada vez más un mayor pluralismo informativo, lo que impulsa el desarrollo de medios alternativos, que aún carecen de profesionalidad y de fuentes de financiación estables.

Contexto político

Desde octubre de 2019 y la ola de manifestaciones multitudinarias que han alumbrado cambios inéditos en la historia de Chile, el escenario político se ha convulsionado. La reforma constitucional en marcha, ratificada por plebiscito, ha permitido la elección del presidente más joven del mundo, Gabriel Boric, que no pertenece a ninguna de las alianzas que han gobernado el país desde el fin de la dictadura y que ha impulsado un cambio sin precedentes en Chile, al que los medios y el periodismo no son ajenos.

Marco legal

La Constitución vigente en Chile fue impuesta por la dictadura cívico militar en 1980 y sufrió algunas modificaciones durante el tercer gobierno de la Concertación (2000-2006). La Ley sobre Libertades de Opinión e Información y Ejercicio del Periodismo, promulgada en mayo de 2001, se engloba en ese marco jurídico. La nueva Constitución, que debe redactarse este 2022, prevé una revisión de las normativas de prensa, para dejar atrás las reminiscencias de la dictadura y garantizar el derecho a la información.

Contexto económico

En Chile, los grandes medios van de la mano de grupos económicos cuyos intereses merman la confianza de la ciudadanía, por cómo abordan los temas susceptibles de generar conflictos de intereses. Los cambios emprendidos por la sociedad civil han puesto de manifiesto la necesidad de un órgano regulador que apoye la profesionalización de los medios y dote de mayor independencia a las publicaciones alternativas.

Contexto sociocultural

Los ciudadanos y los movimientos sociales han dejado claro su recelo hacia las informaciones publicadas por los grandes medios de comunicación. Aunque existe una prensa y unos periodistas dignos de la confianza popular, hay una demanda social evidente a favor de una pluralidad y una diversidad mediáticas reales, que se plasmen en el proceso constituyente.

Seguridad

El recrudecimiento de las manifestaciones y protestas, y el cuestionamiento del modelo político actual han dejado al descubierto las violencias perpetradas contra los periodistas por la policía y los organismos de inteligencia militar. Las leyes existentes son poco eficaces para proteger a los profesionales de la información y, a pesar de algunos avances, los ataques contra los periodistas y los medios siguen quedando mayoritariamente impunes”.

Julio Frank S.

Fuente: rsf.org

7 de marzo de 2022

Ejército reconoce públicamente violaciones de derechos humanos en la dictadura

Informe que aborda la actuación de la institución armada y el comportamiento de sus integrantes durante los últimos 50 años admite detenciones masivas, torturas, ejecuciones sumarias, asesinatos, detenidos desaparecidos y una política de eliminación de adversarios.

El documento sostiene que desde la vuelta a la democracia el Ejército ha sido visto por algunos sectores políticos y de la sociedad como el “heredero” de lo obrado, lo que dificulta, agrega, que la institución sea apreciada transversalmente como perteneciente a todos los chilenos.

La próxima comparecencia como inculpado en uno de los fraudes investigados a la institución -por los que ya son procesados tres ex comandantes en jefe- llevó a la mayor autoridad del Ejército, general Ricardo Martínez Menanteau, a renunciar a su cargo en momentos en que se publicaba el informe titulado  “Reflexión sobre las actuaciones del Ejército y sus integrantes en los últimos 50 años y sus efectos en el ethos militar”, que aborda centralmente y enjuicia la participación de esa rama de la Defensa Nacional en lo que llama “gobierno cívico-militar”.

En ocho capítulos y 120 páginas, el documento parte por la actuación durante el siglo XIX, continúa con el período previo al golpe de estado y luego con el capítulo “1973-1998. Del gobierno cívico militar a los cambios institucionales en doctrina, derechos humanos y justicia” (IV), para concluir con “reflexiones, conclusiones, lecciones y sugerencias”.

No ha habido hasta ahora debate público acerca del informe castrense, ni desde la elite política –parte de la cual conformó el ala cívica de la dictadura- ni en sus medios de comunicación dominantes. Sólo el Presidente electo, Gabriel Boric, de la coalición de izquierda, se ha referido al tema, considerándolo valioso y calificándolo como “histórico”.

Aquí, una selección de acápites de los capítulos IV y finales, particularmente aquellos que se refieren al período de la dictadura (1973-1990). (Subtítulos del editor).

Detenciones, torturas, ejecuciones, asesinatos

“(…) El informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación da cuenta de la detención de personas en todo el país por parte de personal de las Fuerzas Armadas y policiales, las que se ejecutaron en sus viviendas, vía pública o después de haberles requerido en ‘bandos’ que se presentaran en cuarteles militares y que fueron llevados a recintos castrenses y civiles”.

“Si bien, la mayoría de las detenciones obedecían a una orden superior, es reprochable que los detenidos hayan sido torturados, como lamentablemente ocurrió, y más aún el hecho que algunos hayan sido ejecutados sin que existiera un debido proceso judicial, como estaba expresamente dispuesto en el Código de Justicia Militar de 1944. Estas situaciones provocaron un grave daño al prestigio de la Institución”.

“También merecen el más enérgico repudio las acciones en las que estuvo  involucrada la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) en la época. Los tribunales de justicia comprobaron más tarde la participación de algunos integrantes de esta repartición institucional en los hechos que provocaron la muerte del líder sindical Tucapel Jiménez, ocurrida en febrero de 1982, y del químico Eugenio Berrios en noviembre de 1992”.

Detenidos desaparecidos

“Es también inaceptable que no se haya entregado los cuerpos a sus familias en todos los casos para que pudieran ser sepultados según sus creencias. Este aspecto ha sido uno de los más determinantes en las imputaciones que se le hacen al Ejército, que hasta el día de hoy tienen los distintos organismos de derechos humanos”.

“Caravana de la Muerte”

“El general a cargo (Sergio Arellano Stark), que lo hacía en calidad de ‘delegado del Comandante en Jefe del Ejército (CJE)’, se mantuvo deliberadamente lejos de los lugares donde se ejecutaron los fusilamientos, distrayendo a los comandantes de regimientos en actividades sin ninguna importancia, mientras los miembros de su comitiva sacaban gente de las cárceles y los fusilaban o le(s) ordenaban a integrantes de las unidades que lo hicieran, involucrando intencionadamente a personal de los regimientos con seudos Consejos de Guerra”.

Asesinato del general Prats

“Aparte de los crímenes de la denominada caravana de la muerte y otros que ocurrieron, el asesinato del ex Comandante en Jefe, General Carlos Prats, y de su esposa, señora Sofía Cuthbert, acaecido en Buenos Aires, del que se responsabilizó a algunos miembros de la DINA, se ha constituido también en una gran vergüenza institucional, a pesar que fue realizado por un organismo de seguridad que no pertenecía al Ejército, pero quienes resultaron condenados por la justicia en su mayoría pertenecían a la Institución”.

“Sobre esta situación se pronunciaron (sic) años después el Comandante en Jefe del Ejército, GDE Oscar Izurieta Ferrer, al inaugurar el Campo Militar San Bernardo del General Carlos Prats González el 5 de junio de 2009, al expresar que ‘… el Ejército chileno, su Comandante en Jefe y los miles de hombres y mujeres que lo componen condenan públicamente la vileza de esta acción y repudian a los autores de tan deleznable crimen, así como a los indiferentes que no prestaron consuelo y apoyo a las hijas de un Comandante en Jefe asesinado…’. Agregando: ‘… de confirmarse, en sentencia ejecutoriada, la participación de ex militares en estos dos crímenes, se habría configurado un acto del mayor deshonor. Es más, si ya el atentado a la vida del General Prats sería un agravio al honor militar, la muerte de su esposa constituiría un ultraje a nuestra cultura militar y al concepto de familia que tanto valoramos…”.

Política de eliminación

“El Ejército en su intervención en esta instancia (Mesa de Diálogo) realizada entre agosto de 1999 y junio del 2000, en relación con la violación de los derechos humanos aseguró ‘que la Institución jamás propició una política de Estado destinada ‘per se’ a causar la eliminación de adversarios políticos del gobierno militar’. Sin embargo, resultaba evidente que, durante ese periodo, especialmente en los primeros años, se produjeron violaciones en materia de derechos humanos, las que deben ser objeto de la más enfática reprobación, considerando que nunca un pretendido bien común podrá justificar la violación de estos derechos”.

Consecuencias institucionales

“Como conclusión de este análisis es inevitable señalar que, cualquiera que fueran las normas aplicables, incluso en distintas etapas, no se puede violar derechos internacionalmente establecidos, que incluyen la prohibición de la tortura, la prohibición de ejecuciones sumarias, la no discriminación y el respeto a los detenidos”.

“Lo expresado por el Ejército de Chile a través de los comandantes en jefe representa la posición institucional ante situaciones tan aberrantes y que no tienen absolutamente ninguna justificación ni contexto al que se pretenda argüir”.

“Las situaciones que se vivieron durante el gobierno militar de violación a los derechos humanos no pueden minimizarse ni descontextualizarse, debido a que los militares están obligados en su actuar a respetar las normas y procedimientos legales”.

“Podemos establecer que el ethos militar fue afectado severamente cuando se violaron los derechos humanos en cumplimiento de las órdenes debido a que se dañó gravemente la confianza de los ciudadanos con el Ejército y la lealtad que debe existir entre superiores y subalternos dentro de las estructuras de la institución, ya que se funda en que quien da las órdenes debe hacerse responsable de las consecuencias de su cumplimiento. En ello descansa la base de la disciplina militar, que es el factor clave e imprescindible de toda fuerza militar”.

“Los mandos que no asumieron su responsabilidad por las consecuencias que produjeron las órdenes que emitieron también ocasionaron un grave daño a la Institución. Se relativizaron y desconocieron ‘órdenes verbales’ imprescindibles para la operación de los medios militares en todo tiempo y circunstancia. Quienes así lo hicieron comprometieron el ‘honor militar’, que es un valor fundamental que debe ser observado de Soldado a General. No son pocos los oficiales y suboficiales de baja graduación que, como consecuencia de haber actuado en cumplimiento de órdenes verbales que posteriormente fueron desconocidas por sus superiores, hoy están privados de libertad”.

Herencia

“A raíz de la participación de algunos de sus integrantes en tareas políticas durante el gobierno militar, desde la vuelta a la democracia en 1990 la institución ha sido vista por algunos sectores políticos y de la sociedad como la ‘heredera’ de lo obrado durante en ese período, condición que ciertamente ha dificultado que sea apreciada transversalmente como un Ejército que pertenece a todos los chilenos”.

INFORME COMPLETO

Julio Frank S.

Fuente: ejercito.cl

10 de octubre de 2021

¿Hay o no anticampaña?

Respecto al Constituyente: Aquí hay un sector que está intentando destacar todo lo malo. Está metiendo plata a las redes sociales… Está intentando demonizar el proceso, ridiculizarlo, y eso es grave. Las mismas personas furibundas, del Rechazo más duro, están constantemente intentando echar abajo el proceso. Y es así, con nombre y apellido: Marcela Cubillos, Constanza Hube y otros más. (…) Yo hago un llamado al Partido Comunista a respetar el Acuerdo (por la Paz Social y la Nueva Constitución), a no pretender constantemente salirse del marco, porque lo único que hace es dejar pésimo el proceso y  dar herramientas a todos aquellos que están tratando que esto fracase. Porque lo que quieren es que ojalá no haya acuerdo y que desde aquí en adelante no se logre nada, y que si algo se logra, sea rechazado en el plebiscito de salida. Para eso se está trabajando, para eso se está gastando mucha plata, para eso hay agencias de publicidad contratadas, para eso hay medios electrónicos como El Líbero, (…) que están tironeando el proceso. Y me preocupa que tironeen este proceso tan importante y que busquen frustrarlo”.

Mario Desbordes, ex diputado, ex presidente del partido Renovación Nacional y ex precandidato presidencial de la derecha, en el programa “El Primer Café” de Radio Cooperativa, 8 de octubre de 2021.   

J.F.S.

Fuente: cooperativa.cl

2 de julio de 2021

La “libertad de prensa” que cubre las noticias hacia la nueva Constitución

 

Grupos económicos y familias empresariales nacionales junto a consorcios mediáticos extranjeros predominan en la propiedad de las principales cadenas de comunicación masiva del país, por lo que su coincidente línea editorial, reacia en general a los cambios de la institucionalidad aún vigente, se seguirá imponiendo en la cobertura del proceso constituyente en curso.

Dicha concentración mediática, favorecida por la política comunicacional de gobiernos de distinto signo durante las últimas décadas, ha sido denunciada largamente por el Colegio de Periodistas de Chile y, además, combatida desde algunas candidaturas presidenciales de izquierda.

El derecho a la comunicación es una garantía fundamental que debe quedar consagrada en la nueva Constitución Política de Chile -que la convención constituyente comienza a debatir el domingo- y reafirmar que la libertad de prensa puede ser ejercida no sólo por empresas, sino también por los demás sectores de la sociedad.

Julio Frank S.

21 de septiembre de 2020

La radio saca el cuerpo al momento histórico


El medio de comunicación social considerado más creíble ha cedido parte de su liderazgo periodístico para cubrir el plebiscito 2020, mientras su audiencia se muestra mucho más interesada de cara a la mayor decisión ciudadana de los últimos 30 años.

A pocas semanas del plebiscito nacional que aprobará la redacción de una nueva Constitución o bien la rechazará, permitiendo la subsistencia de la redactada en dictadura, las ondas de la radiodifusión convencional, consideradas históricamente líderes en credibilidad entre los medios de comunicación masivos, no son, sin embargo, las que encabezan la información periodística acerca del acto político y social más trascendente de las últimas tres décadas en Chile.

La audiencia, distraída de la historia por el sopor político impuesto por los gobernantes post Pinochet, había vivido la transición ignorando en general la importancia que revisten las normas de una Carta Magna, constreñida a un papel de mera consumidora de ofertas económicas y electorales, e impedida hasta de recibir clases formales de educación cívica. De este modo, no le fue difícil pasar por alto, por ejemplo, que un Presidente que había levantado su dedo acusador contra el dictador por televisión y en directo 17 años antes (Ricardo Lagos) firmara el texto constitucional promulgado por éste asegurando que las reformas introducidas lo hacían “democrático”.

¿No era y continúa siendo ése un auditorio ideal para ser informado y orientado por ágiles, cotidianas y modernas emisoras radiofónicas mediante programas especiales y debates pluralistas sobre una gran contienda plebiscitaria, la del 25 de octubre próximo, como lo fue durante los decenios de mayor progreso nacional en el siglo XX e incluso durante la polarización de comienzos de los años ’70 y la censura dictatorial subsiguiente?

¿Por qué este medio sigue caminando con pies de plomo en el tema más importante para un país democrático, el constituyente, limitándose hasta ahora a una difusión protocolar, que le asimila más al legado autoritario que al avance en democracia, y dejando su liderazgo periodístico-político a sus pares escritos, con su característico sesgo, y televisivos, con su habitual farándula?

Nueva programación

La sensación de libertad individual que generó el modelo político heredado de la dictadura había permitido ignorar diversas críticas, especialmente las contrarias al predicamento mercantil inculcado en la sociedad chilena, pero no consiguió desactivarlas. Imprevisible en esas circunstancias fue, pues, el violento estallido social de hace menos de un año, producto directo del cual -no de innumerables marchas y paralizaciones pacíficas y algunas tímidas gestiones políticas- está hoy a la puerta nada menos que una consulta popular como instancia resolutoria de la cuestión de fondo: la legitimidad político-social de la Constitución chilena aún vigente.

Pero ocurre que, pese a tales expectativas de cambio inminente, la voz radial, antes instrumento además de comercial también político, social y cultural, suena pobre en la transmisión de ideales o aspiraciones comunes más allá de lo práctico e inmediato, con frecuente altisonancia e improvisación ante el micrófono e insensible ante la amplitud y pluralidad de las expresiones comunitarias y artísticas nacionales. Intentos contracorriente son aislados, abortados o derivados a un millonésimo espacio digital por la irradiación de privilegiados administradores no sólo del espectro radioeléctrico, sino de esta sociedad como tal: los consorcios transnacionales. La debilidad regulatoria aprovechada por este sector ha favorecido la concentración del dial, coartando la libre competencia y uniformando discrecionalmente la oferta sonora.

Los compromisos comerciales, que otrora minimizaron los límites de la creatividad permitiendo el florecimiento de las programaciones, ahora los estrechan e incluso los manipulan. Es el caso del anuncio publicitario que invade la información periodística, tanto así que cada vez más conductores de noticias deben asumir y desempeñar paralelamente ambas tareas dentro de sus programas, mezclando mensajes de distinta naturaleza para presentarlos como uno solo y común, fortaleciendo a uno y debilitando al otro, y haciendo letra muerta, de paso, de preceptos éticos gremiales chilenos y extranjeros.

Son evidentes la retirada de un auditor analógico nostálgico y templado y el arribo de otro formado en la pragmática, metalizada y ansiosa era digital. Después de desplazar a las antiguas estaciones de AM, la nueva tecnología de las FM ha ido resolviendo vertiginosamente vetustos impedimentos, simplificando fantásticamente la comunicación técnica y abriendo nuevas plataformas y aplicaciones, pero su nuevo contenido ha desestimado y restado sustento a la combinación de talento artístico y exigencia estética que fuera indispensable en este medio.

Radio Beethoven, la única emisora de música selecta en la capital de Chile, puede corroborarlo. Después de verse obligada a cerrar en noviembre pasado y a silenciar a los grandes maestros y orquestas clásicas durante algunos meses, fue rescatada por la Universidad Católica y está nuevamente en el aire… pidiendo “apoyo”. Y qué decir de la música chilena, la tradicional. Incluso en fiestas patrias, sobrevive librada a la buena voluntad de algunos programadores.

Banderas aún flameantes

No sé qué tan relativas podrían ser estas reflexiones, alusivas a emisoras santiaguinas de frecuencia y amplitud moduladas de distinta época, sin abarcar las de otras regiones del país. Las emisiones de estas últimas, más localizadas, podrían hacer menos pesimista el panorama, pero en forma no muy significativa si se estima que son alcanzadas también por el poderío insuperable de las cadenas capitalinas extendidas por el territorio nacional, concentración facilitada, además, por el centralismo del régimen político-administrativo de siempre.

Hay, no obstante, algunas islas en este mar supranacional y centralista. Una es Radio Biobío, propiedad de la familia Mosciatti, de Concepción, todavía con programación íntegramente en vivo y con énfasis en la información “independiente de verdad” -como afirma su eslogan-, junto con la investigación periodística y un plus del que carecen sus competidoras: la opinión editorial. Otras son Radio Cooperativa, de la Compañía Chilena de Comunicaciones, vinculada a militantes democratacristianos y sobresaliente en la oposición a la dictadura, aunque luego comprometida con una transición negociada y cupular; y Radio ADN, anecdóticamente del consorcio transnacional Ibero Americana (de la española Prisa), que intenta una línea editorial abierta y pretendidamente popular.

Las tres, sin embargo, coinciden en el fino cuidado de un marco institucional favorable a los grandes emprendimientos privados pese a que no exista consenso social. El dial prefirió sumarse a la indiferencia mediática y la tibieza política ante el debate sobre una nueva Constitución y especialmente una asamblea constituyente a pesar del escaso conocimiento ciudadano sobre estos temas y el aporte de algunos expertos independientes. Sólo se inquietó tras del reguero de protestas y violencia callejera a partir del 18 de octubre de 2019 y ahora tiene encima el favoritismo del “Apruebo”, que podría hacer tambalear por primera vez un modelo que se creía inexpugnable.

Dial “frío”

Otros núcleos de influencia en FM, como Infinita, Tele13 Radio y Duna, se dedican simplemente a su segmento medio-alto, ejecutivo, de lunes a viernes, mediante conductores-ancla y comentaristas provenientes de preferencia de la televisión y ya formados editorialmente, a los que suelen intercambiar con cierta regularidad debido a las respectivas estrategias empresariales. Su información y asertivos comentarios tampoco alcanzan el pluralismo y menos aún el picar las bases del sistema, siendo notorio en este caso que no les acomoda una confrontación plebiscitaria que podría generar un poder constituyente inesperado, más abierto y popular (o “populista”). Ya el reciente retiro excepcional de fondos de pensiones desde las hasta entonces constitucionalmente intocables AFP pareció una pauta candente para ellos.

Y hay polos singulares. La información y opiniones políticas en Radio Agricultura, de la Sociedad Nacional de Agricultura y medio con peso periodístico histórico, circulan en torno a la adhesión al golpe de estado de 1973, lo obrado por Pinochet y su legado remanente, en tanto la única estación capitalina de real oposición en la frecuencia modulada es la radio de la Universidad de Chile… descartada por los grandes avisadores.

Con todo, si bien el mensaje radial se escucha extraño cuando saca el cuerpo al momento político y a su propia historia, está en sus emisores restaurarlo. De otro modo, la celebración de su centenario -dentro de menos de dos años, el 19 de agosto de 2022- tendría que circunscribirse a su mejor pasado.

Julio Frank S.

Cuadro: J.F.S. Fuente: es.wikipedia.org

7 de febrero de 2020

No otra vez “en la medida de lo posible”

Votar por una nueva Constitución no es suficiente cuando la convención constitucional encargada de redactarla fue creada para limitar los cambios. El marcado con “AC” dejará de tener sentido sólo con una Asamblea Constituyente, equitativa y autónoma, opción preferida por muchos ciudadanos cuando se les dio la ocasión en la pasada consulta municipal.

Bastó que una de las organizaciones promotoras de una nueva Constitución, Unidad Social en este caso, llamara a agregar la marca “AC” (Asamblea Constituyente) en el voto de abril próximo para que los partidarios del “Apruebo” se dividieran.

Entre quienes rechazan esa idea, sin embargo, no ha abundado fundamentos que no se basen en el temor o la ignorancia, como que dicho voto, al considerarse legalmente objetado, terminaría probablemente anulado. Este tema fue zanjado ya en 2008 para las elecciones municipales, luego en las presidenciales de 2009 y finalmente en las mismas de 2013, cuando se difundió profusamente el artículo 71 de la Ley de Votaciones Populares y Escrutinios y lo refrendado reiteradamente por el Servicio Electoral. El voto marcado con cualquier signo adicional es válido si se ha indicado en él una sola preferencia.

Promover el rayado del sufragio más allá de la línea vertical respectiva puede ser un recurso negativo, anárquico e incluso agresivo, salvo cuando responde a la necesidad de un sector del electorado, sobre todo cuando es considerable, al que el sistema político ofrece alternativas que no le identifican o que estima perjudiciales. En las tres ocasiones indicadas, se trataba de presionar a la autoridad para que instituyera una garantía ciudadana ausente, el derecho a una nueva Constitución vía Asamblea Constituyente, y aunque hoy esto pareciera alcanzado, ese es precisamente el problema: sólo parece.

Le falta mucho

Hasta ahora, prevalece estrictamente el llamado “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”, concedido bajo presión por el partido pinochetista UDI al resto de la “clase” política. Esta, constitucionalmente legítima, pero políticamente desacreditada, se apuró entonces en diseñar un eventual proceso constituyente a su medida, limitado, abriéndose solamente a ofrecer una opción similar a la elección de diputados.

De este modo, ausente el concepto de la soberanía popular pese al nuevo escenario detonante, se fijó previamente que los acuerdos del nuevo órgano redactor –una Convención Constitucional- deberían ser aprobados por los dos tercios de sus miembros, quórum idéntico al que ha impedido reformas estructurales a la Constitución de Pinochet.

Aprobado como reforma constitucional, omite, asimismo, la paridad de género, escaños reservados para pueblos indígenas y la participación igualitaria de los independientes (discusión aún pendiente en el Congreso y de resultado dudoso) e impide la candidatura de dirigentes sociales como tales. Al mismo tiempo, deja intocables los tratados internacionales de libre comercio propios del modelo económico neoliberal y da al órgano redactor un plazo de funcionamiento perentorio, de doce meses, máximo, tras el cual éste debería disolverse, haya acordado o no una nueva Constitución.

Y aunque, como en otros procesos, establece una franja de propaganda electoral gratuita por televisión, resulta ésta una pequeña y única oportunidad de difusión de opciones relativamente equilibrada en los medios tradicionales, considerando que éstos son dominados por grupos económicos nacionales y transnacionales, y reacios al cambio constitucional (una cadena radial dedica su programación diaria a promover su preferencia por la opción “Rechazo”).

AC con respaldo

A pesar de todo eso, algunos prominentes partidarios del “Apruebo”, incluyendo políticos y constitucionalistas, han declarado que tal Convención Constitucional puede ser considerada una Asamblea Constituyente y reprochan el anuncio de un nuevo rayado del voto exigiendo este último mecanismo. Aceptan a ojos cerrados, se observa, una convención constitucional restringida por las cúpulas políticas y rechazan una asamblea constituyente ya con respaldo popular, lo que sí parece “hacer el juego” a la derecha pinochetista.

Votar por una nueva Constitución no es suficiente cuando la convención constitucional encargada de redactarla resulta más proclive a preservar que a cambiar. Como lo reafirmó una mayoría ciudadana que tuvo esa oportunidad durante la consulta municipal de diciembre pasado, se requiere que una Asamblea Constituyente, conformada equitativamente y autónoma y soberana en sus decisiones, permita confiar en un texto fundamental que apunte a algo nuevo, representativo y de larga aceptación no sólo por políticos y juristas, sino principalmente por la gente común.

Sólo entonces el marcado del voto  con “AC” dejaría de tener sentido.

Julio Frank S.

20 de diciembre de 2019

Convención Constitucional cargada de impedimentos


La Convención Constitucional, ya sea íntegra o parcialmente elegida, no sería soberana –como debe ser una Asamblea Constituyente- para redactar una nueva Constitución si así lo determinare la mayoría ciudadana en el plebiscito de abril próximo. El proyecto de reforma constitucional recientemente aprobado por el Parlamento en ejercicio le impone una serie de condiciones, algunas preventivas, otras abiertamente restrictivas, incluyendo prohibiciones.

Es así que, conforme al texto respectivo, quedará prohibido a la Convención, a cualquiera de sus integrantes o a una fracción de ellos, atribuirse el ejercicio de la soberanía asumiendo otras atribuciones que las que expresamente le reconoce esta Constitución (mientras la Convención esté en funciones, la soberanía reside esencialmente en la Nación y es ejercida por el pueblo a través de los plebiscitos y elecciones periódicas que la Constitución y las leyes determinan y, también, por las autoridades que esta Constitución establece, recuerda prolijamente el proyecto aprobado).

Deberá, además, aprobar sus normas y el reglamento de votación por un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio y no podrá alterar los quórum ni procedimientos para su funcionamiento y para la adopción de acuerdos.

La Convención no podrá negar autoridad o modificar la Constitución vigente mientras no entre en vigencia la nueva Constitución.

Los dirigentes gremiales o vecinales que deseen postular como candidatos a convencionales deberán suspender sus funciones en el momento de inscribir sus candidaturas.

Los convencionales estarán afectos a la ley sobre probidad en la función pública y prevención de los conflictos de interés aplicables a los diputados, así como a la ley que regula el lobby.

Se fija a la Convención un plazo máximo de nueve meses contado desde su instalación, prorrogable, por una sola vez, por tres meses, para redactar y aprobar una propuesta de texto de nueva Constitución.

El texto que sea sometido a plebiscito ratificatorio deberá respetar el carácter de República del Estado de Chile, su régimen democrático, las sentencias judiciales firmes y ejecutoriadas y los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes.

La Convención se disolverá de pleno derecho una vez redactada y aprobada su propuesta de texto de nueva Constitución o vencido el plazo señalado o su prórroga.

Si la cuestión planteada a la ciudadanía en el plebiscito ratificatorio fuere rechazada, continuará vigente la actual Constitución.

Julio Frank S.

Fuente: senado.cl

13 de diciembre de 2019

ONU: “Violaciones graves a los derechos humanos en Chile”


“De la información recopilada por la ACNUDH (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos), hay razones fundadas para sostener que, a partir del 18 de octubre, se ha producido un elevado número de violaciones graves a los derechos humanos. Estas violaciones incluyen el uso excesivo o innecesario de la fuerza que resultaron en la privación arbitraria de la vida y en lesiones, la tortura y malos tratos, la violencia sexual y las detenciones arbitrarias. Estas violaciones se cometieron en todo el país, pero su gran mayoría ocurrió en la Región Metropolitana y en contextos urbanos”.

Punto 2 de las conclusiones del Informe sobre la Misión a Chile del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 30 de octubre – 22 de noviembre de 2019. 

J.F.S.

Fuentes: ohchr.org, vimeo.com

15 de noviembre de 2019

Acuerdo político ofrece convención constitucional con amarre autoritario



Presidentes de partidos políticos de gobierno y oposición suscribieron y anunciaron esta madrugada un acuerdo para establecer un plebiscito de entrada, para que la ciudadanía se pronuncie sobre si desea o no una nueva Constitución y si ésta debería ser redactada por una convención constitucional mixta –con el 50 por ciento de parlamentarios en ejercicio- o elegida íntegramente.

Dicho compromiso fue denominado “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”, al que había llamado el Presidente Piñera el martes 12.

En su punto número 6, el documento, leído por el presidente del Senado, Jaime Quintana, indica que “el órgano constituyente deberá aprobar las normas y el reglamento de votación de las mismas por un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio”.

Dicho quórum, que ha hecho inalcanzables las reformas de fondo a los principales capítulos de la Constitución de 1980, fue la condición irrenunciable impuesta por los representantes del actual gobierno en medio de la crisis social y la movilización ciudadana, y fue aceptada por su contraparte opositora.

El acuerdo lleva la firma de Jacqueline Van Rysselberghe, presidenta del partido Unión Demócrata Independiente (UDI), Mario Desbordes (Renovación Nacional) y Hernán Larraín Matte (Evópoli), por el oficialismo; y de Fuad Chahín, presidente del Partido Demócrata Cristiano (PDC); Alvaro Elizalde (Partido Socialista), Heraldo Muñoz (Partido Por la Democracia), Carlos Maldonado (Partido Radical), Catalina Pérez (Revolución Democrática), Gabriel Boric (Convergencia Social), Luis Felipe Ramos (Partido Liberal) y Javiera Toro (Comunes), por la oposición, la que había declarado públicamente 48 horas antes su adhesión a una Asamblea Constituyente.

El resultado de las negociaciones -que se prolongaron por más de dos días- fue considerado “histórico”.

Julio Frank S.

Fuente: senado.cl

Imágenes: 1. Extracto de Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución
2. Extracto de la Constitución Política de 1980.


11 de noviembre de 2019

Jugados aún por la Constitución de Pinochet (II)

Presionado por la movilización social, el gobierno de Sebastián Piñera, a través de su ministro del Interior y Seguridad Pública, Gonzalo Blumel, anunció anoche el acuerdo con su coalición política de “iniciar el camino para avanzar hacia una nueva Constitución” y sostuvo que “la mejor fórmula es trabajar sobre la base de un congreso constituyente que cuente con amplia participación de la ciudadanía”.

Una fórmula para elegir una nueva instancia de negociación político-partidista. La demanda ciudadana expresada en las calles (y en oficinas) es una nueva Constitución vía Asamblea Constituyente, integrada ésta necesariamente con participación directa de la ciudadanía y candidatos de diversos sectores sociales.

Blumel anunció también “un diálogo amplio con todos los sectores y fuerzas sociales”, lo que recuerda los simples encuentros vecinales no vinculantes organizados por Bachelet, coordinados por su gobierno y traducidos en un proyecto de ley redactado por el mismo.

Esta mañana, la presidenta de la Unión Demócrata Independiente –el partido más pinochetista-, Jacqueline Van Rysselberghe, se mostró titubeante en una entrevista a una radioemisora capitalina, insistiendo en que “primero hay que ver qué se quiere cambiar”, en tanto el presidente de Renovación Nacional –el otro partido fuerte de la derecha-, Mario Desbordes, advirtió que “todos tenemos que ceder”.

Está en trámite en la Cámara de Diputados un proyecto de reforma constitucional presentado por la oposición, que permitiría la convocatoria a la ciudadanía para resolver mediante un plebiscito si desea o no una nueva Constitución y si preferiría o no una Asamblea Constituyente. Su aprobación, según los elevados quórum de la Constitución vigente, requiere de al menos las tres quintas partes de los parlamentarios en ejercicio en ambas cámaras, mayoría que el actual oficialismo históricamente no ha estado dispuesto a dar y tampoco los actuales opositores, hasta ahora, a presionar por ella.

Julio Frank S.

Jugados aún por la Constitución de Pinochet

Más de tres semanas de estallido social, nacional e ininterrumpido, y nada se agita como debiera en la burbuja política. Todos allí se ven afirmando, por propia voluntad o no y con el respectivo enfoque, el sistema construido bajo la dictadura de Pinochet y desarrollado y corrompido en adelante por sus herederos, tanto directos como forzados.

En lo alto, el Presidente se aferra a la Constitución vigente y a su última mayoría electoral para no responsabilizarse de las protestas y la violencia callejeras y hace anuncios como si fuera inmune a todo ello, reflejando nula capacidad para afrontar la crisis.

Los dirigentes y  parlamentarios oficialistas cierran filas junto a su vapuleado líder y quieren seguir creyendo, ya con insensatez, que la Constitución poco tiene que ver con las demandas sociales, en tanto los opositores, temiendo perder posiciones ya ganadas, evitan pinchar la institucionalidad que cuestionan y sus militantes han tenido que bajar sus banderas para poder sumarse a las multitudes.

Aquellos medios de comunicación que, por su solidez empresarial y poderío comunicacional, tienen ventaja en la formación y deformación de la opinión pública, difícilmente hablarán con imparcialidad sobre un fenómeno contrario al sistema que ha favorecido generosamente sus intereses privados.

Tuvieron que ser alcaldes los que tomaran la iniciativa de recurrir adonde corresponde, la ciudadanía, aunque sea a través de una limitada consulta, mientras en las calles de las comunas miles de vecinos marchan y protestan todos los días, algunos destruyen y saquean, y las fuerzas constitucionales de orden reprimen indiscriminadamente, causando una “catástrofe sanitaria” y una querella por delitos de lesa humanidad.

Voceros e incontables carteles y rayados de los protagonistas de “las marchas más grandes de Chile” insisten en la urgencia de un nuevo acuerdo nacional, traducido en una nueva Carta Magna, redactada por una Asamblea Constituyente, que facilite el término de las desigualdades e injusticias derivadas de la Constitución de Pinochet y que habilite la participación ciudadana directa.

Las crisis sociales, en un país democrático, tienen salida política. Los conductores elegidos deben ir por ese camino y si no es así, no cabría sino esperar de esta “clase” el deseo que la presión social afloje y retorne aquel pueblo adormecido y legalmente abusado, que tanto “éxito” permitió a ella y su clientela durante 30 años.

Julio Frank S.

5 de junio de 2019

Otra forma de aplacar periodistas


Casi cien periodistas fueron asesinados en 2018 y hay muchos más encarcelados, informó el secretario general de la ONU en el pasado Día Mundial de la Libertad de Prensa. Cuando se les ataca, advirtió, “pagan el precio las sociedades en su conjunto”. Pero terminó ahí. No fue parte de su mensaje una forma “pacífica” de sojuzgar hoy la información y la crítica periodísticas: la fuerte coerción político-económica, que inculca un concepto deforme de noticia, tergiversa la misión profesional, desvía hacia funciones particulares o, simplemente, arroja a la cesantía, para poner esta profesión al servicio de emergencias puntuales, los negocios, el consumo y la ficción. 

La reciente intervención del secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo) fue bienintencionada, pero, como habitualmente en estas ocasiones, exigua y “políticamente correcta”. Alertó sobre la violencia contra los periodistas y llamó a defender sus derechos, pero no ahondó en la importancia de su llamado y tampoco ilustró sobre la dimensión del problema que abordaba. 

Partió certeramente, enmarcado en la libertad de prensa, en primer término, de los periodistas que realizan su ejercicio profesional en forma individual, con criterio personal, precediendo a las empresas de información en las que muchos de ellos se emplean. Enseguida, lamentó “la violencia y el hostigamiento” contra periodistas, citando el asesinato de casi un centenar en 2018 y el encarcelamiento de muchos más, advirtiendo que cuando se les ataca, “pagan el precio las sociedades en su conjunto”. 

Y agregó:

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, hago un llamamiento a todas las personas para que defiendan los derechos de los periodistas, cuyos esfuerzos nos ayudan a construir un mundo mejor para todos.

Hubiese sido interesante también escucharle sobre si considera atingente o no el caso del activista y editor digital australiano Julian Assange, reconocido como periodista, que participó en la divulgación de hechos de alta connotación pública -función básica del periodismo– y aun internacional declarados confidenciales por autoridades gubernamentales, que utilizó para ello la informática y el ciberespacio, y que enfrentaría cargos por presunta conspiración y la posibilidad de una muerte segura en la cárcel (175 años de presidio). 

Aludió además Guterres, sin dar detalles, a una “retórica” contra los medios de comunicación y un mal uso de la tecnología (digital, se subentiende) cuando “engaña” a la opinión pública o “alimenta” la violencia y el odio. No explicó, sin embargo, por qué se sigue matando y encarcelando a periodistas y en qué consisten dichos ataques a los medios -a los que no identificó- y dicho engaño a la opinión pública. Quizá, porque se ganaría otro tipo de problemas, como, precisamente, los del periodismo de primera línea, que ha tenido que confrontarse con los poderes oficiales y “fácticos” históricamente y en desventaja, por tener por misión no solamente relatar hechos y circunstancias sino también informar, esto es, “darles forma” añadiendo interpretación personal acerca de su sentido social y humano. 

Hacia la “reconversión” 

Aunque distanciados de las dictaduras y su brutalidad desatada, los aparentemente civilizados regímenes neoliberales y globalizados de hoy tampoco se pueden librar del cargo de “hostigamiento” o presión contra periodistas en funciones informativas y contra la libertad que éstos ejercen. 

Sus elites en el poder, aun legitimadas por el voto popular y aplicando una fuerza mediática incontrarrestable hasta ahora, han asumido un concepto de libertad de prensa como una facultad de carácter institucional, predominantemente empresarial y comercial, que supedita el derecho a informar y ser informado a los intereses y el criterio económicos con que esos líderes conducen la nueva sociedad de consumo, como si la libertad de prensa correspondiera prioritariamente a las empresas periodísticas. 

En uso de tal convicción y tal poderío, han inoculado a la información diaria una cuota cada vez mayor de farándula, sensacionalismo y censura “blanca”, que deforma la noticia para restarle trascendencia pública y administrarla como una mercancía más. Han creado incluso una especialidad determinada, la del periodista-anunciador, un periopublicista o algo así que promueve a su auspiciador mientras informa y comenta noticias, un recurso ideal para fundir la realidad informativa con la ficción publicitaria, comprometer personalmente a ese informador con objetivos secundarios que debiera mantener a distancia, y evitar que el informado “escape” de los mensajes comerciales. Un profesional originalmente distante de negocios ajenos convertido ahora en un poderoso aliado de los mismos. 

El periodista ha quedado inserto en el engranaje del mercado, sujeto a sus vaivenes y comprobando cómo su tarea informativo-crítica es hecha fácilmente innecesaria y su puesto de trabajo, prescindible o reemplazable, al tiempo que se le estimula con una forma de subsistencia y progreso más lucrativa y con mayor demanda: las asesorías comunicacionales privadas. Dichas funciones transforman complicadas e ingratas condiciones laborales en auspiciosas expectativas profesionales, remuneracionales y de ascenso social, no importando que ello contribuya a ceder progresivamente a empresas e instituciones, generalmente las de mayor envergadura, la interpretación y la comunicación del acontecer de la sociedad que deberían corresponder prioritariamente a la investigación y el enfoque fiscalizador del periodismo. Quedan restringidas así la libertad, la independencia, la contingencia y la subjetividad profesional con que debe tratarse una noticia. 

El ejercicio informativo independiente sólo responde a sus propios parámetros y no tiene más estrategia que comunicar una hecho noticioso a la audiencia, parte de ella o la sociedad como tal y tan oportunamente como le fuere posible. El efecto o resultado no debe, en este caso, ser proyectado con antelación. 

Al reorientar y limitar su relato examinador, despojarle de su autonomía como primer bastión de la información pública y la libertad de prensa, convertirle en cómplice de la desinformación y la ignorancia populares, desperfilar a los mejores exponentes atrayéndoles a empleos más estables pero inocuos al sistema examinado y poner a los “rebeldes” en el camino de la obsolescencia, también se “mata” o reprime al periodista y sus noticias. No se trata esta vez de agresiones físicas, asesinatos y encierro dispuestos por agentes gubernamentales o por terroristas, sino de coerción política, económica y social sustentada en simples, no violentos y legalizados consensos partidistas. 

País-espejo 

¿Qué podría impedir que una compacta alianza política-negocios diera al ejercicio periodístico independiente el mismo destino terminal que ha dado o quiere dar a otras disciplinas incómodas a su doctrina, como la reflexión filosófica, el análisis histórico y la educación cívica? Probablemente, si lo lograra, su administración mejoraría mucho aunque fuera sólo en tranquilidad, su clientela megaempresarial lograría más y superiores negocios con menos trabas, y los disidentes tendrían menor difusión aún. Y el grueso de la población seguiría avanzando a ojos cerrados en la búsqueda interminable de la prosperidad individual, convencido de que su pobre deber colectivo parte por informarse únicamente de lo que sus conductores indican o permiten como de interés público. 

En Chile, país pequeño pero espejo, que celebra su reciente invitación a uno de los grupos de acción de naciones desarrolladas, la población dispone de sólo dos periódicos de cobertura nacional y de sus respectivas ediciones farandulescas, ve noticiarios televisivos recargados de tragedias sin contexto y escucha informativos radiales llenos de voces periopublicitarias, mientras se acaba de enterar de que el ramo de Historia no será obligatorio para todos los estudiantes secundarios. No es necesario prohibirle los debates políticos, económicos y sociales en los medios de comunicación de mayor alcance ni su correspondiente confrontación pluralista de ideas opuestas; basta negar el indispensable financiamiento publicitario, muy generoso, en cambio, con el consumismo y la diversión. 

El mismo periódico que azuzó el golpe de estado y actuó como vocero de la dictadura es hoy el más próspero y continúa siendo el más influyente del país; las cadenas de televisión abierta están en manos transnacionales y la estatal las imita; la única estación radial santiaguina crítica del sistema, financiada por la Universidad de Chile, no puede tener servicio informativo 24/7 (ni 12/12), rechazada por los avisadores comerciales; y la multiplicidad informativa de la Internet ya está siendo cuestionada por los medios tradicionales, que se alarman por la facilidad de la transmisión anónima de ciertas noticias falsas o tendenciosas, como si varios de sus exponentes no tuvieran dicha experiencia. 

La formación académica del periodista, como consecuencia, también sufrió el influjo. Dado que debía responder a un mercado desconectado de los principios universitarios clásicos, la enseñanza superior se hizo cargo como pudo y con niveles muy disímiles entre sí del creciente número de postulantes a la carrera de Periodismo (entre otras). Abrió una fuente de trabajo para periodistas con aspiraciones docentes y se dedicó a enseñar y dotar de conocimientos teóricos a alumnos enfrentados finalmente a un campo práctico “moderno”, materialista, individualista y desconfiado del basamento crítico y pluralista de este oficio, aunque consonante, por supuesto, con los requerimientos tecnológicos, publicitarios, apolíticos y consumistas de esta época. 

Las universidades que imparten Periodismo tratan de cumplir su deber académico, no obstante que sus egresados encuentren las puertas de las asesorías privadas y los servicios tecnológicos mucho más abiertas que las de la información pública independiente, escrutadora y correctiva. Pareciera el terreno preparado para el cambio de nombre de esta carrera por uno acorde con las funciones impuestas desde fuera. 

Elefantes de colores 

Porque, ¿qué sentido tendría sostener una profesión con ideales tan ferozmente debilitados por la ambición de los negocios? ¿Qué necesidad habría de preservar intacta la opinión pública y mantenerla adecuadamente informada si ésta ha sido fragmentada para alejarla de los temas mayores, parece haber renunciado a derechos superiores como su facultad constituyente y deja que unos pocos decidan cuáles son demandas ciudadanas y cuáles no? ¿Y que tiene enfrente al gran empresariado empleador, a políticos gobernantes y legisladores “transversales”, y a la mortal indiferencia de la industria de la información como estrictos guardianes? 

La rutina diaria del comprar-vender-lo-que-fuere se ha extendido inexorablemente por los estamentos de este país-espejo, deprimiendo las ideas no económicas, las visiones políticas, el comportamiento comunitario, las actitudes patrióticas y los preocupaciones culturales. Cada vez hay mayor aceptación de las ficciones, las falsedades e incluso las irracionalidades en la comunicación social. 

Con este ritmo, ¿por qué no informadores dando cuenta de monumentales y graciosos elefantes de colores e informados dándolo por real? 

Julio Frank S.